Seducciones que matan en nombre del Padre

Las recientes condenas contra la periodista y el seudo pastor trajeron a la memoria de más de un viedmense un hecho similar ocurrido hace más de 14 años.

La periodista Estefanía Heit de Coronel Suárez deberá cumplir 13 años de prisión por haber reducido a la servidumbre a Sonia Molina en concurso con “lesiones graves y estafas reiteradas”. La Justicia de Bahía Blanca también condenó a Jesús Olivera a 18 años porque a los cargos contra su esposa se le sumó “el abuso sexual con acceso carnal agravado por ser ministro de un culto no reconocido”.

Este fallo, más allá de generar escalofríos ante el relato de la víctima y un video difundido que corrobora sus dichos, impactó ante la realidad de la que muchos son testigos al conocer personas que convocadas por la creencia suelen sentirse seducidas y entregar además del alma en la fé, también un diezmo. Ese dinero, al margen del trabajo por la Iglesia a la que se concurra, en algunos casos, no sería despreciable.

Pero esta condena de la periodista y su marido seudo pastor trajo a la memoria de los viedmenses otro hecho que conmovió a la comunidad, a tal punto que aún se recuerda a pesar de los 14 años trascurridos.

Se trata de la condena contra la parapsicóloga Graciela Capittini y su hermano José dictada a fines de deciembre de 2000 y confirmada en junio del año siguiente.

La parapsicóloga fue condenada a cinco años y medio de prisión y su hermano a cinco años por “defraudación calificada por circunvención de incapaces” contra María Cristina García.

Se los acusó de haberse abusado de las debilidades de la personalidad de García, logrando que firmara documentos que permitieron que los Capittini se apoderaran de una casa y un campo que pertenecían a la mujer que finalmente se suicidó. En el juicio los imputados no pudieron demostrar que compraron los inmuebles tal como lo aseguraron.

Los imputados residían en Ayacucho y con frecuencia viajaban a Viedma para el despliegue de las actividades de la parapsicóloga. Dictada la sentencia en esta capital regresaron a su lugar de origen y la mujer condenada nunca fue ubicada y, por ende, tampoco cumplió la condena.

En cambio su hermano fue detenido en agosto de 2002 en aquella ciudad bonaerense y luego trasladado al Penal de Viedma donde cumplió la pena impuesta.

La Cámara del Crimen fijó entonces casi la máxima pena a los Capittini por el delito imputado y anuló las escrituras públicas por las cuales María Cristina García trasfirió a nombre de los hermanos un campo y una casa de su propiedad e hizo lugar a la acción civil promovida, condenando a los Capittini a abonarle a Enrique García -hermano de la víctima- la suma de 562.672 pesos en concepto de indemnización por daño material (lucro cesante) y agravio moral.

Por otra parte, aún está vivo en la memoria de la comunidad otro caso más cercano temporalmente: el año pasado un parapsicólogo fue condenado a prisión perpetua por el homicidio de Carlos Heisler ocurrido en el barrio San Martín de Viedma, hecho en el cual recibió la misma pena la viuda de la víctima.

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