
(NOTI-RIO) noticia de la cumbre ya es historia. Hoy, la épica del ascenso de Elena Senk al Cerro Champaquí, que a sus 72 años, se completa con sus propias palabras, revelando la profunda lección que se trajo de la montaña: la victoria, más que personal, fue grupal y emocional.
Si el lunes contábamos que Elena llegó a la cumbre “rodeada de afecto, de manos que acompañan”, hoy su testimonio lo confirma. En un video capturado por su compañera, Verónica Curruinca, tras el esfuerzo, la vecina riocoloradense no logra contener la emoción: “Fue emoción, emoción… deseo cumplido, sueño cumplido. ¡Hermoso!”
El cansancio estaba, claro, pero esa chispa en los ojos que solo aparece cuando alguien consigue algo que parecía demasiado grande, hablaba por sí sola.
El Secreto de Elena: Un Mensaje Directo al Corazón
Elena, con la serenidad de quien ha aprendido a valorar cada minuto, aprovechó el momento para dejar un mensaje rotundo a todos los que dudan en enfrentar sus propios desafíos. Su fórmula es simple, pero poderosa:
“Solo no se puede, siempre es en grupo.”
La clave del éxito, para Elena, no fue solo su voluntad, sino el “refugio emocional” que se armó en el sendero, junto a su equipo:
“Si pueden conseguir un grupo como el que conseguí yo, que es todo empuje, que es todo colaboración, toda ayuda mutua, con eso se llega.”
Junto a ella estuvieron los ya conocidos compañeros de altura: Verónica Curruinca, Gladys Izaurralde, Pepe Cartagena, Mónica Gauna y Jorgelina Calliera (guía de Alto Rumbo Turismo Alternativo). Ellos no solo marcaron el sendero; fueron sostén, compañía, risas, silencio compartido y aliento en los tramos más duros, demostrando que la montaña se sube con las piernas, pero “sobre todo con el alma.”
Elena no gritó al tocar el punto más alto de Córdoba. Su emoción se dijo sola, con la humildad de los grandes. Pero su testimonio deja en claro que la voluntad debe ir de la mano con la disciplina.
“Entrenando, siempre entrenando… Vamos a hacer cumbre siempre y cuando tengamos el deseo de llegar.”
La historia de Elena es una huella imborrable. Es ese instante en el que el mundo se queda quieto y solo existe el viento, la piedra y un grupo de personas que celebran algo más que una cumbre: celebran una historia de vida.
Quienes la acompañaron volverán a sus casas con un recuerdo que pesará menos que una mochila, pero más que cualquier piedra del camino: la certeza de que los grandes logros no entienden de edades, sino de corazón y voluntad compartida.
