|
El juez de Garantías Guillermo Mércuri tiene en su poder las más de 500 fojas que acumula la causa que lleva adelante la fiscal María Marta Corrado y que tiene como imputados a Jesús Olivera y Estefanía Heit. Los detenidos están acusados de estafar, secuestrar, violar, torturar e intentar asesinar a Sonia Marisol Molina, todos hechos ocurridos en una casa de Coronel Suárez entre el 9 de agosto y 12 de noviembre pasados. Para la fiscal el relato de Molina es creíble y los elementos de cargo son suficientes para solicitar la prisión preventiva del matrimonio Heit-Olivera. En contrapartida, la defensa señala que la declaración de la supuesta víctima “es muy contradictoria” y que sus dichos son “fácilmente rebatibles con pruebas o declaraciones testimoniales”. Las dudas Lo que en un principio pareció ser una denuncia contundente y sin fisuras por parte de Molina, comenzó a resquebrajarse con el correr de los días. Los videos de abusos sexuales que el intendente de Suárez, Ricardo Moccero, y la familia de Molina anunciaron que habían sido secuestrados en la casa de Gran Bourg 1823, al día de hoy no existen en la causa, según pudo constarar LB24. “No hay una sola imagen de violación o de algún hecho aberrante como el que se acusa, que abran todas las computadoras, no hay nada porque sencillamente no existió nada de lo denunciado”, afirmó Olivera desde la cárcel. Al menos una docena de personas, incluidos vecinos y policías de diferentes destacamentos, vieron y conversaron con Molina fuera de la casa de los acusados, entre 9 de agosto y 12 de noviembre, lapso de tiempo que la denunciante dijo haber estado cautiva. “Está comprobado que Sonia entraba y salía, nunca le pidió ayuda a nadie ni hizo la denuncia si es que estaba privada de su libertad. Hasta fue a un medio de comunicación y salió al aire en un programa. Además, nadie nunca escucho ruidos ni gritos, ni nada raro en esa vivienda”, argumenta la defensa. Para Corrado, Molina salía de la casa y volvía a su lugar de cautiverio porque estaba amenazada de muerte. La denunciante dijo que la golpeaban, que la obligaban a ayunar y, en otros monetos, a comer excremento de perros y a tomar lavandina entre otras vejaciones. “Eso es una locura, todo tendría que salir en los análisis clínicos que le hicieron si es que comía caca de perros y tomaba lavandina”, se defiende Olivera. Ayuno voluntario En la causa, a la que tuvo acceso LB24, consta que el 12 de noviembre Sonia Molina ingresó al hospital de Suárez desnutrida, deshidratada y con marcas de quemaduras en la piel. “Ella siempre que venía a casa aparecía en ese estado calamitoso. La última vez, antes de que nos hiciera la denuncia, la ayude a bañarse, le compre Nopucid para los piojos y una crema para los hongos de los pies”, contó Estefanía ante la fiscal. “Ella estaba obsesionada conmigo. Pero yo sólo estoy enamorado de mi mujer”, afirma Olivera. Y describe: “nosotros le dábamos lugar en casa porque somos cristianos y siempre ayudamos a la gente. En nuestro hogar le dábamos de comer muy bien. Hasta le comprábamos sushi y huevos de chocolate que eran su perdición”. En cuanto al estado en el que se encontraba Molina al momento de denunciarlos, Olivera argumenta que “Sonia es devota de un pastor que se llama Yiye Ávila, que les sugiere ayunos a sus seguidores para limpiarse del pecado. Es más, ella no empezó con los ayunos en Súarez sino que los venía haciendo desde Río Colorado. Por eso a veces estaba flaca y en estado de abandono”. El tema de los ayunos es un punto clave en la investigación. Molina, en su declaración bajo juramento de decir verdad, le dijo a la fiscal: “Olivera y Heit me obligaban a hacer ayunos”. Sin embargo, sus dichos claramente se contraponen con lo que escribió Marianela Parenti, psicóloga y jefa de Salud Mental del Hospital Raúl Caccavo de Coronel Suárez, el 3 de diciembre. La profesional describe en su informe que “Sonia relata los hechos comenzando a manifestar frases como: ‘yo estaba de acuerdo con realizar ayunos´. En otro tramo del exámen, la psicóloga sostiene que “Sonia refiere que ya hacía ayunos en Río Colorado para estar preparada para ir a realizar misiones solidarias a Chaco”. Y concluye: “todas estas cuestiones estaban justificadas por motivos religiosos”. Desde la defensa de los acusados sospechan que “evidentemente antes de llegar a Bahía para declarar ante la fiscal, alguien de Suárez le preparó el speech porque a la Justicia no le contó lo mismo que a la psicóloga. Es muy extraño, es como si hubiera una intencionalidad para perjudicar a Heit y Olivera”. El escape La forma de escape de Molina de su supuesto cautiverio, también es motivo de cuestionamientos por parte de Olivera. “¿A ustedes le parece coherente que una persona que dice que no se podía mantener en pie le diga a la fiscal que saltó cinco paredones, una ventana y un ventilúz… Además, donde están las marcas de las ataduras que dijo por TV? Yo pido pruebas nada más”, repite el detenido. En cuanto a los dos únicos vídeos que sí constan en la causa, en ambos se puede ver a Molina tirada en el suelo, en un estado calamitoso. “Sí nosotros la filmamos”, admite Olivera y agrega que “lo hicimos para mostrárselo a ella, porque cuando venía a casa le agarraban como ataques, decía que estaba endemoniada, gritaba, hacía caca en el living y después se levantaba y hacía como si no hubiera pasado nada. Por eso el tema de los videos, para mostrarle a ella como se ponía porque, porque Sonia decía que no era ella y no recordaba los ataques que le daban”. Por otro lado, se menciona que Molina hizo el mismo tipo de denuncias -abuso y secuestro- contra su ex marido en Río Colorado. Y que, meses antes, de viajar a Suárez -eso consta en el expediente judicial- le enviaba mails a Olivera contándoles supuestos “sueños premonitorios”, en los que ella se veía secuestrada hasta que lograba escapar. Todas historias con similitudes a la que luego, efectivamente, denunció en la Justicia. Consultado sobre por qué motivo cuando Sonia volvía en estado de abandono no pedían ayuda o la llevaban al hospital, Olivera mencionó que “Sonia era muy difícil de manejar y nos rogaba que no la lleváramos a ningún lugar, que no lo volvería a hacer”. En tanto, se su declaración, Heit indicó que “yo la ayudaba como podía pero ahora, después de todo lo ocurrido, pienso que sí que tendríamos que haberla llevado al hospital”. Un trio mediático Párrafo aparte merece el aspecto mediático de los protagonistas de esta hístoria. Tanto la supuesta víctima y como los supuestos victimarios negociaron con medios de Capital Federal las entrevistas exclusivas. Sonia arregló con Canal 13 y brindó una nota de una hora -previo a pasar por la peluquería- y se instaló en el coqueto Hotel Land Plaza. Luego, con custodia permanente de la Policía bonaerense, alejó al resto de los medios de comunicación por la exclusividad que ya había prometido. Olivera desde la cárcel ordenó la manera en que atendería a los diferentes periodistas y los organizó por turnos. Pidió una camisa y apareció con el pelo planchado. Y hasta se comprometió con Chiche Gelblung a someterse a la “máquina de la verdad” para poder demostrar su inocencia. En tanto, Heit sigue aún sin romper el hielo mediático pero trascendió que ya habló con el canal C5N para no ser menos que su esposo y que su ex amiga Sonia. |