La sensibilidad de los artistas, debe ser una de las cosas que mas sana envidia, me genera -si es que la envidia tiene un costado sano- y lo mas asombroso es, que se pone de manifiesto a cada momento de sus vidas. No sólo actuando. No sólo tocando. Este fin de semana próximo pasado, Las Grutas tuvo la oportunidad de presenciar un hecho único e irrepetible.
El maestro Miguel Angel Barcos, acarreó su piano y su arte hasta las playas del Golfo mas azul del continente, y desplegó todo su bagaje, de acordes, armonías y de interminables conocimientos.
El viernes 25, compartimos ese maravilloso momento.
Pero el Sábado 26 se produjo, lo que nadie imaginaba.
Ni los organizadores.
Llegó Nicolás Malbos con su bandoneón a cuestas.
Nico venía de tocar en Cutral – Có.
Obviamente que se conocían de hace mucho.
De saberse.
De amenazarse.
“Un día tendríamos que hacer algo juntos”, sentenciaba Barcos, cada tanto.
“Cuando usted diga, Miguel”, afirmaba el cachorrro, respetuoso.
Pero nunca treparon juntos mismo escenario.
Hasta este Sábado.
Se encontraron, instrumentos en mano, por primera vez a las 19 hs. en el mismo lugar donde luego brillarían.
En ese momento, solo tres “ajenos” al convite estabamos en el lugar.
Pedro Corradi, crédito de Centenario y amigo personal de Barcos; Marijó, dúctil camarera de Casablanca y el firmante de estas líneas.
Dos o tres parroquianos, prefirieron salir a caminar, en vez de presenciar ese hecho genial.
Allí se empezó a tomar verdadera dimensión de lo que podría llegar a pasar, un par de horas mas tarde.
Fueron 90 minutos de arte puro.
De dos grandes reunidos, alrededor de un tango o una milonga.
No volverá a ocurrir.
Aún cuando vuelvan a encontrarse.
Lo del Sábado 26 de Mayo fue único e irrepetible.
El veterano, por los años, la trayectoria, los escenarios, las orquestas y las giras por el mundo.
El joven, por su sensibilidad, su digitación, su técnica y por todo lo que le falta aprender.
Dos vidas.
Dos estilos.
Dos formas de vivir.
Y un solo arte. La música.
Emoción … gestos cómplices … la maravilla hecha música ciudadana.
Quienes estuvieron, saben de que se trató.
El resto que se jorobe.
Quedarán algunas decenas de testigos, que lo del Sábado, fue único e irrepetible.
