De Río Colorado a la gloria de Palermo: El sueño y la hazaña de “La Litoraleña”

(NOTI-RIO) En Río Colorado, donde el viento patagónico moldea el carácter y el esfuerzo se mide en madrugadas, nació una historia que hoy desafía a los grandes imperios de la cría equina en Argentina. No es la historia de una cabaña centenaria ni de un establecimiento con cientos de animales. Es la historia de un vecino.

Claudio Belardinelli y su familia, criador riocoloradense, decidió apostar por un sueño en el momento más incierto de nuestra historia reciente. Y hoy, contra todo pronóstico, llevará la bandera de Río Negro a la final nacional del Freno de Oro, la prueba más exigente y prestigiosa de la raza Criolla.

Del 23 al 29 de marzo, en la pista central de Palermo, en el marco de la exposición Nuestros Caballos, “Del Siete Litoraleña” (su yegua) será la única representante rionegrina en la competencia.

Pero más allá del resultado, Claudio ya siente que ganó: representar a su pueblo a su provincia es, para él, el verdadero Freno de Oro.

Un comienzo entre incertidumbre y corazonada

La historia de la Cabaña Cummelén no comenzó con un gran plan de negocios, sino con una intuición. Corría el año 2020. El mundo estaba paralizado por la pandemia y, desde su casa, Claudio y su esposa miraban un remate por televisión.

Fue Iñaqui Otermin quien lanzó la frase que cambió todo: “Comprala, es una buena potranca.” Fue la frase detonante.

Con más coraje que certezas, Claudio compró aquella yegua en cuotas. En ese momento no tenían campo propio.

La cabaña funcionaba en un terreno prestado detrás de la terminal de ómnibus de Río Colorado. Allí empezó todo.

Con el tiempo llegaría la chacra propia. Pero el espíritu nunca cambió: estructura familiar, trabajo artesanal y cada animal cuidado por su nombre y su historia.

Hoy la cabaña familiar “Cummelén” cuenta con apenas cinco caballos. Una cifra mínima frente a las grandes cabañas de Buenos Aires o el Litoral, que manejan cientos de ejemplares y eligen a sus competidores entre cientos.

Sin embargo, en esta suerte de “David contra Goliat”, el trabajo silencioso empezó a dar frutos.

“Es todo suerte, laburo y sacrificio”, dice Claudio con la humildad de quien sabe que ya ganó por el solo hecho de estar ahí. “Ganarle a cabañas con diez veces más recursos es una satisfacción increíble, pero representar a mi pueblo es el verdadero premio”.

El milagro deportivo: décima del país

Para entender la magnitud del logro hay que dimensionar la competencia. El Freno de Oro, nacido en Brasil y expandido por el Mercosur, es la prueba máxima de selección funcional de la raza Criolla. Es, en el mundo ecuestre, lo que la Fórmula 1 representa para el automovilismo.

La exigencia es total:

  • Morfología: jurados evalúan estructura, alzada, musculatura y estándares raciales.
  • Andares y Mansedumbre: paso, trote, galope y obediencia.
  • La Mangueira: trabajo con ganado en espacio cerrado, donde el caballo debe dominar al ternero sin perder equilibrio ni control.
  • Pruebas de Campo: velocidad, frenadas bruscas y giros técnicos en seguimiento de la vaca.

De las decenas de clasificatorias que se realizan en el país -como la de Toay, La Pampa, donde obtuvo su pase- solo acceden a la final los 30 mejores machos y 30 mejores hembras de Argentina.

Del Siete Litoraleña llega a Palermo rankeada en el puesto 10 a nivel nacional.

Décima del país. Única representante de Río Negro.

El equipo detrás del sueño

Claudio insiste en algo: este no es un logro individual.

“Es todo suerte, laburo y sacrificio”, repite con la humildad de quien sabe que estar ahí ya es una victoria.

Detrás de la yegua hay un engranaje humano imprescindible:

  • Marcelo Powels, jinete y domador, encargado de guiarla en pista.
  • Centro de Doma SP, donde se terminó de pulir su potencial.
  • Abel López, quien cuida la chacra cuando Claudio sale a competir.
  • Claudio e Iñaqui Otermin, Pablo Labarrene y Jorge Vendramini, amigos y sostén permanente del proyecto.
  • Y, por supuesto, su familia, motor silencioso de cada decisión.

Ganarle en la pista a cabañas con diez veces más recursos no tiene precio. Pero para Claudio, el verdadero premio es otro: llevar el nombre de Río Colorado al escenario más importante del país.

Una despedida con gloria

“La Litoraleña” entrará a remate en la exposición. Es el ciclo natural del criador pequeño: producir excelencia, demostrarla en la pista más exigente y permitir que el animal continúe su camino, quizá hacia la gloria regional en Brasil, en Esteio.

“Conmigo ya cumplió su ciclo. Es demasiado buena para tenerla tirada en la chacra y los costos para una familia laburante como nosotros son casi imposibles”, dice Claudio con una mezcla de orgullo y desprendimiento.

Hay algo profundamente honesto en esa decisión: priorizar el futuro del animal por encima del apego personal.

El triunfo de la constancia

Más allá de lo que ocurra en Palermo, Río Colorado ya ganó. Posicionar una yegua entre las diez mejores de Argentina, partiendo de una estructura familiar y humilde, es una prueba de que la genética, el trabajo serio y el buen trato pueden equilibrar la balanza frente a los grandes capitales.

Cuando Del Siete Litoraleña pise la arena de Palermo, no llevará solo un número de catálogo. Llevará las tardes silenciosas de pandemia, el polvo de los potreros patagónicos y el orgullo de una comunidad que se reconoce en el esfuerzo de uno de los suyos.

Un vecino.
Una yegua.
Un sueño que nació en la incertidumbre y hoy busca la gloria nacional.

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