La Patagonia no debe ser zona de sacrificio

Zona de sacrificio o zona a sacrificar. Ése parece ser el destino de Río Negro y del Neuquén. Territorios con variadas y abundantes riquezas naturales, escenario de fabulosas transformaciones a partir de la voluntad y esfuerzo humanos, que parecían proyectarse hacia un futuro sin límites, con prosperidad y nuevas oportunidades para lugareños y migrantes.

Agua dulce abundante, valles, condiciones climáticas favorables, litoral marítimo, linde con una zona chilena próspera que invitaba al intercambio y la integración, minería de primera y segunda categorías, hidrocarburos, bosques, ambiente sano, etc. constituían y constituyen un presupuesto extraordinario. Además, ya el emporio productivo e industrial de la fruticultura generaba riquezas y era conocido en el mundo.

Pero en algún punto, la historia empezó a cambiar. Las crisis sectoriales se generalizaron y no se resolvieron, los gobiernos malgastaron recursos y se fue imponiendo otra cultura, distinta de la que instalaron los pioneros.

En los años 60 y 70 empezaron a sacrificarnos y a engañarnos con un futuro fantástico. Fue cuando hicieron las grandes obras hidroeléctricas sobre los ríos regionales, inundando valles ubérrimos, pueblos y campos. A cambio, el país recibía el 16% de la energía (limpia) que hoy consume y la zona tendría tarifas preferenciales. Nos engañaron; nuestras tarifas eléctricas son más caras que las de Buenos Aires y hoy ni siquiera el organismo que debe controlar el uso y calidad de los ríos de la cuenca tiene fondos para su trascendente tarea. El nuevo millón de hectáreas bajo riego fue otra falacia.

Las políticas centralistas impuestas por distintos gobiernos del país y la ayuda de los locales sometieron las autonomías distritales y desde Buenos Aires se comenzó a manejar la explotación de los recursos de la zona.

La región siguió manteniendo un alto crecimiento demográfico; pero en contraposición, el gobierno central redujo índices de coparticipación de impuestos; la distribución de planes de viviendas nos tuvo en lugares secundarios y nos escamotearon otros recursos fiscales, compensados mezquinamente con el financiamiento de obras con sentidos discriminatorios, porque las elige el ministro nacional del área.

Hoy nos encontramos en momentos de renovada crisis, con nuevos elementos.

La minería a cielo abierto y con uso de cianuro es rechazada por los pueblos, pero amparada por los gobiernos, pensando más en la actividad empresaria que en la preservación de la vida en todas sus manifestaciones.

La fruticultura decae, en cantidad y calidad, y se pierden mercados tradicionales por la falta de rentabilidad de la producción, generalmente por políticas que desalientan y empobrecen al que produce.

Las chacras son enviadas al mercado inmobiliario o son invadidas por equipos de perforación que buscan petróleo, en una actividad absolutamente incompatible con la calidad del ambiente y la salud de los frutos. La misma actividad, en cualquiera de sus formas –pero en particular en el método no convencional– arrasa con campos, pone en riesgo a acuíferos superficiales y subterráneos y amenaza con una contaminación generalizada e irremediable.

Los gobernantes están entusiasmados con estas explotaciones. Dicen que es la solución para la crisis energética, la cual ha sido generada por falta de previsiones y de políticas de Estado a largo plazo.

¿Solución a qué precio…? Siempre predominando la coyuntura, lo inmediato. ¿El futuro? Otros lo deberán resolver, en la mezquina concepción de los gobernantes.

Lo más reciente es la decisión del gobierno central de establecer un “petrodólar”, es decir un tipo de dólar con un precio inferior (en pesos) al oficial, con lo que las provincias productoras se perjudicarán en la percepción de regalías e impuestos. El argumento es el de siempre: paliar problemas nacionales. Creemos que de solidarios, estamos pasando a otro nivel con nuestra mansa y comprensiva actitud.

Las primeras estimaciones indican que las dos provincias perderían más de 60 millones de pesos por mes. Es el precio de otra arbitrariedad que la región pagará con deterioro de servicios y obras básicas.

Todo tiene límites. Ya son insoportables los atropellos del gobierno central, consentidos por las administraciones provinciales por su adhesión a un proyecto político, sobre los intereses provinciales y regionales. Gobernadores, legisladores de todos los partidos y niveles: deben definirse de qué lado están…

Desde la CC-ARI del Neuquén y Río Negro rechazamos con firmeza lo que está ocurriendo, exigiendo a los gobiernos provinciales que honren los mandatos populares, que –en síntesis– es generar las condiciones para la vida digna de los pueblos y futuros que entusiasmen.

Vivir en el sur es, por sí mismo, un enorme esfuerzo, por las distancias, los rigores climáticos y por las condiciones que imponen los esquemas económicos vigentes. Por aquí todo es más caro, hasta la energía y los combustibles, que producimos; la mercadería básica, los servicios, los pasajes, las comunicaciones, etc. Pagamos un impuesto por “vivir lejos”.

Pero está claro que en la insensibilidad y desesperación por escapar de la crisis, que ellos mismos produjeron, nuestros gobernantes tienen decidido que nuestra región sea una zona de sacrificio.

Nosotros rechazamos ese destino que nos están asignando y proponemos todo lo contrario. Estamos a favor de una descentralización, que achique la gran cabeza de Buenos Aires y su conurbano y se fortalezca el cuerpo del país.

Estamos convencidos de que por características naturales, por idiosincrasia y espíritu de su gente y hasta por una necesidad geopolítica del país, mirando al futuro, la Patagonia debe ser una región con fuertes promociones para desarrollar sus potencialidades y traducirlas en prosperidad para sus pueblos. Por esta vía, también aportaremos para escapar de las crisis nacionales, lógicamente con otra exigencia: con buenos administradores, honestos, visionarios, estadistas y, en el plano local, con autoridades democráticas y republicanas, alejadas de conceptos feudales que hoy imperan.

Nos revelamos ante la repetición en nuestro país de la situación del mundo, en donde el norte rico y desarrollado expolie, despoje al sur lejano y subdesarrollado para mantener sus niveles de consumo y concentración política, económica y demográfica.

MAGDALENA ODARDA, JORGE OCAMPOS, BEATRIZ KREITMAN Y RICARDO VILLAR (*)

(*) Dirigentes y legisladores del CC-ARI de Río Negro y Neuquén

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