La violencia disfrazada de amor es casi invisible. Los signos del maltrato durante el noviazgo son desconocidos para gran parte de los jóvenes que los confunden como muestras de afecto. Cuando nos damos cuenta suele ser tarde: la violencia, en sus distintas formas, ya está instalada. Hablar del tema y acudir por ayuda profesional son caras de una moneda que pretende tener un valor positivo para intentar superar las circunstancias, y crecer.
En el programa de radio “Bajá un Cambio” (FM Sonar) se emitió un informe sobre la aparición temprana de la violencia durante los noviazgos en tiempos de la adolescencia, a través de signos que no siempre se comprenden.
El trabajo se basó en una entrevista realizada a la psicóloga Paula Rundau y en los testimonios valientes de tres adolescentes –dos mujeres y un varón- de Santa Rosa que admitieron la existencia de esta problemática, “mucho más de lo que se cree”.
Justificaciones no faltan; al contrario, abundan. Los motivos más comunes: celos, diferencia de opiniones, y hasta de personalidades. “Cuando uno recién empieza (en la adolescencia) existe esa cosa de pegoteo, de identificación con el otro; es una etapa donde estamos saliendo del núcleo familiar y volcándonos a la vida, el noviazgo es otro sostén de la vida más allá del grupo de pertenencia”, explica Rundau. Esta etapa, que es habitual y extendida, suele contener elementos que tensan la relación, pero que al mismo tiempo son complejos de entender y manejar para los adolescentes.
Una de las cosas más comunes se da cuando uno de ellos, o los dos, abandona actividades deportivas, escolares, o aún familiares, para estar con su pareja. El “problema” –advierte la profesional– es cuando eso se hace porque aparecen las “prohibiciones” de uno u otro lado. “Me vas a dejar solo o sola, te vas con ellos o ellas, se usan excusas: yo me quedo mal, o no me gustan tus amigos”.
“Hay manejos psicológicos (un eufemismo de “manipulación”), con sus correspondientes pedidos de secretos, en particular cuando las diferencias derivaron hacia gritos, amenazas, empujones: ‘esto no se lo cuentes a nadie, yo te quiero, lo que pasa es me hacés enojar, yo no soy así'”.
Rundau subraya que hoy en día la convivencia entre adolescentes tiene otras pautas que incluyen relaciones sexuales más tempranas que antaño. “La sexualidad es mucho más abierta, algo que está bien, pero debe ser respetándose y cuidándose a uno mismo. La más descuidada –por desprotegida- es la mujer. No porque el otro tenía ganas y le pintó, hay que hacerlo. Hay que cuidarse porque hay violencia (cuando) se empieza con chicanas tipo ‘vos no te animás’ o frases así, y la mujer porque cree que tiene que demostrar, hace”.
Revela otro elemento crucial: la violencia psicológica y/o física se da en todas las clases sociales, no hay distinción. “Suele haber ocultamientos en algunos casos pero no por pertenencia a una u otra clase social”, repite.
Mujeres jóvenes (y no tan jóvenes) que sufren violencia en el noviazgo suelen ocultar los hechos y aún generar cuestionamientos contra la familia o amigas que advierten la situación: “Ustedes están celosos (o celosas) porque no quieren que esté con él, él me cuida y me quiere”.
Según Rundau, cuando el entorno se da cuenta “tiene que pedir ayuda” porque intervenir directamente puede desencadenar el efecto contrario al buscado. En la terapia muchas chicas insisten y justifican: “Lo que pasa que ellos (la familia) no lo quieren pero él no es malo, a veces se pone medio violento pero no es malo”.
Para el informe Candela, Daniela y Lisandro se prestaron a la charla y contaron tanto sus vivencias como sus opiniones. “Anduve tres años de novia. He sufrido violencia verbal, creo que siempre existe, fue por diferencia de opiniones y pensamientos, de personalidad”, dice una de ellas. La otra suma: “Muchas veces tiene que ver con los celos y la inseguridad de cada uno. Si estás inseguro de vos mismo, le transmitís esto a tu pareja, y ya es algo bastante enfermizo. La violencia existe previa al matrimonio, cuando se revisan los mensajes y se invade la intimidad del otro, es psicológica, no se habla cuando se da mucho más de lo que se piensa, es un tema tabú”.
Informe de Romina Capello y María Cecilia Di Liscia