Aníbal Fabián Sosa había sido condenado a perpetua por el horrendo homicidio de Isabel Aguilar de Donnadieu y su hija Susana Graciela en abril de 1988, en un campo que tenían cerca de Río Colorado.
Sosa era un peón rural que hacía tareas para las mujeres. El 10 de abril de ese año ambas se dirigieron al campo y no volvieron. Tras una intensa búsqueda, el 26 de ese mes los cuerpos fueron hallados dentro de un jagüel, atados con alambre.
Tras dos meses de pesquisa policial se detuvo a Aníbal Fabián Sosa y a su compañero de pensión Segundo Tranamil, quien luego fue liberado por falta de mérito. Este último dijo que el autor había sido Sosa, que había actuado por sed de venganza por haber recibido una paga insuficiente y con pretensiones de robo de una importante suma que habrían llevado las mujeres.
Luego se supo que Sosa había llevado engañado a Tranamil al campo, con la excusa de buscarle trabajo. Una vez allí lo obligó bajo amenazas con un arma a ayudarlo a ejecutar el horrible crimen: reducir a las mujeres, atarlas con alambre, y luego de ultimarlas, llevarlas en una carretilla 700 metros y arrojarlas en el jagüel.
El cuerpo sin vida fue encontrado ayer a la mañana en un vehículo Ford Ka que había sido robado durante la noche.
El propietario dijo al denunciar el robo que había sido abandonado en un sector de chacras, en Allen.
Al parecer la víctima murió producto de un golpe de su cabeza contra el parabrisas cuando perdió el control y cayó a un desagüe con el rodado.
El cuerpo sin vida de un hombre fue encontrado ayer a la mañana en un vehículo que había sido robado unas tres horas antes. El propietario dijo al denunciar el robo que había sido abandonado en un sector de chacras en Allen. Al parecer la víctima murió producto de un golpe de su cabeza contra el parabrisas cuando perdió el control y cayó a un desagüe con el rodado.
Anoche, la Policía y la Justicia intentaban identificar al hombre, ya que no tenía documentación personal ni fue reconocido como alguien que viviera en la zona. Además se analizaron los álbumes policiales de personas con antecedentes y no aparece. Tenía entre 50 y 60 años, era calvo, de tez trigueña, una barbilla canosa y vestía un jean y campera marrón. En la cintura de su pantalón llevaba una sevillana.
Los hechos comenzaron alrededor de las 3 cuando, desde la planta de Apache (ubicada al sur de la Ruta 22, en Allen) llamaron a la Policía para avisar que en el lugar se encontraba una persona que había sufrido el robo de su auto y que estaba golpeada.
Al llegar los efectivos constataron la situación y solicitaron una ambulancia que trasladó al hombre hasta el hospital. Tenía un golpe en su rostro y la ropa sucia, como si se hubiera caído durante la caminata. Además, aseguraron desde comisaría Sexta, estaba en estado de ebriedad.
En estas condiciones relató a la Policía que había estado en la casa de una familia conocida en el barrio Norte de esa ciudad, despidiendo a un amigo se iba a vivir a otro lugar, y que al salir lo abordaron entre dos y tres sujetos que lo subieron a su vehículo, un Ford K blanco, y salieron con destino desconocido. Dijo que luego lo abandonaron –no pudo precisar exactamente dónde–, y que caminó hasta llegar a la planta donde pudo pedir auxilio.
Tres horas después, otro llamado al 101 alertó sobre la presencia de un auto en el desagüe que corre paralelo a la Ruta 65. La policía detectó que adentro había una persona que no respondía a los llamados desde el exterior. Convocaron a la ambulancia que lo trasladó al hospital, donde se determinó que estaba muerto, al parecer porque había golpeado su cabeza con el parabrisas, que mostraba una fisura.
Entre sus ropas, la víctima fatal sólo tenía un juego de llaves, una sevillana en la cintura y 50 pesos.
Mientras tanto, se constató que el auto era el Ford K que el propietario había denunciado como robado.
En Allen estuvo el fiscal de turno tratando de recabar mayor cantidad de datos, ya que ambos hechos tienen varios puntos sin dilucidar. Entre ellos, es un misterio qué pasó con los supuestos cómplices del hombre muerto, porque en el auto no había evidencia de otras personas. También se investiga si alguno conocía a la víctima del robo o si lo estaban esperando para sacarle el auto.
Ayer a la tarde, el hombre reconoció a la persona muerta como uno de los que lo habían abordado la noche anterior en Allen.