
Paralelamente a las negociaciones que se desarrollan para introducir modificaciones en el texto de la mega ley impulsada por el Poder Ejecutivo, un tema clave es el “poroteo” que, como suele suceder con cualquier proyecto impulsado por el oficialismo de turno, debe ser realizado constante y paralelamente a la tramitación de la ley que sea. […]
Paralelamente a las negociaciones que se desarrollan para introducir modificaciones en el texto de la mega ley impulsada por el Poder Ejecutivo, un tema clave es el “poroteo” que, como suele suceder con cualquier proyecto impulsado por el oficialismo de turno, debe ser realizado constante y paralelamente a la tramitación de la ley que sea. Algo que en una situación como la que presenta el oficialismo actual, que adolece de la inferioridad numérica más extrema de la historia de la democracia, debiera ser prioridad número 1.
Hablemos entonces de números. La Libertad Avanza cuenta con 38 voluntades seguras, número que se eleva a 41, si consideramos al bloque de dos de Buenos Aires Libre, que componen Carolina Píparo y su cuñada Lorena Macyszyn, a las que Oscar Zago no pudo integrar al bloque formal de LLA, pero que son considerados como propios. Lo mismo, obviamente, con el unipersonal de Avanza Libertad, de José Luis Espert.
Más allá de las diferencias internas que mantienen entre sí, el oficialismo considera contar con el apoyo del bloque Pro, que conduce Cristian Ritondo. Son 37 miembros que aportarán desde ya al quórum, y que en líneas generales han mostrado coincidencias con el proyecto de ley de Bases.
Ahora bien, si se considerara con uniformidad a la totalidad de los bloques que están dispuestos a “darle al oficialismo las herramientas para gobernar”, el Gobierno ya tendría resuelto el problema, como deslizó la semana pasada el presidente Javier Milei, al dar por sentado que “los números están”. Cosa que en realidad no sucede. Sumando a los 34 del bloque radical que conduce Rodrigo de Loredo y a los 23 de Hacemos Coalición Federal, de Miguel Pichetto, superarían “holgados” el número necesario, con 135 votos.
Pasa que no hay uniformidad en esos bloques que están dispuestos a apoyar, si el oficialismo no se aviene a hacer las “correcciones” necesarias para sacar la ley.
Como hemos dicho, el Pro -más allá de las diferencias internas que hoy por hoy han sido “frizadas”- podría llegar a votar uniformemente a favor, en caso de aceptarse algunas modificaciones que el Gobierno estaría dispuesto a hacer. Pero el bloque radical tiene diferencias internas que ya se observaron en su momento cuando eligieron autoridades. Son 34 miembros, pero oportunamente habían quedado 22 de un lado y 12 del otro. Esos últimos, alineados con Facundo Manes, son Manuel Aguirre, Mario Barletta, Fernando Carbajal, Julio Cobos, Marcela Coli, Pedro Galimberti, Pablo Juliano, Facundo Manes, Juan Carlos Polini, Roxana Reyes, Jorge Rizzotti y Natalia Sarapura. Mantienen una postura mucho más dura respecto del Gobierno y costará convencerlos para votar uniformemente con todo el resto del bloque.
Mientras que en el bloque de Pichetto, los seis diputados de la Coalición Cívica están expectantes: no tienen una cerrada negativa, pero son muy puntillosos en que se respeten las modificaciones requeridas, y son de los más molestos con las permanentes generalizaciones presidenciales a la hora de criticar a los diputados.
Si esos sectores no estuvieran alineados con el resto de sus bloques, el número se le reduciría al oficialismo a 117 diputados. Uno menos, si se tiene en cuenta que el presidente de la Cámara aporta al quórum, pero no vota.
Existe otro sector importante a tener en cuenta: el bloque Innovación Federal, que suma 9 miembros, pero que por el momento se han mostrado bastante críticos respecto de la norma impulsada por el Gobierno.
Tiene también La Libertad Avanza un sector más donde ir a buscar votos: los bloques más pequeños, que estarían más cercanos a acordar. Cuatro responden a sus gobernadores. Los dos del bloque Por Santa Cruz y los dos sanjuaninos de Producción y Trabajo. También habría que sumar a otros dos: el mendocino Alvaro Martínez (La Unión Mendocina), que responde a Omar De Marchi, funcionario del Gobierno, y la tucumana Paula Omodeo (Creo).
Como se ve, el oficialismo necesitará afinar más el lápiz a la hora de tildar aquellos nombres que necesita para arrancar la sesión, primero, y conseguir los votos para la aprobación en general, después. Necesitará para ello garantizarse el voto de la mayoría de aquellos dos bloques que se muestran dispuestos a apoyar, pero deben contar con gestos de parte del Gobierno que no vayan por el camino de la amenaza, sino exactamente lo contrario.