
(NOTI-RIO) Un partido de Copa Potrero termina en batalla campal y deja al fútbol amateur de Bahía Blanca en el ojo de la tormenta
En Bahía Blanca, un cruce de eliminación directa de la Copa Potrero entre Cooperativa Libertad y La Banda del Moy se descontroló al final y terminó en una batalla campal que dejó dos heridos, una árbitra de 20 años golpeada, videos vergonzosos y, sobre todo, la pregunta incómoda que vuelve una y otra vez: ¿hasta dónde pueden seguir cayendo los estándares de convivencia en el fútbol argentino?
El partido que, en un momento, parecía normal
Según relató el organizador del certamen, Matías Fredes, el partido se había desarrollado con normalidad. “El partido terminó, fue parejo, hubo un buen arbitraje, se saludan los jugadores y fueron dos los futbolistas que se agarraron y ahí se armó todo el quilombo porque le gritó el gol, supuestamente. Se metieron las hinchadas y fue un lío”, describió en diálogo con La Brújula 24.
El choque correspondía a una instancia de eliminación directa y se disputó en el predio ubicado en la intersección de México y Berutti.
La expulsión temprana de un jugador marcó un primer alerta, pero dentro del campo no hubo incidentes graves hasta que se apagó el reloj. Fue después, con el pitido final, cuando la violencia estalló.
“Fue toda una excusa para pegar”, analizó desde la Agrupación Independiente de Árbitros (AIA) su director de Escuela Arbitral, Gustavo Ruiz Díaz, en una entrevista en el programa Hora Pico, de La Brújula 24. “Sorprende mucho que se la hayan tenido que agarrar con ella. Es tristísimo cómo se mancha el espectáculo del fútbol, y más en el ámbito amateur”, remarcó.
La escena que se repite: el minuto cero en video
Las imágenes que circularon por redes sociales, registradas el pasado sábado 17 de enero, no dejan lugar a dudas ni permiten echarle la culpa a la subjetividad. El video captura el minuto exacto en el que se quiebra el arbitraje. Se ve a la joven árbitra, identificada como Lucrecia Cruz, de apenas 20 años, en medio del campo de juego.
Todo parece detonar tras una decisión arbitral que no fue bien recibida por los jugadores. En el clip se observa cómo la jueza es increpada inicialmente, pero la situación escala rápidamente: lo que empieza como un reclamo mutuo se convierte en una agresión física directa en pleno campo. Las cámaras muestran cómo personas de la hinchada saltan las cercas e ingresan al terreno de juego, transformando una discusión deportiva en una batalla campal.
En medio de la confusión, el video revela a la árbitra tirada en el suelo, intentando cubrirse de los golpes. Tal como detalló El Doce TV, la joven fue “tirada al suelo y agredida por al menos dos mujeres que intentaron golpearla a piñas y patadas”. Se la ve indefensa, mientras un jugador de La Banda del Moy intenta interponer su cuerpo para protegerla, aunque la situación ya se había desbordado por completo. La frontera entre la cancha y la tribuna había desaparecido.
Consecuencias y la intervención policial
El saldo de la trifulca fue inmediato. Rodrigo Ortega, de 24 años, terminó con lesiones en la ingle y en la pierna izquierda y debió ser trasladado en ambulancia al Hospital Penna para una evaluación médica exhaustiva. Lucrecia Cruz, por su parte, tuvo que ser atendida en el mismo lugar por personal médico y luego se le realizaron estudios -incluyendo una tomografía- por los golpes recibidos en la cabeza.
Dada la magnitud de los hechos, la situación excedió lo deportivo. Personal de la Comisaría Cuarta y del Comando de Patrullas tuvo que intervenir rápidamente para detener la pelea, resguardar la integridad de la árbitra y frenar a los agresores que seguían llegando al sector de conflicto.
Físicamente, el saldo fue de “heridas leves” para la árbitra y el jugador, pero el impacto emocional en la joven jueza es de otra dimensión. Gustavo Ruiz Díaz confirmó que, desde el punto de vista físico, “se encuentra bien”, pero advirtió sobre el estado anímico: “Hoy está triste, deprimida, y es lógico. Lleva mucho tiempo formar un árbitro y ahora hay que sostenerla, levantarla para que vuelva a sentir la pasión y la vocación por el arbitraje”.
Desde el entorno de la árbitra trascendió que inició un tratamiento psicológico tras el ataque y, por el momento, tomó una decisión dura: no quiere volver a dirigir. El Doce TV informó que, golpeada por lo vivido, se aleja de las canchas mientras intenta procesar el episodio.
En la AIA son claros: el foco ahora es acompañarla. “Desde la AIA aseguraron que acompañarán a Lucrecia Cruz en su recuperación y en el proceso necesario para que pueda volver a las canchas, al tiempo que insistieron en la necesidad de medidas más firmes para proteger a quienes cumplen la función arbitral en el fútbol amateur”.
“Así no se puede seguir”: el organizador en la cuerda floja
Más allá de la agresión a la árbitra, el episodio puso en jaque la continuidad de la Copa Potrero. Su organizador, Matías Fredes, no ocultó el cansancio ni las dudas: “Lo organizo porque me gusta, pero cuando pasan estas cosas me quedo pensando si da para seguir o no”, confesó.
Fredes relató momentos de pánico alrededor de la cancha. “Estaba en la cancha con mi hija y lamentablemente la tuve que meter en el baño porque escuché el primer piedrazo. Fue de una persona a la que no dejamos jugar en ningún torneo. Tiró piedras para todos lados y, además, también metí a una señora con un bebé. Por suerte no me pasó nada”, contó.
El torneo, que entrega premios económicos importantes -unos 600 mil pesos para repartir entre el plantel- y suma equipos con pasado en la Liga del Sur, se jugó más de 40 partidos sin hechos de gravedad hasta el sábado. Pero un solo bastó para cuestionar todo el modelo.
Fredes fue tajante con las sanciones: “Siempre decimos que el jugador que agrede o pelea no juega más. Nosotros nos dedicamos a torneos de fútbol 6 en el sintético de Villa Mitre y ahora, en el verano, organizamos fútbol 11. Con organizadores de otros torneos nos ponemos de acuerdo y no juegan más en ninguno de ellos”.
Antecedentes, denuncias y un pedido de disculpas
En paralelo a la repercusión del video, empezaron a surgir testimonios sobre el historial de uno de los equipos involucrados. Una oyente de La Brújula 24 aseguró que La Banda del Moy ya había sido desplazado de distintas ligas amateur por episodios conflictivos recurrentes.
Ante la lluvia de críticas y la viralización de las imágenes, el club salió a pedir disculpas a través de un comunicado. “Solamente queremos pedir disculpas a la gente por lo ocurrido ayer en la liga potrero. No vamos a buscar culpables ni decir quién tuvo la culpa de lo ocurrido (sabemos qué pasó y hasta hubo una mujer quemada que intentaba separar, pero no vamos a victimizarnos). Nosotros vamos a hacernos cargo de lo nuestro y vamos a tomar medidas para que no vuelva a suceder”, expresaron.
El texto remata con un intento de poner distancia entre el hecho y su trayectoria: “Solo decirle que somos un equipo que venimos hace 10 años jugando y lamentablemente es la primera vez que pasa algo así. Mil disculpas a la gente que fue a ver un partido de fútbol y terminó en lo que terminó”.
“El que sale de una liga, entra a otra”
Desde la AIA, Gustavo Ruiz Díaz puso el foco en una de las patas más frágiles del sistema: la falta de coordinación entre ligas a la hora de sancionar. “El que sale de una liga entra a otra. Mandamos copias de denuncias, planillas, datos, y a veces, como son ligas privadas, los dejan jugar igual. Hay que erradicar la violencia y dejar de naturalizarla”, planteó.
Ruiz Díaz recordó que, incluso, la final de la Copa Potrero del año pasado se tuvo que jugar a puertas cerradas por cuestiones de seguridad. “Hoy ya no se puede brindar ese espectáculo porque corre en riesgo la integridad física de los árbitros”, advirtió.
En la misma línea, marcó una diferencia clave entre el fútbol profesional y el amateur. “El arbitraje amateur enfrenta condiciones más complejas que el profesional”, dijo, y subrayó el rol de la formación y el diálogo en el manejo de situaciones de tensión, aunque reconoció que, muchas veces, el problema viene de personas ajenas al juego: padres en el fútbol formativo, hinchas en ligas amateurs, grupos que se acercan a la cancha sin ningún tipo de contención.
Reglamento existe, pero ¿se aplica?
Ruiz Díaz recordó que las herramientas normativas están ahí. La Regla 5 de las Leyes del Juego otorga a los árbitros la potestad de detener, suspender o finalizar un partido cuando consideren que su integridad física o la de sus colaboradores está en riesgo. “La regla 5 te da la potestad de detener o suspender el partido cuando tu integridad física o la de tus colaboradores está en riesgo. Pero el problema es que no todos lo hacen”, señaló.
En el caso de Bahía Blanca, el desenlace ya había empezado a consumarse afuera del campo, con las hinchadas mezcladas y la frontera entre espectadores y protagonistas totalmente borrosa. La intervención de la Comisaría Cuerta fue clave para frenar la pelea y evitar consecuencias mayores.
¿Qué futuro espera al fútbol amateur bahiense?
Por ahora, la causa pasó a manos de la Justicia: la UFIJ Nº2 ha tomado intervención para identificar a los agresores y determinar las responsabilidades penales correspondientes. En lo deportivo, la Copa Potrero queda al borde del abismo: un organizador que se plantea si “da para seguir”, clubes que deben decidir qué medidas internas adoptan y una figura central —la de la árbitra— con el deseo de arbitraje golpeado por la violencia.
En la AIA insisten en que el eje debe ponerse en dos puntos: más protección para los árbitros y menos tolerancia con la violencia. “Hay que erradicar la violencia y dejar de naturalizarla”, cerró Ruiz Díaz. Mientras tanto, en Bahía Blanca y en cientos de canchas amateur del país, la misma pregunta flota en el aire después de cada video, cada golpe y cada grito: ¿cuántos episodios más harán falta para que, al fin, la respuesta colectiva sea a la altura de lo que el fútbol se merece?
