
(NOTI-RIO) El juguete importado, furor entre chicos y adolescentes por sus propiedades antiestrés, contiene cuatro veces más benceno del permitido por la ley. La Subsecretaría de Defensa del Consumidor ya inició el operativo de retiro y recomienda no usarlo ni descartarlo en la basura común.
El Gobierno nacional avanza con el retiro del mercado del Squeezy Dumpling, un juguete sensorial con forma de empanada asiática que se volvió furor entre chicos y adolescentes en los últimos meses.
La Subsecretaría de Defensa del Consumidor y Lealtad Comercial detectó que el producto contiene benceno, una sustancia clasificada como cancerígena, en una concentración cuatro veces superior a la que permite la legislación argentina.
La medida se conoció días antes del Día del Niño, después de que la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ) presentara una denuncia formal ante el organismo, en el marco del Decreto N.° 274/2019 de Lealtad Comercial. Según la entidad, el juguete ya había sido sacado de circulación en el Reino Unido tras una alerta de la agencia británica Office for Product Safety and Standards (OPSS), y figura además en el sistema de alertas Safety Gate de la Unión Europea bajo la referencia SR/02073/26.
Qué es exactamente el Squeezy Dumpling
Se trata de un juguete conocido también como squishy, fabricado en un polímero plástico flexible pensado para apretar de forma repetida. Se comercializa dentro de una pequeña vaporera de plástico, en alusión a su forma de gyoza o empanada al vapor. Su función es sensorial y antiestrés, un segmento que creció fuerte en los últimos años entre el público infantil y adolescente. Se vendía tanto en plataformas digitales como en comercios físicos de todo el país, con presencia puntual en numerosos locales del barrio porteño de Once.
Por qué es peligroso: la cuestión del benceno
Los controles oficiales determinaron que la superficie exterior del juguete contiene 20 miligramos de benceno por kilogramo. El límite que fija la normativa argentina es de 5 mg/kg, así que la concentración detectada cuadriplica el máximo permitido.
El benceno es un compuesto químico catalogado como cancerígeno. A diferencia de lo que muchos padres podrían suponer, no hace falta que un chico se lleve el juguete a la boca para correr riesgo: la sustancia puede ingresar al organismo por inhalación o por simple contacto con la piel durante el uso habitual del producto.
El toxicólogo Carlos Damin (MN 81.870) explicó que identificar este tipo de riesgos a simple vista es prácticamente imposible para cualquier consumidor, porque los residuos químicos peligrosos no siempre figuran declarados en la etiqueta. El especialista remarcó, además, que hacen falta controles más estrictos sobre los juguetes que llegan al mercado, ya que el Squeezy Dumpling todavía podía conseguirse en algunos comercios pese a la orden de retiro.
Las otras irregularidades del producto
El riesgo químico no es el único problema que encontraron las autoridades. El juguete tampoco cuenta con el Marcado de Conformidad, un sello obligatorio que certifica que un producto cumple con las normas técnicas y de seguridad vigentes en el país. Tampoco identifica quién lo importó, un dato clave para poder rastrear responsabilidades si un consumidor sufre algún daño. Y sus advertencias de seguridad no están traducidas al castellano, otro requisito legal para cualquier juguete que se venda en la Argentina.
Qué está haciendo el Estado
La Subsecretaría de Defensa del Consumidor y Lealtad Comercial, que depende de la Secretaría de Industria, Comercio y de la Pequeña y Mediana Empresa, ya puso en marcha el procedimiento formal para sacar el Squeezy Dumpling de circulación en todo el país. En paralelo, alertó a las autoridades provinciales para que refuercen las tareas de fiscalización en comercios y plataformas de venta. Al menos una provincia, Santa Fe, ya confirmó que acompañará la medida nacional con inspecciones propias en los locales de su territorio.
Qué recomiendan si ya lo compraste
Desde el organismo pidieron a quienes tengan un Squeezy Dumpling en su casa que dejen de usarlo de inmediato y que sigan las indicaciones oficiales para desecharlo de forma segura, en lugar de tirarlo directamente a la basura común. La recomendación apunta especialmente a las familias con chicos pequeños, el público más expuesto al contacto habitual con este tipo de juguetes.
Desde la CAIJ, su presidente, Matías Furió, aprovechó el caso para insistir en una recomendación general de cara a cualquier compra: antes de adquirir un juguete, conviene verificar que tenga el Marcado de Conformidad, que figuren los datos del importador y que las advertencias de seguridad estén en castellano. Son, según explicó, las tres señales más simples para detectar si un producto cumple con la normativa antes de que termine en manos de un chico.
Nota del editor: los datos numéricos (20 mg/kg frente al límite de 5 mg/kg) y las referencias a organismos internacionales (OPSS, Safety Gate UE) provienen de fuentes periodísticas nacionales que citan a la CAIJ y a Defensa del Consumidor; si Noti-Río va a publicar la cifra exacta, conviene chequearla contra el comunicado oficial de la Subsecretaría antes de salir en letra de molde.
Qué provoca el benceno en el organismo
A corto plazo, la exposición a benceno puede causar irritación en la piel y los ojos, dolor de cabeza, mareos, náuseas y cansancio. En concentraciones altas, aunque poco probables en el uso cotidiano de un juguete, puede llegar a producir convulsiones o alteraciones cardíacas.
El problema mayor aparece con la exposición repetida a lo largo del tiempo, que es justamente el escenario de riesgo en un juguete que un chico aprieta y manipula todos los días. Ahí el benceno actúa principalmente sobre la médula ósea, donde se fabrican las células de la sangre. Puede provocar una caída de los glóbulos rojos, con anemia, y también afectar otros componentes sanguíneos, lo que puede derivar en hemorragias. Además, debilita el sistema inmunológico y aumenta la probabilidad de infecciones.
El punto más grave es que la Organización Mundial de la Salud clasifica al benceno como cancerígeno para los seres humanos. La exposición prolongada se asocia especialmente con leucemia y otros cánceres de la sangre, aunque el período de latencia entre la exposición y la eventual aparición de un cáncer puede extenderse entre uno y diez años, lo que hace difícil relacionar un caso puntual con su origen.
Un dato relevante para la nota: no hace falta ingerir el juguete para estar expuesto. El benceno se absorbe por la piel y por inhalación, así que el simple contacto habitual con la superficie del producto ya representa una vía de exposición, algo que coincide con lo que remarcaron tanto la Subsecretaría de Defensa del Consumidor como el toxicólogo Carlos Damin.
Un matiz importante para no generar alarma desmedida: los efectos más severos, como la leucemia, están vinculados a exposiciones sostenidas o a concentraciones altas, no a un contacto aislado. El punto central de la alerta oficial es que un juguete pensado para uso diario y prolongado, sobre todo en manos de chicos, no debería contener esta sustancia en ningún nivel que supere el límite legal.
