
Su historia comenzó desde bebé, su papá le regaló una pelota. Desde entonces, el fútbol se convirtió en su primera y más grande pasión. Sin embargo, en Río Colorado no había fútbol femenino, y durante años, tuvo que buscar otros deportes que llenaran ese vacío. Probó gimnasia artística, patín, básquet y hasta hockey, pero su corazón estaba con el fútbol.
Con solo seis años, insistió tanto que su familia decidió llevarla al Club Atlético Río Colorado para que entrenara con los varones. Aunque las reglas de la liga no le permitían jugar los partidos oficiales. Luego pasó por Villa Mitre de aquella localidad.
Y en 2019, en el torneo Mundialito de La Adela, representó al club Buena Parada. Salieron campeonas, y Marti fue la goleadora del certamen, dejando claro que quería ser futbolista. En 2021, representó a su provincia, Río Negro, en los Juegos EPADE y alcanzó el subcampeonato.
Hasta que en 2023, Martina viajó para una prueba en Municipales de Bahía Blanca. En ese momento el entrenador, Ramiro Jara Pinto, quedó impresionado con su juego y no dudó en incorporarla al equipo. A partir de ahí, su rutina se volvió un verdadero desafío: entrenamientos en el club Buena Parada, en Río Colorado, rutinas en solitario, viajes semanales a Bahía y partidos en primera y reserva de Municipales. El sacrificio fue enorme, pero también lo fue el crecimiento.
Aunque a finales del 2023 pensó en abandonar por el cansancio acumulado, su pasión por el fútbol prevaleció. Este año, renovó su compromiso con Municipales y recibió el llamado del seleccionado bahiense por su rendimiento. Ahora, se prepara para un nuevo capítulo: mudarse a Buenos Aires para estudiar kinesiología en la UBA, sin abandonar su sueño de llegar a jugar en un club de mayor nivel.
La historia de Martina Burtre no es solo la de una joven futbolista; es la de una luchadora incansable que demostró que los sueños, cuando se persiguen con el corazón, pueden volverse realidad.

