El 1° de septiembre se celebra el día del “periodista agropecuario” porque en este día del año 1812 Hipólito Vieytes fundó el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio. Otro hombre de la historia, Tomás Grigera escribió el primer Manual de Agricultura en 1819. Ambos estuvieron enfrentados desde la política puesto que Vieytes era morenista, mientras que Grigera era firme partidario del saavedrismo y fue protagonista de la revolución de los orilleros del 5 de abril de 1812. Sin embargo lo que importa hoy es destacar los valores de ambos y en el año del Bicentenario recordarlos como hombres que trabajaron en los cimientos de nuestra patria.
Grigera nació en 1753 y vivió en una quinta en Monserrat, en 1801 ya se había instalado en una chacra en un sitio de lo que hoy es Lomas de Zamora. En materia agropecuaria no hay duda alguna que fue un adelantado, un innovador. Mucho antes que se impusiera el alambrado cercó sus chacras y quintas con tunas. Cultivó cereales, frutales, gusanos de seda y crío cerdos y ovejas. En 1819 editó el primer Manual de Agricultura. Contiene un calendario de siembra y consejos sobre cultivos hortícolas, frutales y de cereales. Entre las especies forestales nombra autóctonas como el ñandubay y el quebracho y entre las exóticas: álamos, pinos, cipreses y paraísos.
Tomás Grigera escribió como introducción en su Manual de Agricultura:
Exmo. Señor
El aumento de la agricultura es la suma felicidad de un estado; y un deber del Supremo Jefe de la nación distinguir y proteger a la clase industriosa de labradores, para afirmar aquel aumento, y con él la prosperidad nacional.
Celoso y diligente observador V. E. de las atribuciones de su Poder Supremo siempre ha tenido en consideración el grande interés, y no menor importancia anexa al fomento de la labranza.
Por él ha empleado y emplea V. E. la influencia de un padre, dedicándose a fecundizar la época de su administración con providencias saludables al progreso, que ha enseñado el mundo culto, hasta alentar con su ejemplo a sus conciudadanos.
Gratulándome por los conatos que particularizan a V. E. en esta parte, me he propuesto mostrar mi gratitud, consagrando a V. E. los conocimientos prácticos que he compilado en la pequeña obra, que no sin encogimiento ofrezco y presento a V. E.
La ofrenda sale de las manos de un labrador sin principios, ni otros estudios que los de la práctica adquirida por un trabajo material desde la infancia. Parte a las de V. E. desde el retiro a que me condujo el destino; y es el fruto de un americano que sabe cumplir con una fe agradecida.
Corta es la ofrenda; pero me cuesta un sacrificio, no el consagrar la obra a V. E. sino el publicar mi nombre en medio de las luces. Aun en esto con la religiosidad de una palabra, sana al pedírmela, laudable al ofrecerla, y llena para ambas partes de los mejores deseos.
Ellos puestos bajo los auspicios de V. E. ya que no satisfagan, servirán al menos para animar, o despertar a los compatriotas instruidos a adelantar y perfeccionar la obra con conocimientos coordinados y de excelente utilidad.