
(NOTI-RIO) La educación inicial en Río Colorado atraviesa un momento crucial: con una matrícula actual de 560 niños y niñas, los jardines de infantes han registrado una disminución cercana al 25% en la cantidad de estudiantes en comparación con ciclos anteriores. Años atrás, las salas reunían a más de 760 alumnos, cifra que hoy está lejos de alcanzarse.
Este descenso no es un hecho aislado. Forma parte de una tendencia que se observa en toda la provincia de Río Negro y a nivel nacional, según las autoridades del sistema educativo. En respuesta a esta situación, desde este año se habilitó el ingreso de niños y niñas de 3 años, una medida que busca ampliar el acceso y cubrir vacantes disponibles. Si bien se valora la decisión como un paso pedagógicamente positivo, también implica una fuerte exigencia institucional y profesional, especialmente en salas que deben atender a infancias con demandas específicas y mayores niveles de atención.
La supervisora del nivel inicial en Río Colorado, Marisa Pérez, con más de 30 años de experiencia en el ámbito educativo, brindó detalles sobre el funcionamiento actual del sistema y las problemáticas que se enfrentan.
En Río Colorado existen jardines maternales, jardines integrados y salas anexas a escuelas primarias, además de jardines independientes. El único jardín rural integrado agrupa a niños de los barrios de Buena Parada y Colonia Juliá y Echarren. También hay salas en la Escuela 189 y en la Escuela Parroquial La Reunión. Todos los establecimientos siguen los lineamientos curriculares provinciales, que establecen como norma el modelo de salas multiedad, donde conviven niños de 3, 4 y 5 años.
La incorporación de los alumnos más pequeños, muchos aún con pañales y sin experiencia en socialización escolar, demanda un enfoque diferenciado. “No es lo mismo un niño de 5 años que uno de 3; los requerimientos son distintos y, por ende, el acompañamiento debería ser doble, con una pareja pedagógica por sala, como sucede en otras provincias. Hoy eso no se aplica en Río Negro, y las docentes están solas frente a grupos de hasta 18 niños”, explicó Pérez.
Otro aspecto relevante es el impacto territorial en la matrícula. El único sector donde se observa un crecimiento sostenido es el barrio de Buena Parada, donde la construcción de nuevas viviendas atrajo a familias jóvenes. Allí, la demanda de estudiantes de 4 y 5 años colmó las vacantes, y no se pudieron abrir cupos para los de 3 años.
Pérez también remarcó que el trabajo en Río Colorado se sostiene sobre una base sólida de compromiso institucional y trabajo en equipo. “Hay una línea de acción compartida entre docentes, directivos y supervisión. Todos estamos alineados para brindar a los chicos las mejores oportunidades dentro de nuestras posibilidades”.
El trabajo cotidiano enfrenta nuevas problemáticas, propias de la era digital. Las docentes observan en los estudiantes dificultades en el lenguaje, en la concentración y en las habilidades de interacción, atribuibles, en parte, al uso excesivo de pantallas y a una disminución del tiempo de juego familiar. Por eso, desde los jardines se insiste en revalorizar los vínculos, los juegos tradicionales y el diálogo constante con las familias, promoviendo una corresponsabilidad educativa.
En cuanto al enfoque pedagógico, Pérez resaltó que el nivel inicial es uno de los más dinámicos del sistema: “No hay estructuras rígidas; estamos en constante revisión, replanteo y búsqueda de nuevas estrategias. Trabajamos con lo que hay, pero siempre con creatividad y compromiso”.
Finalmente, destacó que el jardín no es solo un espacio de cuidado, sino la primera puerta de acceso al mundo social, cultural y escolar para miles de niños. Allí se construyen vínculos, se amplía la comprensión del entorno y se desarrollan las primeras herramientas de aprendizaje. En ese sentido, consideró indispensable que las políticas públicas atiendan con más profundidad a este nivel, que es fundamental para garantizar la equidad educativa desde los primeros años de vida.
