El sistema electoral actual, agotado

El debate sobrevoló el escenario político, durante todo el año, pero cristalizó a partir de las elecciones del domingo pasado en Tucumán. Represión del lunes mediante, la discusión trascendió las fronteras de la provincia y se instaló en el centro de la agenda nacional.

La política volvió a discutir el sistema electoral argentino, un clásico de las agendas de campaña de los últimos 15 años: sus fallas, límites y vacíos. También su lógica y sus bondades. Pero, sobre todo, la medida en que el método de votación que el país eligió hace más de 100 años pide, cuando menos, una revisión.

El debate ocurre en un tiempo complicado, forzado por la inmediatez (y el escándalo) de la coyuntura. Porque está claro -y en esto coinciden políticos del oficialismo y la oposición y expertos- que ninguna modificación sustancial podrá hacerse en menos de dos meses, que es lo que falta para las elecciones generales.

Sin embargo, la implosión del tema parece una buena oportunidad para analizarlo. ¿Por qué está agotado el voto con boletas partidarias y de papel? ¿Qué factores confluyeron para que se esté pensando en su defunción? ¿Está agotado del todo? ¿Qué alternativa es la mejor para reemplazarlo? ¿Qué dice la crisis de la forma de votar del sistema de partidos? ¿Y del sistema político?

A continuación, un decálogo de los ingredientes y condimentos de una receta explosiva.

1 La multiplicidad de sistemas

La ley nacional de primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) se aprobó en diciembre de 2009. Desde entonces, y a ritmo dispar, las provincias fueron adoptando esquemas propios. Algunas calcaron la norma madre y adoptaron las PASO para elegir cargos provinciales, además de nacionales (Santa Fe, Mendoza, Buenos Aires, Entre Ríos, Catamarca, Chubut, entre otras). Otras, como Córdoba, Tucumán, Tierra del Fuego, Jujuy, Formosa, Río Negro y Neuquén, no tienen PASO. En Santa Cruz y Formosa rige la ley de lemas; en Tucumán son válidos los acoples (contribuyeron, de hecho, al desmadre del domingo pasado) y las colectoras están autorizadas en Buenos Aires, Mendoza y Jujuy, por citar sólo tres ejemplos. También en la forma de votar hay más de una variante. Córdoba y Río Negro usan boleta única “pura” (los candidatos de todas las categorías figuran en una misma papeleta) y Santa Fe tiene boleta única “múltiple” (una papeleta con todos los candidatos por cada categoría que se elige). Buenos Aires y Salta tienen boleta única electrónica.

2 Calendario disperso

De los 52 domingos de 2015, 13 tuvieron o tendrán elecciones. Podrían ser 14 si el 22 de noviembre hay ballottage presidencial. 2015 quedará en la historia como el año en el que, en promedio, hubo una elección por mes (y en varios casos, más de una por domingo). La atomización generó confusión, desinterés y hartazgo en la ciudadanía (propaganda en los medios y discurso de los candidatos mediante), agotamiento en los partidos y omnipresencia de la cuestión electoral en la agenda política y de los políticos, en obvio detrimento de otros asuntos.

3 Efecto dominó

Justamente por la dispersión en el calendario, el debate sobre el agotamiento del sistema electoral fue sumando fuerza y aristas con el paso de los meses y a la luz de los procesos desdoblados. Santa Fe, donde el socialismo le ganó a Pro por sólo 1776 votos, reactualizó la discusión sobre la importancia de contar con fiscales fieles y en cantidad. En una movida por lo menos ingenua, Mauricio Macri convocó voluntarios por Internet. Después del debut con buenos resultados de la boleta única electrónica en la ciudad, la lentitud del recuento en las PASO nacionales de hace tres domingos volvió a poner en la mira las fisuras del sistema de papel.

4 Papel vs. bits

Los especialistas coinciden en que el sistema de boletas partidarias de papel está en crisis. Pero son cautos y proponen mirar completo el panorama que rodea y explica el agotamiento. “El problema no es sólo de la boleta. Cambió el sistema de partidos. Hay una fragmentación y una multiplicidad de listas, colectoras y alianzas cruzadas sin las cuales no se entiende la crisis”, advirtió la directora del Programa de Instituciones Políticas de Cippec, Julia Pomares, a LA NACION.

La especialista cree que el sistema que mejor se ajusta a la situación actual de la Argentina es el de la boleta única partidaria y de papel, como la que se usa en Córdoba. ¿Y la boleta electrónica? “El sistema es bueno, pero requiere procesos de control y técnicos que lleva tiempo construir”, opinó. Por eso, cree que resulta clave que los cambios al sistema se discutan con tiempo y no cada vez que faltan pocas semanas para una elección importante. “Ningún sistema es la panacea y en ningún caso puede elegirse sin considerar el contexto. Los sistemas electorales no operan en el vacío”, advirtió a LA NACION el politólogo Miguel De Luca, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigador del Conicet. Por eso, se detiene en un factor que, según él, explica por qué el sistema que la Argentina adoptó en 1912, en un contexto político por demás complejo, empezó a mostrar fallas hace por lo menos una década. “Mermó la participación de la ciudadanía en el proceso electoral. Antes era un orgullo ser autoridad de mesa. Hoy la mayoría busca evitarlo, lo que habilita que esos lugares sean ocupados por actores partidarios”, aseguró. Respecto de posibles cambios, opinó: “Primero deberíamos mejorar el sistema que tenemos, por ejemplo, evitando el desdoblamiento de las elecciones provinciales. Pero hay que ser muy cautos con las alternativas, para no caer en una reforma para peor, como en su momento pasó con la ley de lemas”.

5 Fiscalización

“Lo importante no es quién vota, sino quién cuenta los votos.” La frase se atribuye a Stalin y bien se ajusta al caso argentino. Que el PJ es el único partido capaz de garantizar el ejército de fiscales que hoy hacen falta para controlar una elección nacional (por lo menos 95.000 personas, una por mesa) es una obviedad. Que siempre haya sido así, no tanto.

La crisis de los partidos y de la militancia política como su cara tal vez más visible explican que partidos como la UCR, que en otros tiempos no tuvieron dificultades para fiscalizar una elección, hoy sí las tengan. Eximir a los partidos de responsabilidad en este punto no parece lo más atinado. Más allá de consideraciones históricas, ello refleja la ventaja que suelen tener los partidos mayoritarios, por contar con más espaldas y recursos a la hora de fiscalizar una elección.

6 Todos los ojos en Chaco

La elección del próximo gobernador chaqueño, el 20 de septiembre, será la última escala del largo camino al 25 de octubre, día de la elección presidencial. Llegará, además, después del cuestionado trámite tucumano, por lo que concentrará la atención de todo el arco político. Primero, de la oposición, que más allá de que difícilmente se revierta el triunfo del candidato kirchnerista en las PASO seguirá muy de cerca el escrutinio. Pero también estará pendiente Daniel Scioli, quien estará haciendo fuerza por una victoria kirchnerista contundente, indubitable y limpia, por un domingo de festejo pleno cuando falte menos de un mes para el domingo crucial.

7 Un cepo político

El PJ, en general, y el kirchnerismo, en particular, nada han hecho para revisar el sistema de votación a nivel nacional. Ni por propia iniciativa ni a partir de propuestas legislativas de la oposición (como sí pasó con otros temas). Sólo los oficialismos provinciales de Córdoba, Santa Fe, Salta y la ciudad de Buenos Aires promovieron cambios.

8 Boletas de más

En línea con la disparidad para fiscalizar, aparecen los gastos en impresión de boletas, más allá de los que se pagan con los recursos que el Estado reparte entre los partidos. El mes pasado LA NACION reveló que el kirchnerismo gastó 43 millones de pesos en boletas para repartir antes de las PASO en la provincia de Buenos Aires. También lo hicieron Pro (distribuyó el equivalente a dos padrones bonaerenses) y el Frente Renovador (un padrón y medio).

9 El contraste con la región

¿Cómo se vota en otros países del continente? El sistema de boletas partidarias de papel que se usa aquí sólo sobrevive en Uruguay, donde funciona sin problemas. Las dimensiones del sistema político y del electorado ayudan, desde ya. La mayoría de los países de la región votan con boletas únicas de papel (múltiples o por categoría). Las excepciones son Venezuela, que utiliza un sistema de boleta única electrónica similar al que se estrenó en la ciudad de Buenos Aires y Salta, y Brasil, donde se usan urnas electrónicas: se elige desde una computadora y no hay impresión de papeletas ni lectura de chips para el recuento.

10 Correr con ventaja

“La ley electoral es muy laxa con el uso que los oficialismos hacen de los fondos públicos y del Estado para hacer campaña y allí está una de las claves del desequilibrio del sistema”, apuntó Pomares a LA NACION. El efecto, que algunos llaman “cancha inclinada”, también se vale de esta diferencia de base entre los que pelean por el poder desde el poder y el resto. Fondos sin límite, mecanismos de rendición de cuentas lábiles, el uso de estructuras estatales para hacer campaña y propaganda disfrazada de actos de gestión de gobierno terminan de consagrar el desequilibrio..

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