La inundación que dejó huella: 110 años de la tragedia en el valle del río Colorado

(NOTI-RIO) El 29 de diciembre de 1914, cuando el mundo se preparaba para despedir un año y dar la bienvenida al siguiente, el valle del río Colorado fue testigo de un desastre que cambiaría para siempre el destino de sus habitantes. Una inmensa masa de agua, liberada tras el colapso del dique natural de la laguna Cari Lauquen, descendió con una fuerza arrolladora desde la cordillera de los Andes, arrasando pueblos, vidas y sueños. A 110 años de aquel fatídico suceso, el recuerdo de “La Crezca Grande” sigue vivo en la memoria colectiva, como un recordatorio de la fuerza de la naturaleza y la resistencia humana.

La laguna Cari Lauquen, un gigantesco espejo de agua en la cordillera, había acumulado durante el invierno de 1914 una cantidad excepcional de nieve. Al llegar la primavera, un brusco deshielo llenó el lago hasta su límite, poniendo una presión insostenible sobre el dique natural que lo contenía. Esa tarde del 29 de diciembre, cuando las manecillas del reloj marcaban las 16:00, el muro cedió y liberó 2.000 millones de metros cúbicos de agua, sedimentos y rocas. Lo que siguió fue un recorrido apocalíptico que arrasó todo a su paso.

Los primeros en enfrentar la furia del agua fueron los habitantes de Barrancas, donde el pico de la creciente llegó a las 22:00 de esa misma noche. Las descripciones de los testigos son estremecedoras: “Era de noche, se escuchó un zumbido fuerte y ¡pum! Se salió el tapón… un mundo de agua era, un mundo que tapó todo…”. El aluvión continuó su avance, alcanzando Colonia 25 de Mayo al día siguiente y, finalmente, Buena Parada y Río Colorado el 3 de enero de 1915.

El golpe a Buena Parada y Río Colorado

El 3 de enero, en una mañana que empezó con un estruendo lejano, el agua invadió Buena Parada y Río Colorado. “El ruido era como un cañoneo lejano, pero al acercarse, todo fue desesperación. Las casas de madera flotaban, los muebles se deshacían y las familias huían con lo puesto”, relató un sobreviviente. La Escuela 14 y otros edificios públicos quedaron en ruinas, y muchas familias perdieron todo lo que tenían. El nivel del agua alcanzó 1,09 metros en la estación de tren, un testimonio imborrable de la magnitud de la tragedia.

En medio de la destrucción, la solidaridad se convirtió en la esperanza de los damnificados. El Ferrocarril del Sud envió un tren de auxilio desde Bahía Blanca, que evacuó a decenas de familias hacia terrenos altos. Aunque muchos se resistieron a creer que el río pudiera desbordarse, finalmente aceptaron la ayuda. Los rescatistas arriesgaron sus vidas para salvar a los atrapados en islas de sedimentos y árboles. “Sacamos gente aferrada a jarillas, con el agua al cuello, pero vivos”, recordó un voluntario.

La madrugada del 3 de enero de 1915 quedó grabada en la memoria de los habitantes de Buena Parada, Río Colorado y Pichi Mahuida como una de las más trágicas de su historia. La ruptura del dique natural de la laguna Cari Lauquen, ocurrida el 29 de diciembre de 1914, desató una avalancha de agua que, días después, arrasó con estas comunidades asentadas a orillas del río Colorado.

Buena Parada, en aquel entonces, era un pujante asentamiento que albergaba la municipalidad y diversos edificios públicos. La furia del agua no tuvo piedad: la querida Escuela Nº 14 y otras construcciones fueron devastadas, obligando a su reconstrucción en años posteriores. La magnitud del desastre fue tal que, según registros, la estación de tren —ubicada en uno de los puntos más altos del valle— muestra aún hoy la marca de la inundación, con un nivel de agua que alcanzó 1,09 metros.

En Río Colorado, la situación no fue menos dramática. Los habitantes, sorprendidos por la rapidez y violencia de la crecida, buscaron refugio en los techos de los vagones del Ferrocarril del Sud, mientras las calles se convertían en ríos caudalosos. El agua, implacable, arrastró viviendas, animales y pertenencias, dejando a su paso desolación y pérdidas incalculables.

En Pichi Mahuida, la llegada de la inundación se produjo en la madrugada del 3 de enero. Afortunadamente, una alerta previa permitió que los pobladores buscaran refugio en las bardas cercanas, evitando así una tragedia mayor. Sin embargo, las aguas cubrieron vastas extensiones de tierra, destruyendo cultivos y dejando la región sumida en el lodo y la desesperanza.

Los relatos de los sobrevivientes reflejan el horror vivido. Uno de ellos recuerda: “Era de noche, se escuchó un zumbido fuerte y ¡pum! Se salió el tapón… un mundo de agua era, un mundo que tapó todo…”. Otro testimonio describe cómo, al escuchar el estruendo de las aguas, las familias huyeron hacia las bardas, dejando atrás sus hogares y pertenencias, muchos de los cuales nunca recuperaron.

La “Crezca Grande”, como se conoció a esta catástrofe, dejó una profunda huella en la región. Las pérdidas humanas y materiales fueron inmensas. La solidaridad entre vecinos y la ayuda de comunidades cercanas fueron fundamentales para iniciar la ardua tarea de reconstrucción. Edificios públicos, viviendas y escuelas debieron ser levantados nuevamente, y la vida en el valle del río Colorado nunca volvió a ser la misma.

Lecciones del pasado

A más de un siglo de la tragedia, la memoria de la inundación de 1914-1915 sigue viva en Buena Parada, Río Colorado y Pichi Mahuida. Las marcas físicas y los relatos transmitidos de generación en generación sirven como recordatorio de la fuerza de la naturaleza y de la resiliencia de las comunidades ante la adversidad.

Testimonios de dolor y resistencia

El relato de una viuda que perdió a su esposo e hijos conmueve aún hoy: “El agua lo llevó todo: casas, animales, nuestros sueños. Mi sirvienta y yo sobrevivimos agarradas a escombros, cinco días sin comer hasta que nos encontraron”. Estas historias, recogidas por crónicas de la época, muestran no solo el dolor de la tragedia, sino también la resiliencia de una comunidad dispuesta a reconstruirse.

Consecuencias devastadoras

El aluvión transformó para siempre el paisaje y la vida en el valle del río Colorado. Campos antes fértiles quedaron sepultados bajo médanos, canales de riego inutilizados, y pueblos enteros, como Barrancas, tuvieron que ser reubicados. En 25 de Mayo, la mitad de la población pereció, y los sobrevivientes quedaron en la miseria. Fue necesario reconstruir caminos, edificios públicos y recuperar tierras agrícolas, un proceso que tardó décadas.

Recuadro: Datos clave del desastre

  • Fecha del colapso: 29 de diciembre de 1914.
  • Volumen liberado: Más de 2.000 millones de m³ de agua.
  • Zonas más afectadas: Buena Parada, Río Colorado, Colonia 25 de Mayo, Barrancas.
  • Víctimas fatales: Alrededor de 200 personas.
  • Nivel del agua: 1,09 metros en la estación de tren de Río Colorado.

Un legado de memoria y aprendizaje

El aluvión del río Colorado, conocido como “La Crezca Grande”, dejó una marca indeleble en la historia de la región. Los relatos de los sobrevivientes y los esfuerzos de reconstrucción se han transmitido de generación en generación, manteniendo viva la memoria de quienes perdieron todo, pero también de quienes lucharon por levantarse.

Hoy, gracias a la tecnología y al trabajo de organismos como el COIRCO, se monitorean continuamente las lagunas glaciarias en la cuenca alta del río Colorado para evitar que una tragedia similar vuelva a ocurrir. El recuerdo de aquella fatídica crecida es un llamado a la prevención, pero también a la fortaleza y la solidaridad que define a las comunidades de este valle.

A 110 años de aquel día, el eco de las aguas sigue resonando en la memoria de un pueblo que nunca olvidó cómo reconstruir la vida desde los escombros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *