Semanas atrás, cientos de personas marcharon en ciudades de todo el país rechazando los feminicidios. Rosa Barros fue apuñalada y luego degollada por su ex marido al sur de Tucumán; tenía seis hijos. Paola Nievas, de 29 años, fue baleada por su novio en Córdoba; tenía tres hijos.
En La Rioja, Ramona Montivero, de 38 años, fue apuñalada hasta morir por su marido; tenía una hija.
Estos son apenas tres de los feminicidios ocurridos en el país en lo que va del año.
Ciento diecinueve habrían sido entre el 1º de enero y el 30 de junio, según las estadísticas que lleva el Observatorio Marisel Zambrano en base al reporte de los medios de comunicación.
En las noticias cada vez se da más cuenta de este tipo de asesinato que se basa en las relaciones desiguales entre mujeres y varones.
Las discusiones y problemas de pareja existen, pero la razón por la cual los varones concluyen los desacuerdos con escenas de violencia muchas veces fatales tiene una sola explicación: se sienten con derecho a maltratar a las mujeres, a hacer sentir su dominio, a ejercer poder por el medio que sea.
Se hace y no se hace.
Hace pocas semanas recorrió las pantallas la imagen de Natalia Riquelme, en Bahía Blanca, golpeada por su ex esposo frente a su hija.
El relato visual fue tan potente que hasta la presidenta salió a hablar del tema.
El asesinato de Carla Figueroa en La Pampa, a pocos días de casarse, haciéndole un favor a su marido para que saliera de prisión y que derivó en la derogación de la figura del avenimiento todavía está fresco.
Las imágenes se reproducen con inédita velocidad y a la par crece el hartazgo social.
Marcha
Semanas atrás, cientos de personas marcharon en ciudades de casi todo el país rechazando los feminicidios.
En jornadas que nacieron en Tucumán alumbradas por otros feroces feminicidios de esa región: Aída Correa, violada y quemada viva por el ex novio y sus amigos; María Marquesa Bernucio, quemada viva por el marido; y María Medina, a quien el ex novio la golpeó y quebró los huesos antes de también quemarla viva, la queja por los asesinatos de mujeres por razones de género se extendieron desde Jujuy a Buenos Aires y de Río Negro a Misiones.
El reclamo de las mujeres y varones en las calles fue el mismo: ‘¡Basta de asesinar mujeres! Paremos los feminicidios‘, y el pedido de que sea declarada una emergencia nacional en violencia de género.
El hartazgo tiene que ver con los asesinatos que no paran y con el Estado que no los detiene.
Para que los varones dejen de sentirse con derecho a controlar, dominar y eventualmente maltratar y disponer del cuerpo y la vida de las mujeres, debe haber un Estado que prevenga, eduque y también reprima.
La misma semana que se hicieron las Jornadas contra los Feminicidios, una vigilia recorrió las noches de las mismas ciudades y de otras diferentes: también mujeres y varones convocándose para reclamar que la justicia deje de ser casi ciega frente a la violencia de género: testimonios que no son tenidos en cuenta, pruebas descartadas, prejuicios de género de todo tipo, son algunos de los tips sexistas de la justicia argentina.
Basta, basta, de violencia, de asesinatos, de niñas y niños que quedan huérfanos, de muertes evitables provocadas por machistas. Esto están diciendo mujeres y varones de todo el país. Y eso debería escuchar el Estado y actuar. Argentina tiene una muy buena Ley de Violencia de Género, no permite sancionar a los maltratadores pero sí habilita muchas otras acciones que, si se llevaran adelante, modificarían el estado de situación. Porque si bien la punición es importante, no es lo único.
Los varones matan porque creen que las mujeres les pertenecen, y esa idea de posesión y dominio se transforma con educación además de castigos.
La Ley de Violencia tiene muchas estrategias y herramientas para trabajar el ámbito cultural y preventivo, pero para eso debe ser implementada y explorada. No es la primera vez que tenemos un excelente marco normativo no desarrollado.
¿Por qué los varones gritan, maltratan y asesinan a las mujeres? ¿Es una violencia diferente a otras: al ánimo belicoso, a la intención de subordinar a la naturaleza? No, es la misma; los varones maltratan porque fueron moldeados culturalmente en la competencia, la ferocidad y el dominio. De todo, no sólo de las mujeres.
Desde hace unas semanas, puede verse en Fútbol para Todos la campaña Sacale Tarjeta Roja al Maltratador, donde algunos varones interpelan a sus pares diciéndoles que violentar no es ser hombre. Se trata de un buen gesto del gobierno donar estos minutos de publicidad para una campaña de bien público surgida desde la sociedad civil, pero no alcanza.
Es urgente que el Estado asuma un compromiso cierto con la violencia de género, que implique planificación y recursos económicos.
Ya no somos sólo las mujeres las que salimos a la calle reclamando el cese de la violencia.
Cada vez somos más. El pedido de emergencia nacional ya está en el Congreso Nacional y en varios parlamentos provinciales. La ‘tolerancia cero‘ al maltratador va en aumento.
La seguridad de las y los ciudadanos no puede seguir midiéndose por los robos y ataques a la propiedad privada, sin dimensionar que las mujeres no somos víctimas principalmente de esos hechos, sino que morimos mucho más en nuestras casas y en manos de varones que se suponía que nos amaban.
Por: Sandra Chaher.