No es valentía, es memoria

Como la belleza a la mujer, la valentía es un buen piropo para el hombre. De chicos, el mas valiente era el líder del barrio. Era el que primero defendía a sus amigos y el que negociaba la “medalla” del picado. En aquellos años el más valiente de nosotros ya fumaba y hasta le había dado un beso a la piba mas linda de mi calle. Valiente, agallas, “güevo”, eran sinónimos de la identificación de aquellos años, con los líderes grupales, entre los pibes. Es lindo piropo, “ese tiene pelotas”, “aquel se las aguanta”, o frases por el estilo.

Conlleva liderazgo, la valentía.

Nunca pertenecí a ese grupo.

No era mi característica pre-adolescente.

Tampoco podría asegurar, que sea una etiqueta que he podido alcanzar con el paso del tiempo.

Y menos en este tema.

Es otra cosa.

Esto es la responsabilidad social a la que te obliga la memoria.

Ese piropo me gusta mas, si es que tuviera que recibir alguno.

Jamás se me hubiera ocurrido que alguien pudiera buscar algún rédito en la muerte de Sergio y de Raquel, entonces hay algo que debe quedar claro inicialmente.

En mi casa, ni mi esposa ni mis hijos, únicos seres a los que les debo explicaciones, necesitan de ningún acto público que me tenga como protagonista, para saber cual es mi sentimiento con este tema.

No necesito recorrer San Martín de punta a punta, para que la llama que habita en mi cuerpo desde aquel día, se reavive.

El aplauso es otra cosa grata.

Pero lamento haberlo recibido, en estas circunstancias.

Alguien me dijo ayer: “fue la ovación de la tarde.”

Sepan que cambio ese gesto, también valiente de uds. de aplaudir a rabiar, por cualquier episodio que ponga luz sobre la muerte de estos chicos.

Pero quiero relatarles, el porqué de lo de ayer.

Entre mis afectos mas preciados, se encuentra el Ingeniero Rodolfo Villalba.

Siempre me ocurre que cuando hay una situación compleja, “Fito” está cerca.

También cuando hay una cosa linda y agradable para celebrar.

O un episodio tan intenso como el de este Viernes  5 de Abril.

Fue él,  autor intelectual de pasar con la bicicleta tandem, en la que hicieron su último viaje los chicos.

No duró nada la conversación para ultimar los detalles.

Sabedor de que, hasta que la multitud entiende lo sucedido, puede ocurrir de todo, me fui una hora antes a la esquina de Chile y San Martín.

Y allí me quedé esperando el momento.

Muchos gritaban frases jocosas.

Atrevidas, otros.

Vivir en Río Colorado, tiene que tener como condición fundamental, reconocer el origen de la única bicicleta doble de verdadero valor histórico.

Los chiquitos, son fácilmente perdonables.

El que tiene mas de 20, no tanto.

Los de 30, no tienen derecho a no saber.

Luis Albarracín, me transfirió esa preocupación, hace un par de meses.

Con la rabia, atravesándole la garganta, Luis me gritó: “Nos estamos olvidando de Sergio y de Raquel.”

Pensé en contestarle, para que no me involucrara en esa lista, pero inmediatamente me di cuenta, que tenía razón.

Por eso, ante el primer llamado del Ing. Villalba, solo hice espacio para preguntar lugar y horario.

La información, se filtró entre unos pocos, pero el mas alto porcentaje de la gente, no sabía nada.

Hay detalles que debo narrar.

Los primeros metros, la bicicleta pesa lo que pesa.

Dos cuadras mas adelante, llega a las 4 toneladas.

Y cerca del palco, se hace imposible llevarla.

El peso de la historia es tremendo.

Mi objetivo era que los chiquitos, le preguntaran a papá y a mamá “quien es ese señor y por que la bicicleta tan vieja y estropeada.”

Y se logró ese efecto.

Pero papá y mamá apenas podían con su nudo en la garganta como para intentar contestar.

Miles de pares de ojos inundados, buscando una explicación a tanta injusticia; a tanto dolor.

Delante de la bicicleta, niñitos de un grupo de artes marciales, bromeaban con el estado de la bicicleta, pero empezaron a notar que algo pasaba en la esquina con Alem.

Un rubiecito de ojos color cielo, me preguntó: “Es tuya ?”

Y me atreví a contestar que no, pero le pedi que a la noche, cuando llegara a casa, le contara a mamá y a papá que habían visto un tipo con una bici doble, que en casa, seguro le iban a saber explicar, que era eso que le llamaba tanto la atención.

Escuché gritos desgarradores.

De madres, desbordadas por la angustia del paso de los años sin respuesta.

Alaridos de aliento.

Solo un padre, de los que entendían lo que estaba pasando, puede dejar un grito que sirviera para mitigar el peso, que a esa altura de San martín, la bicicleta tenía.

Para ayudar a llegar hasta el palco.

Como me había jurado no llorar, y debi resignarme, en el cruce con Echeverría, tomé la decisión de mirar al suelo.

El único objeto era que la protagonista fuera la bici.

Que se entendiera, que aunque el rostro visible era uno solo, a la par venían Pirucha, la Abuela Bocha, el Bocha, Chiche, el Flaco, Graciela.

Que el esfuerzo primero de Don Leandro, Graciela y sus hijos, no había sido en vano.

Que los primeros 25 vecinos que nos juntamos en República Española y San Martín, venían ahí.

Llegando al palco, no podía más.

Pensé en llegar y levantarla los mas alto que me dieran lo brazos, como si fuera una ofrenda al cielo.

Pero a esa altura, el peso sobre el pecho era tal, que no me dejaba pensar.

Es ensordecedor, el aplauso popular cuando reclama.

Mas intenso que cuando celebra o reconoce.

Las manos rojas de mis amigos de toda la vida.

De mis compañeros de escuela.

De los chicos de mi club.

De mi pueblo todo.

Manos rojas.

Cataratas de lágrimas incontenibles.

De rabia.

De dolor.

De tristeza acumulada.

Cuando llegué al palco, me olvidé de todo lo que había pensado.

Vi la figura de Carlos Peralta, presidente del Parlamento Rionegrino, pensé en decirle que se hiciera cargo de que el auto en el que los asesinos de Sergio y Raquel, huyeron del lugar, era un vehículo propiedad del poder que él preside.

Entonces, tomé un cartelito que “Fito” había preparado, para colgarlo de la bici y así ilustrar a los que no sabían de que se trataba y lo encaré.

Antes, le pedi a un nene que estaba bajo el palco que me ayudara.

Se asustó.

Pero luego fue el nene valiente que yo necesitara que fuera.

Por que no la quería dejar tirada en el piso ni un segundo.

Ni uno solo.

Y el nene valiente, la sostuvo.

Si alguien lo reconoce, les ruego le hagan llegar un beso de mi parte.

Peralta temblaba como yo y eso me puso mas tranquilo.

El diálogo, fue corto.

Entre hombres.

“Carlitos, yo se que vos no tuviste nada que ver con esto, pero te pido que a donde vayas, lo recuerdes siempre.”

La respuesta fue a lo Peralta.

“Quedate bien tranquilo.”

Me di vuelta y me fuí, pero supe que levantó lo mas alto que pudo el nombre de los chicos.

Y me gustó.

Lo de después, es todo anécdota.

Linda anécdota.

Villaba, me escribió unas líneas horas después.

“Ayer no eras vos, Daniel, eran los chicos que sentados sonrientes y enamorados en la bicicleta nos recordaron que no fuimos capaces de encontrar a sus asesinos. Que no falte en ningún desfile de ahora en mas, para que siga doliendo, para que alguien en la justicia lo intente de nuevo. No te preocupes, si alguna vez no podés hacerlo vos, alguno de nosotros estará para pasar ese símbolo y para que los chicos jóvenes pregunten a sus padres que significa esa vieja bicicleta doble.”

Entendió perfecto, Villalba.

Pero esto no es agallas.

Ni valentía.

Que quede claro.

Esto es memoria.

En estado puro.

Memoria en defensa personal.

Como otros, en el Doble Crímen de Río Colorado, he conocido varias puntas de la estrella.

Vi a uno de los encubridores, con un revolver calibre 38 en la mesa de la cocina de mi casa, explicándome la conveniencia de dejar pasar el tema; he visto alguna vez un señor con un portafolio lleno de dinero, buscando despegar a sus hijos del tema; algún abogado borrando imágenes de video; a Bachi Chironi, caminar con su hijita que cumplía años, rumbo al cementerio local; acudí a la segunda muerte, segundo velorio y segundo entierro de los chicos;  a la justicia liberar a encubridores; a Mario Gonzalez, Raúl Antonio García y a Fabián Llavel, perder tres interminables años de sus vidas; escuché a Tony Villegas preparar la letra para que Ihnaken cantara por ambos;  y fui el conductor del programa de tv que terminó con la muerte de mi amigo … entre otras cosas.

Agallas había que tener en aquellos momentos.

Hoy ya pasó.

En este tiempo se necesita memoria.

Solo memoria.

Quiero decirle a la mayoría de los habitantes de mi pueblo, que me siento orgulloso de ellos.

Me gustó el gesto valiente del aplauso de ayer.

En otros tiempos, vi gente esconderse, para no hablar del tema.

Que les agradezco esa valentía, de aplaudir con fuerza.

De gritar ahogados.

De acompañarme a llevarla de una punta a la otra.

Esa es la bici de la memoria.

Quiero pedirle a nuestros concejales, al poder ejecutivo, algo especial.

Hablen con la familia de Sergio.

Ellos la tienen.

Esa bici tiene que ser del pueblo.

De todos.

Nuestra historia inconclusa, está ahí.

Y que nunca la arreglen, ni la pinten.

Es así.

Alguien me escribió algo sobre el óxido de la bici.

A mi me gusta verla así.

Sepan que hasta el día que pueda caminar 100 mts sin desfallecer en el intento, la voy a llevar de una punta a la otra.

Y si la vida no me deja, busquen entre todos, a alguien que la pueda pasear.

Todos los años.

Cada 29 de Marzo.

No la tiene que llevar ningún valiente.

Tampoco uno que “ponga güevo.”

La tiene que llevar, uno que tenga memoria.

Daniel Ferrer – Abril de 2013

 

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