(NOTI-RIO) Ser cerrajero es un oficio tan necesario como complejo. Pero por suerte hay conocedores de la tarea que siempre están listos para resolver problemas. Y lo mejor es que también enseñaron sobre llaves y cerraduras a sus hijos y a sus nietos.
En la comarca de Río Colorado y La Adela la gran mayoría de los habitantes alguna vez necesitó de los servicios de Ángel Andrés Martínez, quien llegó a la localidad con 22 años a trabajar por tres meses en la empresa Ferrocarriles Argentino, se enamoró del pueblo, tranquilo, pacífico, que le dio la oportunidad de convertirse en el primer cerrajero, como también en uno de los selectos carpinteros. Nunca más se fue.
Desde hace un tiempo ha pasado su legado a sus hijos y nietos, quienes fueron adquiriendo los conocimientos necesarios para llevar adelante la actividad.
Don Angel Martínez es el que más sabe en la familia y siempre está activo para asesorar a los más jóvenes. Tiene tiempo para contar miles de anécdotas vividas por esos días como cerrajero, donde tuvo que mostrar un temple inalterable cuando le tocó darle solución a un problema por abrir una puerta trabada por error, probando cientos de llaves muy similares para destrabar una cerradura de una vivienda, un comercio o de un vehículo.
Llegó a mediados de 1948, desde Coronel Pringles (provincia de Buenos Aires), con 22 años y con una cuadrilla de trabajadores del ferrocarril del área de mecánica y mantenimiento, por un lapso de tres meses, sólo para cumplir tareas en las antiguas máquinas o en los viejos vagones de madera. Pero con el transcurrir de los días, la tranquilidad del pueblo que estaba en crecimiento lo fue seduciendo, hasta que decidió radicarse definitivamente y formar una familia.
“Siempre me gustó el trabajo con la madera y con los trabajos que hacía reparando los vagones fui adquiriendo conocimientos, también me capacité en lo que después me permitió empezar a fabricar puertas, ventanas y muebles para las casas de familia”, recordó Martínez
Posteriormente afirmó que “al principio realizaba los dos trabajos, cumplía con las obligaciones del ferrocarril y después le dedicaba tiempo al trabajo que más me cautivaba. Pero en un momento tuve que decidir entre uno y otro. Y se decidió por continuar con el futuro que forjaría con sus propias manos, que hoy lleva como nombre “Cerrajería y carpintería Martínez”.
Angel enfatizó que “si continuaba en el Ferrocarril, siempre iba a ser empleado y estar continuamente viajando de un lugar a otro. Y yo quería algo mío, que me ayudara a establecerme, formar una familia y criar tranquilamente a mis hijos. Eso fue lo que me llevó a renunciar al Ferrocarril”.
La experiencia de tantos años permitió sacar del apuro a cientos de personas cuando se quedaron fuera o encerrados en una habitación de la casa o, lo más común, es dejar las llaves dentro del auto.
Hasta fue protagonistas de situaciones de emergencia o de alguna situación incómoda en algún conflicto familiar.
El “viejo” cerrajero aún conserva entre sus bienes más preciados los primeros equipos utilizados, que se mantienen en perfecto estado.
Muchos antiguos pobladores aún lo recuerdan pasar en una moto “con dos bolsos de cuero gastado”, en un lado cargado de herramientas y en el otro compartimiento un gran manojo con cientos de llaves maestras que pudieran salvar la cerradura sin dañarla. “Cuando se terminaban las llaves maestras y la puerta no abría, la última opción era perforarla con el taladro para destrabarlas”, manifestó Martínez.
Como todo comienzo, nada fue fácil, y mucho menos cuando el pueblo sólo tenía energía eléctrica por algunas horas al día.

Entre sus tantas anécdotas, Martínez recuerda que por el trabajo como empleado ferroviario cobraba $ 2.50 por día, “No era un mal sueldo, porque en ese tiempo la plata valía.”
También extrajo de entre sus recuerdos la adquisición de su primer par de “zapatos de lujo” que compró en una tienda en Buenos Aires. “Era un espectacular par de zapatos, que me costó $ 450, que lo fue pagando en cuotas y el dueño del comercio me había dicho que cuando necesitara otro par de esos zapatos, le mandara por correo el talle de la horma que me los hacía y me los mandaba”.
