
(NOTI-RIO) Las precipitaciones registradas en las últimas semanas generaron inquietud en las chacras del Alto Valle y la región. Sin embargo, desde el INTA aclararon que la falta de follaje frena por el momento los riesgos sanitarios. La clave del trabajo en el campo se traslada ahora al cuidado de la madera y la cicatrización de las ramas.
Las precipitaciones de las últimas semanas encendieron alertas entre los productores frutícolas regionales. Tras las lluvias, el temor a la propagación de enfermedades sobre las plantaciones de pepita y carozo volvió a instalarse en la agenda del sector.
Sin embargo, el escenario meteorológico no representa, al menos por ahora, una amenaza sanitaria directa para las plantas.
La explicación radica en el momento del ciclo biológico en el que se encuentran los montes. La ingeniera agrónoma Karina Zon, integrante del área de Extensión Rural del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), llevó tranquilidad al sector productivo al precisar el estado actual del monte frutal:
“En este momento todas las plantas frutales están sin hojas. Todavía no comenzó la brotación, así que las lluvias no influirían tanto en lo que son enfermedades en los frutales de pepita y carozo”.
Al no haber tejido verde expuesto —hojas o brotes jóvenes—, los patógenos que habitualmente afectan la superficie foliar durante la primavera no encuentran vía de entrada ni condiciones para desarrollarse.
El verdadero riesgo: las heridas de poda
Si bien el follaje no corre peligro, la humedad persistente obliga a poner el foco en las labores culturales de la época: la poda de invierno.
Durante esta etapa, los cortes en ramas gruesas abren vías de entrada directas a la estructura leñosa del árbol. Las heridas de mayor tamaño tardan semanas en cicatrizar y, bajo condiciones de alta humedad o precipitaciones frecuentes, se transforman en la puerta de acceso para hongos xilófagos, causantes de las denominadas “enfermedades de la madera”.
El avance de estos microorganismos varía según la zona afectada:
- En ramas laterales: si la infección ingresa por un brazo secundario, el daño se puede contener o corregir eliminando la sección afectada en la siguiente poda.
- En el eje principal: si las esporas alcanzan el tronco o la estructura central de la planta, el deterioro del sistema vascular es severo y, en los casos más graves, deriva en la muerte irreversible del frutal.
Recomendaciones técnicas y sello sanitario
Para neutralizar la entrada de hongos en las chacras, desde el organismo técnico detallaron una serie de pautas operativas para encarar tras los trabajos de corte:
- Sellado de cortes grandes: aplicar pintura de base acuosa sobre las heridas de mayor diámetro. Se recomienda utilizar fórmulas para exteriores por su mayor durabilidad frente a la intemperie.
- Prohibición de sintéticos: evitar de forma categórica el uso de pinturas esmalte o sintéticas. Sus componentes químicos generan fitotoxicidad y dañan los tejidos vivos adyacentes al corte.
- Priorizar montes con antecedentes: el repintado o sellado implica una segunda recorrida por la chacra y suma costos operativos. No obstante, los técnicos remarcan que es una labor indispensable, prioritariamente en aquellos cuadros que hayan registrado antecedentes de hongos de madera en temporadas previas.
La ventana de tranquilidad que otorga el reposo invernal se cerrará con los primeros calores, cuando la brotación movilice la savia. Hasta entonces, la prevención en la madera sigue siendo la herramienta determinante para proteger el potencial productivo de la próxima cosecha.

