(NOTI-RIO) Edgardo y Héctor Molina, Edgardo Gamboa y Walter Pesce con el uniforme casi reglamentario de boina , bombacha gaucha, sombrero, camisa y pañuelo al cuello, decidieron hacer una travesía desde Río Colorado por caminos rionegrinos para finalizar en La Balsa de la localidad de Duval en suelo pampeano con un fin solidario.
El viaje duró doce días y recorrieron un total de unos 600 kilómetros (ida y vuelta), transportados en un sulky, en una Villalonga y un caballo, llevando consigo solamente las provisiones mínimas, sin apoyo logístico y despojado de todas las tecnologías actuales.
El principal objetivo de los hombres tradicionalistas fue homenajear a sus antepasados y vivir en carne propia el sacrificio que era llevar adelante cada largo viaje en los vehículos a tracción, a sangre, que demandaba mucho tiempo, incomodidades y riesgos.”Si nuestros abuelos o los bisabuelos eran capaces de trasladarse de esta forma, porque nosotros no” recordaba con orgullo Edgardo.
La idea nació luego de una noche de recuerdos para ver que se siente dejar las comodidades cotidianas y las ventajas que brinda cualquier transporte actual.
Al principio la lista de amigos era numerosa, pero a medida que se acercaba la fecha fijada por distintos motivos se redujo a cuatro, que con todo el coraje y la normal incertidumbre de que le depararía el recorrido, partieron un amanecer en pleno mes de octubre.
Ese espíritu de compañerismo, la convivencia en armonía, largas charlas con interminables anécdotas y el constante buen humor, hasta algunas guitarreadas fueron el mejor condimento para afrontar extensas horas de marcha y trotes por caminos arenosos, que llegaban a fatigar a los animales.
Cada jornada dejaba una experiencia nueva, simultáneamente, quedaban cautivos de las soledades de los campos y se maravillaron con cada amanecer o atardeceres más anchos y bellos que brindaba la naturaleza al finalizar cada día.
“La comida que llevábamos fue mínima, el objetivo fue alimentarnos con lo que pudiéramos cazar, alguna viscacha, peludo o cosas así y en ocasiones acudíamos a los propietarios de campos amigos quienes nos invitaban a compartir la mesa con sus familia” relataba Héctor y entre risas agregó “Un día una camioneta había matado unas martinetas, las limpiamos bien y fueron derechito a la olla”
Entre tantas historias recordaron que a poco de iniciar el recorrido tuvieron que refugiarse por tres días a consecuencia de una fuerte tormenta de lluvia donde el cielo descargo unos 250 milímetro y vieron con sus propios ojos como animales murieron ahogados por el agua acumulada y los carros se llegaron a enterrar “hasta el eje”.
EL GESTO SOLIDARIO.
A pesar del cansancio y los distintos contratiempos lógicos envueltos en una nube de polvo, llegaron hasta “La Balsa” logrando el objetivo, entregarle una heladera a gas a doña “Coqui” y a su hijo Walter, quienes viven de la cría de chivas y no contaban con el refrigerador para conservar los alimentos.
“Principalmente en épocas de verano a la familia se le hacia imposible conservar alimentos o tener al menos un poco de agua fría. Nosotros cumplimos el sueño de viajar como lo hacia la gente de antes y vivir una experiencia inolvidables y a su vez colaboramos minimamente con excelentes personas” manifestaba Gamboa.
Luego de recuperar fuerzas los amigos retomaron el camino de regreso de la misma forma y planeando cual será su próxima travesía.
