
(NOTI-RIO) Se terminaron las etiquetas. En la política rionegrina, el pragmatismo parece haberle ganado la pulseada a la ideología. Martín Soria y Aníbal Tortoriello, dos nombres que hasta ayer parecían agua y aceite, empezaron a tejer un acuerdo con la mirada puesta en 2027.
El legislador José Luis Berros, una de las espadas más afiladas del sorismo, fue el encargado de blanquear lo que muchos sospechaban en los pasillos de la Legislatura. Para el peronismo, el gobierno de Alberto Weretilneck atraviesa un “fin de ciclo” y la única forma de disputar el poder es abrir el juego, aunque eso implique sentarse a la mesa con antiguos enemigos.
Contradicciones a la carta
La movida hace ruido y deja varios heridos en el camino. No es para menos. Todavía resuenan los gritos de Martín Soria en el Senado, donde cruzó con dureza a Patricia Bullrich acusándola de vínculos con el narcotráfico. ¿Cómo se explica ahora este acercamiento con el sector que Bullrich lideraba?
Del otro lado, el panorama no es más sencillo. Tortoriello, que supo comparar a Javier Milei con “Juan el Bautista”, ahora tendrá que explicarle a su votante más duro cómo encaja un pacto con el kirchnerismo local. ¿Habrá descubierto que el profeta bíblico era peronista o es simplemente el frío cálculo electoral el que guía sus pasos?
El recelo libertario
En La Libertad Avanza (LLA) el clima es de traición. Los libertarios, que vieron en Tortoriello a un aliado estratégico para desembarcar en la provincia, hoy lo miran de reojo. El cipoleño ya había dado señales de autonomía al evitar las fotos con la candidata Lorena Villaverde en la última campaña, pero este giro hacia el peronismo rompe cualquier puente previo.
Al final del día, los famosos “acuerdos amplios” pierden su mística y muestran su verdadera cara: menos épica y mucho más cálculo. En Río Negro, el tablero se rompió y las piezas se están pegando con cualquier pegamento que tengan a mano, sin importar el color.

