(NOTI-RIO) “Un pueblo que desconoce su pasado, desconoce su porvenir”. Miguel Ángel Roca con sus 81 años de edad, lleva viviendo algo más de 50 años en el paraje de Pichi Mahuida, desde su jubilación en la empresa ferroviaria se resiste al abandono de la estación donde pasó largas horas diarias de trabajo durante sus 42 años y 19 días.
Dentro de un paraje desolado y abandonado, se encuentra el edificio intacto con el equipamiento y los instrumentos en perfectas condiciones, a pesar del tiempo que transcurrió desde su última utilización, hoy con solo levantar las perillas todo comienza a funcionar normalmente.
Don Roca, vestido para la ocasión se lo puede ver constantemente preocupado por la limpieza, cortar la maleza, aceitar y revisar cada tecnología original que posee la estación, pintar y reparar los cercos, cuidando cada detalle sin modificar nada.
Se puede ver al ingresar a la sala utilizada por el jefe de la estación, el cartel con la llegada y partida de los trenes y si tienen retrasos.
Una alacena cubierta de los libros de guardias, contables, leyes, estatutos y manual de instrucciones que eran de gran utilidad en su época.
Junto a un telégrafo, están dos impecables equipos que se usaban como elementos de seguridad entre una estación y otra para evitar superposición y accidente durante el trayecto.
Una caja fuerte donde se guardaba el dinero y la documentación importante y hasta las luces de emergencia que llevaba el tren, que se utilizaban en caso de emergencia, entre otros cientos de reliquias históricas.
“En esta profesión yo pude formar y criar una familia, fue un orgullo trabajar para el ferrocarril que además de ser una conexión importante para el desarrollo productivo, también cumplió un rol social dentro de los pueblos que crecieron con el paso del tren” comenta orgullosamente Don Roca. 
Dentro de la rica documentación que tiene en su poder muestra uno que le fue otorgado por las entonces autoridades del ferrocarril, donde le seden posesión del predio para su protección, que continua cumpliendo estrictamente desde hace más de 20 años.
Otro documento no menor es un diploma honorífico por su trayectoria como empleado.
“Como jefe relevante dentro de la empresa, tengo la satisfacción de poder conocer varios puntos de País, que recorrí cumpliendo con mi trabajo” mientras recuerda con nostalgia épocas pasadas, donde la premisa dentro del trabajó era el respeto y el cumplimiento del deber que tenia asignado cada empleado. “Después que se entregaron los ferrocarriles todo cambio para peor, hoy seria intolerable poder manejar una estación, donde se metió la política, los favoritismos, perdiendo la ideonidad para trabajar y cumplir con la gente que necesita de los trenes para su traslado de un lugar a otro. Y sino fíjate lo que ocurre con los accidentes diarios que causan muerte de gente inocente” remarco.
Mientras muestra a “Río Negro” como mantiene las instalaciones y su equipamiento dice “Este patrimonio lo cuidaré hasta el día en que muera y ojala después de eso alguien tome conciencia y no lo destruya como sucedió en las estaciones cercanas de Juan de Garay, Fortín Uno y Lo que queda de Benjamín Zorrilla y las que están en otros puntos del país.