
(NOTI-RIO) Hay deportistas que ganan carreras, pero hay otros que se convierten en faros. José Luis Alarcón López, “el Petiso”, “Luchito” o simplemente “el viejo” para quienes lo ven pasar con admiración, pertenece a los segundos. Con 82 años a cuestas, dándole batalla diaria a una enfermedad neurológica que avanza y reponiéndose al duro golpe de haber enviudado hace un par de años, su figura sigue siendo sinónimo de una fortaleza interna que conmueve y sirve de proa para todos los que buscan superarse en la región.
Protagonista indiscutido de cada evento ciclístico o pedestre de la comarca o en la zona, don José no sabe lo que es rendirse. Su ritmo, su desparpajo y esa alegría contagiosa que lleva a cada línea de largada son el testimonio vivo de que, cuando el físico encuentra límites, la potencia del alma toma el control.
En esta ocasión, una distinción formal será la excusa perfecta para lo verdaderamente importante: un abrazo colectivo y un sincero reconocimiento en vida.
Un viaje que empezó hace siete décadas
Para entender de dónde sale esa resistencia de hierro, hay que rebobinar el casete de su vida. Nacido en Chile, José Luis llegó de muy pequeño a Río Negro. Tras un breve paso por Cipolletti, su familia echó raíces en el histórico establecimiento “El Viñedo”, una de las colonias productivas pioneras de Río Colorado.
Allí se forjó el ciclista. Con apenas 12 años, después de largas jornadas de trabajo rural, tomaba su pesada y descolorida bicicleta de paseo para recorrer 20 kilómetros de tierra hasta el centro de la localidad. ¿El motivo? Jugar al fútbol en el club Villa Mitre. Ese trayecto se transformó en su rutina diaria: iba y volvía para entrenar, para ir al cine o para bailar los fines de semana, regresando a la zona de chacras pedaleando a mitad de la noche sin titubear.
Fue en una tarde de primavera cuando el recordado Edgardo “Vasco” Peña, otra leyenda del ciclismo local, vio el diamante en bruto: “Che, petiso, ¿por qué no corrés en bicicleta? Si con todos los kilómetros que hacés por día estás mejor entrenado que los otros chicos”, le dijo. El “Vasco” le consiguió su primera bicicleta de pista, le enseñó los secretos del oficio y lo llevó a debutar en el circuito de Bahía Blanca.
Alarcón compitió en pistas, rutas y circuitos de todo el país, acumulando cientos de podios y la parva de medallas, trofeos y camisetas que hoy saturan con orgullo los muebles de su casa. Sin embargo, al cumplir los 60 años, se propuso un nuevo desafío: dejar el asfalto. Se pasó al mountain bike para medir sus fuerzas contra el lodo, las piedras, las lomas y la montaña, sosteniendo por décadas entrenamientos rigurosos de 50 kilómetros diarios.
Pero su sed de superación no se detuvo en los pedales. En el último tiempo, don José también decidió calzarse las zapatillas y empezar a correr. Su huella quedó marcada recientemente en la barda de La Adela, donde participó con total entereza en una exigente maratón de 8 kilómetros, demostrando que para él no existen terrenos imposibles.
Su resistencia es el reflejo de una vida dedicada al esfuerzo. Vecino histórico del Barrio Unión, donde formó su familia y crió a sus hijos, don José se jubiló tras una vida de trabajos sumamente laboriosos en las chacras, podando y cortando pasto.
Lejos de colgar los guantes, hoy sigue activo: todas las mañanas sale en su bicicleta para cuidar el jardín de un hotel local, o se lo ve movilizándose en una moto con carrito, un ejemplo andante de cultura del trabajo.
Su mayor hazaña internacional y de alcance nacional quedó registrada a finales del año pasado, cuando cumplió el sueño de completar el durísimo “Gran Fondo Siete Lagos”, devorándose más de 100 kilómetros de cordillera en mountain bike para unir San Martín de los Andes y Villa La Angostura.
El deporte como escudo y un puntapié inicial para la comarca
La historia de don José Alarcón trasciende lo estrictamente deportivo; se convierte en una herramienta pedagógica y social, especialmente en tiempos donde la adolescencia y la juventud enfrentan crisis de desmotivación, sedentarismo y consumos problemáticos. El deporte aleja a los jóvenes de las esquinas de la vulnerabilidad y les enseña valores clave: la constancia, el respeto por el propio cuerpo, el compañerismo y la gestión de la frustración.
Pero el caso de don José también pone sobre la mesa una necesidad histórica para Río Colorado. Su homenaje busca ser el puntapié inicial para inspirar a que algún grupo de vecinos, institución o colectivo local tome la posta y configure una iniciativa permanente.
La idea es establecer un reconocimiento anual para los distintos atletas y deportistas de la localidad que, en las más diversas disciplinas, viajan, se sacrifican y se destacan a lo largo y ancho del país llevando la bandera de Río Colorado. Es hora de que la comunidad cuente con un espacio oficial para aplaudir el esfuerzo de sus embajadores deportivos mientras están en actividad o en plena madurez de sus vidas.
El merecido abrazo en su barrio
Las calles de tierra de su querido Barrio Unión se preparan para recibirlo. Impulsado por otra gran referente del deporte local, Verónica Curruinca, y acompañado por la Junta Vecinal junto a los amigos que compartió en cada carrera, se está organizando una verdadera fiesta comunitaria para agasajarlo.
“Los homenajes se hacen en vida. Pensamos que tras quedarse solo el viejo se iba a venir abajo, pero le puso una garra tremenda, proyectó carreras y siguió trabajando. Es un ejemplo que nos salva cada día”, expresó emocionada Verónica Curruinca al convocar a la comarca.
El encuentro se llevará a cabo el próximo viernes 17 de julio a las 20:00 horas en el Salón Comunitario del Barrio Unión. Allí, rodeado de sus seres queridos y vecinos, recibirá una plaqueta y el calor de su gente.
La cita está abierta para todos los habitantes de Río Colorado y La Adela que quieran acercarse a darle un abrazo, felicitarlo y ser parte del inicio de una corriente que busca valorar a quienes, con el corazón por delante, nos demuestran que nunca es tarde para correr hacia una meta.
