La utilización de las becas como instrumento laboral y de movilización política persiste en el Estado rionegrino. El número de beneficiarios sigue en crecimiento, a tal punto que subió casi medio millar o un 55% en tres meses. Este sistema, organizado y pervertido por los gobiernos radicales, continúa y se vigoriza en la gestión de Alberto Weretilneck. El listado de noviembre, formalizado por Desarrollo Social, superaba ajustadamente el millar, previéndose su reducción a partir de un acuerdo gremial para la regularización de los “becarios” con su pase a contrato laboral. Aún así, la nómina de febrero ascendió a casi 1.400 beneficiarios. La incorporación supera las 500 becas, considerando la baja de un centenar por su transformación en un contrato de trabajo.
Hay otros antecedentes. La nómina de septiembre, cuando Jorge Vallaza conducía Desarrollo Social, alcanzó a 963 becas por 1.884.500 pesos, según la resolución Nº 9, formalizada por el nuevo ministro Paillalef. Los pagos de octubre llegaron a 1.000 aportes por 1.938.550 pesos, considerando la resolución Nº 643.Los registros de la Contaduría General ratifican el aumento de la partida becas. El primer bimestre del 2013 llegó a 6,06 millones frente a los 4,64 millones de igual período del 2012. El teórico mecanismo de becas para “la capacitación en Servicio e Investigación” se fundamenta en un “programa para promover el acceso de personas a modalidades de capacitación en adiestramiento administrativo y servicio social, fomentar el estudio y la investigación, la prevención, promoción, asistencia y protección vinculados a temas tales como, niño, mujer, familia, anciano, violencia, marginación, sexualidad y adolescencia”. Hace 10 años, el radicalismo abrió y manipuló ese sistema que quedó subordinado al manejo proselitista y además, alentó la conformación de una precarizada estructura laboral.El gobierno del Frente para la Victoria amagó con su desarticulación, pero últimamente ha vigorizado el esquema, con la particularidad de las disputas internas en el Ministerio de Paillalef. Al arribar a esa cartera, Vallaza se sorprendió con la multitud de becarios. Se transformó en un ministro moderador entre el desarme requerido por el gobernador Alberto Weretilneck y la presión gremial por la normalización de los becarios que cumplían tareas. Aquella posición intermedia fue la esencia del posterior distanciamiento de parte del mandatario con su ministro.A fines de septiembre, Paillalef arribó a Desarrollo Social y enseguida se ocupó de esa estructura, con el enfoque propio por su penetración en las organizaciones sociales. Reivindicó el criterio de militancia política que lo transformó en acciones proselitistas. Tampoco se abandonaron aquellos pagos anómalos de becas por funciones adicionales o cargos públicos.
Asignaciones llamativas. En el listado de febrero de Desarrollo Social figuran asignaciones llamativas, como que más de una treintena de beneficiarios registran residencias en ciudades de otras provincias o también casos de doble percepción del Estado, como el cobro de otra remuneración publica o el beneficio de un programa nacional. La carga horaria es un requerimiento del decreto original entonces su función es ambigua cuando los becarios pertenecen a otras provincias. Por caso, existen 26 becarios con localización en Carmen de Patagones, que podría justificarse por su proximidad con Viedma. Más extraño aparece tres beneficiados que cobran en Chubut (Lago Puelo), cuatro de Neuquén y uno en La Pampa. El pago promedio del beneficio está en 1.900 pesos, con topes de 2.700 pesos y mínimos de 600 pesos. Con la formalización de un contrato, según el acuerdo con ATE, la remuneración rondará los 3.500 pesos y la cobertura de la obra social.
Desconfianzas generales. Ilusionado por su ensamble con el kirchnerismo, Weretilneck concedió el Ministerio a Paillalef, a pesar de su desconfianza por su autonomía política. Exageró la creencia de sus vínculos nacionales, pero no se equivocó en la propensión proselitista del elegido. Igualmente, Weretilneck no estuvo nada distraído. Dedicó vigilancia especial a la integración de Desarrollo Social. Ubicó a Elbi Cides como segundo y desgajó el mando de la cartera. Un dispositivo esencial de poder de Paillalef se concentró en la administración de las becas. Hay permanente revisión de los límites, como el que permitió un reciente cónclave del gobernador y el ministro, promocionado para desactivar insistentes versiones de cambios de Desarrollo Social. Curiosamente, otro debate de expansión se instala. Esta semana, ATE reclamó retomar la discusión por los becarios pendientes de regularización. La impaciencia gremial estaría en un viraje de Paillalef, que se encuadraría en su propagación militante. La antigüedad del becario no será el único criterio de los futuros traspasos, sino que el ministro pretende introducir el análisis político funcional.