Weretilneck en Río Colorado, expone una disyuntiva entre Elsa Inchassendague y Sigifredo Ibáñez

Baja la euforia del triunfo y apremian señales de la prometida conversión. Weretilneck insinúa cambios con reemplazos de funcionarios.

El ingreso anunciado de Claudio Di Tella en la presidencia del Ipross fue el primero. También demostró un plan de transformación donde priorizará a sus devotos originales. Con el médico cipoleño Weretilneck tapiará el manejo de la obra social, que –por ahora– mantenía un mando dual entre Luis Ayestarán y el ministro de Salud, Fabián Zgaib. Aquél cayó por las disputas con éste, que inicialmente lo promovió. La designación también es un mensaje a Zgaib, más allá del pleno reconocimiento a su labor gubernamental.

Ya decidió la salida de Luisa Scandroglio del IPPV y, por ahora, recurrirá a un interinato del secretario de Obras Públicas, Alejandro Echarren. El próximo presidente estaría resuelto.

Cada modificación –como siempre– llega de su mano. Instruye a sus ministros qué hombres no seguirán. Llegó el turno al Ministerio de Agricultura. Dispuso la partida de dos subsecretarios: Sebastián Gennari (Gestión Pública) y Gustavo Contreras (Pesca). Dos casos, por lo menos, curiosos. El primero fue nombrado por Haroldo Lebed, su suegro, quien renunció a fines del año pasado. Gennari permaneció en la estructura aunque, realmente, no se le conocían funciones.

Contreras asumió en Pesca en octubre del 2012 y sobrevivió a varios derrumbes. Lo peor es que poco aportó a la siempre devaluada política pesquera rionegrina. Todo se camufla en el diario trajín de las urgencias de la fruticultura, la principal actividad productiva, que vive su peor momento con su persistente crisis estructural y las agravantes coyunturales.

La orfandad del Estado en la actividad pesquera tiene viejas y múltiples razones. Pero Weretilneck ventiló la carencia presente en su pretensión de que su gobierno se ocupe de políticas de fondo. “¿Qué podemos mostrar de Pesca?”, preguntó en su repaso de proyectos con el gabinete. El secretario de Agricultura, Fernando Malaspina, se acomodó en su lugar y dijo lo que todos sabían. “Poco y nada”, respondió. La expresión del mandatario fue lapidaria y predijo el pedido de renuncia que después llegaría.

El déficit siempre estuvo expuesto. En su discurso parlamentario de tres horas el gobernador necesitó sólo minutos para leer lo hecho y los planes de los suyos para esa economía. Allí prometía que en 90 días se reactivaría la dársena de Punta Colorada, cerrada desde hace 16 años, que reunía a medio centenar de pesqueros. La reapertura no se cumplió.

El arribo de Contreras respondió a un pedido del ministro Norberto Yauhar. Ambos tienen apegos con esa actividad. El gobernador accedió a la solicitud en favor del fortalecimiento de lazos con Nación. Un año después, Yauhar fue eyectado del gabinete nacional y Weretilneck inició su salida del mundo K. Igual, el subsecretario superó ésos y otros tropiezos. Hasta ahora.

Otro párrafo para Agricultura. Su ministro es Marcelo Martín, que asumió en febrero. No logró todavía su sitio. Tiene su lógica explicación: era un extraño de la administración estatal y llegó en pleno proceso electoral. La situación lo incomoda y el gobernador tampoco le encontró un efectivo rol, por eso profundiza vínculos con Malaspina, virtual ministro, y otros segundos como Alberto Diomedi, de Fruticultura. Igual, Martín seguirá porque Weretilneck sabe que la época no lo ayudó y no sería justo evaluarlo sólo por ese período.

Sí arribó el tiempo de responder a otras lealtades políticas. El viernes Weretilneck anunció la asunción de Marcelo Szczygol en Deportes. Este funcionario integró la fórmula de la UCR para Viedma que encabezó José Luis Foulkes. El intendente logró la reelección, favorecido por la colectora del ARI, mientras que su compañero no alcanzó la presidencia del Concejo. Su elección se redujo a concejal. Hoy el gobernador salda parte de los favores que el radicalismo viedmense otorgó a su candidatura, más allá de su relación personal con Szczygol, quien –en plena campaña– hizo público su deseo de que el cipoleño triunfara. Semejante manifestación aun cuando la UCR presentaba su lista liderada por Horacio Massaccesi.

Son estertores del histórico radicalismo provincial. Habrá otros jaleos cuando Weretilneck proclame a conocidos hombres de la UCR como candidatos municipales suyos. Ocurrirá con el legislador Héctor Funes en Chimpay y José Rivas en Chichinales, quienes ya fueron jefes comunales por el radicalismo. Hay una docena de elecciones pendientes para octubre. El gobernador completa su panorama con las pretendidas reelecciones de sus jefes mimados: Carlos Johnston en Catriel y Sabina Costa en Allen. Alienta en El Bolsón a Bruno Pogliano y, seguramente, en Luis Beltrán a José María Apud, su director de Comercio Interior e hijo del intendente actual, Juan Carlos Apud, legislador electo. En Río Colorado, el mandatario expone una disyuntiva entre Elsa Inchassendague y Sigifredo Ibáñez, el exintendente peronista. Ella tiene mejor intención de voto, pero ya fue elegida diputada por el Valle Medio. Acá también se ajustaría a su criterio autoimpuesto de que “los legisladores (electos) serán legisladores”.

La gran compulsa local será el 6 de septiembre y se ubica en Bariloche. Mañana vence el plazo para la presentación de listas. Hay definiciones contra reloj.

La intendenta María Eugenia Martini concluyó con una lista fielmente kirchnerista. Figuras nuevas, pero poca apertura interna, además del atajo elegido para apartar a otros sectores. La jefa comunal se recluyó con aliados incondicionales y se ocupó de la relación con los referentes nacionales. Hoy se desconoce si la dañarán los hilos sueltos del peronismo. En el último sondeo de Eco, realizado para Weretilneck, mantenía una leve ventaja.

“Tendencia bien modificable”, aseguran en el gobierno provincial, pilar de la candidatura de Gustavo Gennuso con Juntos Somos Bariloche. Todos colaboran. El radicalismo amigo desalienta a Antonio Zidar de la candidatura diseñada en alianza con el Pro, que completa Carlos Aristegui. Esa opción se reactivó este fin de semana cuando el Tribunal Electoral revivió la posibilidad de la doble postulación (a la intendencia y al Concejo) al anular una resolución de la Junta local. Aquella propuesta UCR-Pro proyectaría una sangría de votos de la lista de Gennuso. Esta alianza ofrece rarezas, como la integración del ARI de Magdalena Odarda, quien confrontó con el mandatario en la elección de junio. Extraña sociedad por presentar.

El exitoso grupo comunicacional del gobernador está desvelado con que Gennuso entienda que lo suyo se enmarca en un plan provincial. ¿Querrá eso el candidato? Comenzó con un video de un minuto en YouTube donde cuenta su experiencia y presenta su postulación. No hay mención ajena, salvo un golpe de imagen de Weretilneck entre una veintena de personas. Insiste, además, en su autonomía cuando repite que sólo hay una “alianza estratégica” con Weretilneck. Ese discurso dista, todavía, mucho del pensamiento en la Casa Gobierno, que articula el mensaje para Bariloche en tres pilares: Gennuso en el municipio, Carlos Valeri en Obras Públicas y Weretilneck en la conducción rionegrina.

Nueve obras registran en Viedma para inaugurar o presentar en esa campaña andina. Valeri aparecerá en cada presentación, pero el programa oficial es más ambicioso. Propone un espacio privilegiado y activo para el ministro en un intento de trasladarle votos a Gennuso. Eso no ocurre espontáneamente sino que, por el contrario, van a Martini.

Bariloche es un cuadro complejo. Weretilneck se ocupa, pero no descuida el resto. Mantiene su alta peregrinación mientras la oposición está apaleada. Aprovecha y apuntala lazos, especialmente con los justicialistas. Un claro ejemplo radica en Pomona, con las sólidas conexiones con su intendenta y próxima legisladora del FpV, María Maldonado, y consecuentemente con su marido, Miguel Jara, el sucesor electo.

El gobernador otea a los referentes justicialistas. Allí donde reina un pleno sentimiento de despojo. Y, aún, el partido no reacciona frente a esa devastación política.

No hay mucho tiempo porque quedan trece elecciones municipales –incluyendo a Bariloche– y el FpV tiene ocho gobiernos propios. En realidad, siete. Guardia Mitre –en los hechos– ya no le pertenece. El histórico intendente Miguel Demasi está alineado con el mandatario. Aparecen actos de desesperación. El mandamás de Fernández Oro, Juan Reggioni, esboza un intento de enmienda de la Carta Orgánica para permitirse otro mandato. En El Bolsón cinco sectores amagan con presentar listas y Río Colorado está deshecho políticamente.

Sobran muestras para que la conducción del PJ procure cierta reanimación. El senador Miguel Pichetto se corrió y el proceso recayó en el roquense Martín Soria. El inicial reflejo apareció con un llamado de Nación a Soria. La otra semana, dirigentes provinciales, así como candidatos a diputados y a municipios, deben estar en Capital Federal con Daniel Scioli y Carlos Zannini, la fórmula del “proyecto” kirchnerista. Será una sesión de motivación, seguramente. Nada.

En definitiva, historias de vencedores y vencidos.
Por adrián pecollo adrianpecollo@rionegro.com.ar

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