Belén Gómez: la chica que convirtió un viejo Renault en su hogar sobre ruedas

(NOTI-RIO) Hay personas que esperan a que la vida les dé permiso para soñar. Otras, simplemente, deciden ponerse en marcha detrás de sus propias fantasías. La riocoloradense, Belén Gómez, eligió lo segundo. Hace no tanto, tomó una decisión que muchos llaman radical: dejar atrás una rutina segura para lanzarse a la ruta con poco más que una mochila, una intuición y su Renault 12 que, para ella, no es un auto: es su motor de vida.

Desde las primeras curvas, la travesía fue una prueba constante. Hubo días en los que “seguir” parecía más un acto de fe que una elección.

La falta de recursos económicos, los imprevistos mecánicos, las lluvias, el viento y el calor del norte fueron desafíos que la pusieron a prueba más de una vez. Pero también llegaron los otros factores, los que sostienen: la solidaridad de desconocidos, los mecánicos que cobran lo justo, la gente que regala fruta, o esa mano que ayuda sin preguntar.

Belén lo dice con humildad: “Comer, no te vas a quedar sin morfi… la gente da una mano.”

Esa frase, sencilla y firme, resume un camino donde lo humano pesa tanto como el asfalto.

Entre viaje y viaje, Belén aprendió que el mundo no se mide en kilómetros, sino en decisiones. Que el arte de viajar no está en llegar, sino en adaptarse: reorganizar el espacio del auto, transformar asientos en cama, inventar estantes con madera reciclada, reutilizar lo que aparece en el camino. Y seguir moviéndose, incluso cuando el cuerpo pide descanso, porque esa es la única forma de avanzar.

Su historia no es única, aunque sí profundamente personal. En Argentina hay cada vez más personas que eligen la ruta como forma de vida: parejas, aventureros solitarios, ciclistas, motociclistas, viajeros a dedo y hasta quienes recorren el país en autos antiguos que parecen salidos de un museo. También están los que cuentan con vehículos equipados con todas las comodidades. Pero todos coinciden en algo: vivir en movimiento no es una fantasía, sino una elección real.

Porque la casa, para ellos, no siempre es un lugar, sino un estado de movimiento.

Hoy, Belén está en Río Colorado, en una pausa necesaria. Reacomoda su vehículo, optimiza cada rincón y consigue lo que falta para volver a emprender la ruta. Mientras tanto, sueña con los próximos destinos, con seguir sumando kilómetros, con que cada curva cuente más que la anterior.

“Nada de lo que viví me lo imaginé… pero no me arrepiento ni un minuto de haber tomado la decisión que tomé.”

Ese fragmento suyo es como un faro: una confesión de vulnerabilidad y orgullo al mismo tiempo. Y es lo que queda flotando en el aire cuando la ruta vuelve a llamarla.

Porque Belén no escapa del mundo: se va hacia él, con un Renault que es casa, con manos amigas al costado del camino y con ganas de seguir andando.

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