
(NOTI-RIO) Hay una vieja máxima de la política argentina que dice que no existen enemigos permanentes, solo intereses permanentes.
En Río Negro, esa frase acaba de encontrar su ilustración más elocuente: un diputado que llegó al Congreso con el discurso del “fin de la casta” y la promesa de liquidar al kirchnerismo, hoy teje alianzas subterráneas con uno de sus referentes más nítidos en la provincia.
El nombre del protagonista es Aníbal Tortoriello. Y la pregunta que recorre los despachos de Viedma no es si la alianza existe, sino para qué sirve, cuánto durará y, sobre todo, si algo así se puede gobernar.
Para entender lo que está ocurriendo, conviene repasar la hoja de vida política de Tortoriello, porque pocos dirigentes patagónicos han transitado tantos colores en tan poco tiempo.
Fue intendente de Cipolletti entre 2015 y 2019 y presidente del PRO en el distrito. Llegó al municipio bajo las banderas de la Coalición Cívica-ARI, luego abrazó al PRO, después armó su propio partido -CREO Río Negro-, renunció formalmente a su afiliación amarilla a principios de 2025 como paso previo a su desembarco en La Libertad Avanza, y finalmente se impuso con comodidad en las elecciones legislativas de octubre de ese año: con el 34,51% de los votos, logró posicionarse como la principal figura libertaria de la provincia.
Ese recorrido zigzagueante podría leerse como pragmatismo o como oportunismo, dependiendo del observador. Lo que nadie puede negar es que Tortoriello tiene olfato electoral. El problema es que el olfato no siempre va de la mano de la coherencia ideológica.
La interna del PRO como puerta de entrada
El capítulo más reciente de esta historia arrancó con algo aparentemente menor: una pelea interna dentro del PRO rionegrino.
A minutos del cierre de listas para las elecciones internas del partido, apareció en escena la legisladora provincial Martina Lacour como la persona que busca arrebatarle la conducción del partido al legislador Juan Martín. Las elecciones internas están previstas para el 17 de mayo proximo.
Hasta ahí, nada extraordinario. Las internas del PRO son un deporte habitual. Lo que encendió alarmas fue quién empujaba la candidatura de Lacour desde afuera. Surgieron fuertes críticas por la participación de referentes del kirchnerismo vinculados a María Emilia Soria en el armado que respalda a Tortoriello, apuntando a dividir la fuerza que a nivel nacional conduce Mauricio Macri.
Y lo que para muchos termina de confirmar la convergencia es el detalle que describe un dirigente del partido: el apoderado de CREO, Nicolás Yanssen, y la propia Patricia Mc Kidd llamaban a afiliados del PRO para sumarlos a la lista alternativa, pero lo más llamativo fue la intervención del legislador sorista José Luis Berros, que también estuvo punteando el padrón del partido.
Dicho de otro modo: operadores kirchneristas llamando a los afiliados del PRO para impulsar una lista vinculada a un diputado que se presentó ante la ciudadanía como el flagelo de la “casta”. La imagen habla por sí sola.
Soria, la otra pieza del tablero
María Emilia Soria no es una figura menor. Hija del exgobernador Carlos Soria y hermana del exministro de Justicia Martín Soria, es intendenta de General Roca desde 2019, cuando se impuso con el 56% de los votos.
Es, en términos prácticos, el rostro más visible del kirchnerismo en el Alto Valle y quien el peronismo provincial mira como su candidata natural a la gobernación de cara a 2027.
Pero el propio peronismo que ella encarna atraviesa sus propias turbulencias. En un encuentro reciente en Cervantes, lo que en las fotos oficiales se presentó como una búsqueda de unidad funcionó puertas adentro como un termómetro de la ansiedad que recorre a la dirigencia, con reclamos para que Soria baje al territorio y acelere los tiempos de una campaña que para muchos viene demorada.
El peronismo provincial definió como adversarios electorales tanto a Juntos Somos Río Negro como a los sectores libertarios, aunque eso no parece haber impedido que algunos de sus dirigentes militen la lista que impulsa precisamente uno de esos libertarios.
La contradicción es perfecta: el PJ declara públicamente adversario a La Libertad Avanza mientras algunos de sus cuadros sortean el padrón amarillo buscando votos para Tortoriello.
El mapa del “ellos y nosotros” se vuelve imposible de sostener en el terreno de la práctica.
Las coaliciones imposibles
El fenómeno que se está viendo en Río Negro no es nuevo ni exclusivo de esta provincia. La historia política argentina está sembrada de alianzas que parecieron brillantes antes de las elecciones y pesadillas después.
El Frente de Todos en 2019 unió a peronistas que se odiaban cordialmente bajo la promesa de la gobernabilidad; la interna fue constante y visible desde el primer día. Cambiemos, en sus orígenes, costuró mundos que tampoco dialogaban naturalmente.
La diferencia con el caso Tortoriello-Soria es que aquí la alianza ni siquiera puede presentarse abiertamente. Opera en las sombras, en los llamados telefónicos a los afiliados, en los guiños entre legisladores de distintos bloques.
Porque la contradicción ideológica es demasiado estruendosa para sostenerla a la luz del día: un diputado que llegó al Congreso prometiendo destruir el kirchnerismo, articulando con el kirchnerismo para ganar poder provincial.
Lo que une a estos actores tan disímiles no es una visión compartida de la provincia ni un programa de gobierno. Es algo mucho más mundano: la necesidad de acumular poder para competir en 2027 contra el gobernador Alberto Weretilneck y su maquinaria electoral, que sigue siendo la fuerza dominante en Río Negro.
Tortoriello ya inició recorridas de construcción territorial de cara a las elecciones provinciales proyectadas para 2027, con el objetivo central de consolidar su candidatura a la gobernación.
Esa lógica -juntar lo que sea para competir- tiene una racionalidad electoral innegable. Tiene, sin embargo, un problema grave: los gobiernos que nacen de esas coaliciones de conveniencia suelen ser ingobernables.
No hay proyecto político que aguante la tensión de representar al mismo tiempo a electores que votaron “contra la casta” y a los cuadros del aparato peronista más tradicional.
No hay agenda de gestión que concilie los relatos de un espacio que prometió la revolución liberal con las prácticas de un kirchnerismo que nunca se alejó del Estado como herramienta de poder.
Desde el entorno del PRO, un dirigente sintetizó el diagnóstico con crudeza: “Lo que queda claro es que el PRO incomoda a otras fuerzas y lo que quieren hacer es poner un caballo de Troya para neutralizar al partido pensando en 2027”.
Es una lectura posible. Pero también cabe otra: que el propio Tortoriello haya entendido que su capital electoral personal es significativo pero no suficiente para ganar la gobernación solo, y que necesita sumar estructuras territoriales que solo el peronismo puede proveer.
El cálculo es comprensible. El riesgo, enorme. Porque si el acuerdo se confirma y se hace público antes de 2027, Tortoriello tendrá que explicarle a su base electoral, construida sobre el discurso antisistema y anticasta, por qué terminó gobernando con los mismos de siempre.
Y si el acuerdo se rompe, habrá gastado capital político en una jugada que no le rindió los frutos esperados.
Por lo pronto, la interna del PRO del 17 de mayo será un primer termómetro. No solo sobre quién conduce ese partido, sino sobre cuánto poder territorial real tiene Tortoriello, qué tan profundo llega su acuerdo con el kirchnerismo sorista, y si la suma de partes tan diferentes puede sumar algo más que ruido.
La política rionegrina mira con atención. Y con algo de incredulidad.

