Río Colorado: “Aruba Café” cerró sus puertas

(NOTI-RIO) La emblemática, y más antigua confitería céntrica de Río Colorado: “Aruba Café” cerró sus puertas luego de más de 30 años. El lugar  fue parada obligada de los parroquianos locales y una cantidad innumerables de personas que llegaban a la localidad, quienes mientras tomaban un café podían disfrutar de una exquisita ambientación que te llevaba a un viaje hacia el pasado.
El 31 de diciembre de 2014, fue el último día donde un puñado de hombres mostró sus nostalgias por un sitio que no estará más ofreciendo sus famosos desayunos y meriendas, o grandes hamburguesas. 
Dentro del local, envuelto en un profundo silencio, con un rostro visiblemente lleno de tristeza y melancolía: Raúl Figuera, comenzaba lentamente desprender de las paredes y embalar con mucho cuidado, los miles de antigüedades y “curiosidades con mucha historia” cubiertos de un invaluable valor.
El anuncio y la decisión de cerrar el lugar, se debió que los dueños de todo el edificio tienen otros planes para el local donde funcionaba la tradicional confitería.
Armas que fueron utilizadas en la campaña al desierto, un sable Ingles, cientos de patentes de autos, escudos, radios, teléfonos, surtidores de querosén, colecciones de tasitas de té de: China, Alemania, Rusia, Italia, el primer buzón de correo que estuvo en el barrio de Buena Parada, el proyector de películas del desaparecido cine Gloria de Río Colorado, conforman una de las variada colecciones la ciudad. A lo que se deben sumar: carteles, puntas de flechas con las herramientas que utilizaban los indios para construirlas, un bastón de mando de una tribu boliviana, llaves, candados, faroles, botellas, herramientas, balanzas, un viejo sillón de peluquero, y una cantidad de productos con sus conservaciones originales del 1900.
Son más de mil objetos de distintas partes del mundo que estaban exhibidos y compartidos con los clientes del lugar.
“Todo lo que ves, es original, acá no hay replicas y prácticamente todo esta funcionando” comentó orgulloso Raúl.
Cada uno de estos artículos tiene una historia detrás. “Mucho de todo esto lo compre y otra la gente me lo regaló. Cada sifón, radio, patente o cartel tiene un pasado que me contaron sus dueños o allegados y las tengo a todos grabados en la cabeza y en el corazón” sostuvo Raúl, mientras repasaba con su mirada, cada rincón que no estará más y que quiere llevarse para siempre en la memoria.
“Cuando encaramos este proyecto que se inició el 28 de septiembre de 1984, fue tener una confitería de una ciudad grande, desde muy temprano podías venir a tomar un café mientras que se leía el diario y lo logré. También este espacio fue emocionante, donde había charlas de amigos, de novios que después fueron parejas, políticos y los deportistas o artistas de renombres nacionales que llegaron a Río Colorado, todos pasaron por “Aruba” que tiene una marca registrada en la ciudad” agregó.
Entre tantas anécdotas, señala con satisfacción, que la exclusividad del decorado sirvió de disparador para que otras personas que pasaban ocasionalmente por la confitería iniciaran con una idea similar en otro punto del país.
 “La gente al entrar acá terminaba sintiéndose parte de todo esto, se siente identificada. Había quien te regalaba o me traía cosas para ver si yo las compraba.” y agregó “Un día le regalé tres patente a un viajante y hoy su colección tiene mas de 600 patentes. Pasó lo mismo con un visitador medico, a quien le regalé un par de cositas y hoy tiene una importante colección de artículos y así hay decenas de historias similares”
Entre las notas curiosas que demostraron el interés de los clientes, figura el paso de Juez de Trelew, quien al ver un sable en la exhibición, le dejó la biografía completa con la historia del arma que se remonta hacia 1832.
El lugar que acogía una gran parte de historia, hace un par de días, en pleno corazón de la localidad ya no abrirá más sus puertas, ni recibirá gente, nadie se sentará a sus mesas a tomar un café o a leer el diario, ya nadie verá por sus grandes ventanales el paso de gente y de los autos por calle Yrigoyen. Mientras que las reliquias quedaran en cajas cuidadosamente protegidas esperando la posibilidad de volver a estar exhibidas para poder contar su historia.

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