El autor recorre la historia de Potasio Río Colorado, sus escasos beneficios y su pasivo ambiental. Describe el apriete fallido de la empresa y propone reformular el proyecto.
por Alberto Lucero *
Hablaremos del tema Vale, expresando, ante todo, nuestra solidaridad con aquellos hermanos que ven peligrar su fuente de trabajo y de esperanzas, unos 200 trabajadores sólo de Malargüe, y también con las Pymes que honestamente confiaron en los cantos de sirena de la empresa extranjera.
Decía el poeta español José Zorrilla: “Para verdades el tiempo y para justicia dios”. Y toda la sabiduría de ese axioma es aplicable a Vale, forma resumida de nombrar a la compañía Vale do río Doce, empresa minera radicada en Brasil, totalmente privatizada en 1997, cuando el Estado brasileño vendió su 40% de participación, como era norma en esos años en toda Latinoamérica.
YPF, Río Tinto, Vale
En Malargüe, casi en la frontera con Neuquén, a mil metros de profundidad, la vieja estatal YPF, había detectado un gran depósito de sales, entre ellas de Potasio. Luego de su privatización, todos su archivos fueron a parar a manos privadas de distinto origen, como sucedió con todas las empresas estatales argentinas privatizadas, y la empresa inglesa Río Tinto apareció declarando ese yacimiento y proponiendo un método para poder extraer las sales de potasio y llevarlas al exterior, para transformarlas luego en fertilizantes cuya demanda crece en el mundo, por el agotamiento de los suelos causado por los cultivos intensivos, especialmente de soja.
El método diseñado por Río Tinto para sacar las sales fue un calco del aplicado en Bajo de la Alumbrera, en Catamarca en los años ‘90: Extraer el recurso, llevarlo en bruto vía ferrocarril, ya debidamente privatizado, a una terminal portuaria, también debidamente privatizada, y allí embarcarlo a ultramar para su industrialización y reventa posterior como producto terminado, incluso al país productor de la materia prima.
Ese método, muy rentable para la empresa y que prescinde totalmente de los efectos negativos de todo el proceso, se pudo instrumentar muy bien en la década de los ‘90, por lo que ya todos sabemos, pero cuando Río Tinto quiso replicarlo en 2006, otro era el país y otra fue la oposición de los sectores afectados. Desde el COIRCO, el ente que nuclea a las provincias irrigadas por el Río Colorado, hasta las organizaciones más pequeñas de las zonas afectadas, todos hicieron oír su voz como podían y el proyecto empezó a mostrar sus falencias y a detenerse.
La Empresa inglesa, rapidísima en sus decisiones, optó por no complicarse la vida y le vendió a buen precio el proyecto a Vale. Esta empresa, con mayor cintura política y conocedora de la burocracia latinoamericana, utilizó todos sus contactos, movió todas sus relaciones y el proyecto volvió a moverse.
No tan multiplicador
El telón de fondo fueron las voces alborozadas de algunos funcionarios nacionales, otros provinciales y otros municipales, que trataban de convencer a la ciudadanía sobre las posibilidades ilimitadas de desarrollo y felicidad que el negocio de Vale traería al sur de Malargüe. También se sumaban a ese coro alborozado los eternos defensores de la megaminería, contentos con las migajas que se caerían del festín de Vale. A poco andar, muchos de los empresarios inicialmente convencidos de que harían buenos negocios, advirtieron que los mejores contratos iban a parar a manos brasileñas y que acá, la empresa solo contrataba lo que no se podía traer de Brasil.
Pasivo ambiental
Mientras tanto, las mismas organizaciones que nos oponíamos al proyecto en manos de Río Tinto, seguíamos planteando nuestra oposición a ésta metodología de extracción, nociva desde todo punto de vista: millones de litros de agua malgastados; millones de m3 de gas quemados inútilmente; millones de toneladas de sal común, como pasivo ambiental para toda la eternidad sobre el suelo aún no contaminado de Malargüe; poquísimas fuentes de trabajo real, que no llegan a 500 personas en la fase de operación que durará 50 años; beneficios económicos por llevarse un recurso no renovable prácticamente despreciables, pues no llegan al 2% y, por último, beneficios impositivos y de estabilidad fiscal, injustos en comparación con cualquier otra actividad productiva en el país, gracias a leyes dictadas durante los ‘90.
Los medios de comunicación de gran tirada, con generosas contrataciones de publicidad por parte de Vale, solo cantaban loas al proyecto y nunca publicaron ninguno de nuestros planteos, mientras, algunos funcionarios, vaya uno a entender por qué, se comportaban más como portavoces de Vale, que como empleados de un estado democrático, libre para elegir su propio destino y se enojaban con nosotros cuando, al tenerlos cerca en algún acto, les planteábamos nuestro punto de vista negativo al respecto.
Estrategia fallida
Hasta que se cumplió el refrán del poeta: “Para verdades el tiempo y para justicia dios”. La empresa, aduciendo que los números no le cerraban, aplicó una estrategia que seguramente tenía elaborada previamente para maximizar ganancias y, cuando tenía mayor cantidad de empleados ocupados o sea en la etapa constructiva, anunció su retiro. Confiaba en que el Gobierno Nacional no podría negarse a aceptar reclamos que le permitirían ganancias adicionales por más de 3 mil millones de dólares, graciosamente quitados del presupuesto del Estado Nacional o sea de todos nosotros. No tuvo en cuenta que no estábamos en los ‘90 y que hoy, las particulares condiciones de la economía nacional e internacional, no permiten esos excesos. Se topó, de lleno, con la negativa del Gobierno Nacional. Hoy está a punto de perder la concesión y se ha decretado la Conciliación obligatoria para defender las fuentes de trabajo. El tiempo puso al descubierto nuestras verdades y Dios aplicó la justicia del poeta.
Correcciones
Hoy, confiamos en que los nuevos actores en escena, corrijan los defectos del proyecto inicial y, para no utilizar la inyección de agua caliente y la succión de parte de la salmuera, diseñen otro método extractivo menos nocivo para el medio ambiente, el que podría incluir también la industrialización en ese mismo lugar de las sales, para transformarlas allí en fertilizantes, generando una fuente de trabajo permanente para los malargüinos y proveedora de divisas. Confiamos en que ahora se pensará en el bienestar de todos los argentinos y no solo en el negocio de unos pocos, como ocurrió tantas veces en nuestra historia.
Subcontratistas en la vía
El esquema de negocios que propuso la gigante brasileña en retirada dejará a decenas de empresas sin margen de maniobra para reclamar indemnizaciones. La política de los “sello de goma” y los joint ventures.
Neuquén > Un sello de goma, contratos leoninos y una cadena interminable de proveedores de servicios. Eso fue Vale desde que desembarcó en Argentina en 2009. Y ese esquema de negocios, tan común para los brasileños, provoca ahora un tendal de heridos de guerra en la región: la letra fina de los acuerdos con las subcontratistas, en su mayoría pymes locales, las deja con escaso margen para reclamar indemnizaciones.
Telegramas
Si así están los empresarios, los trabajadores no pueden estar mejor. Es que esta situación deja a la conciliación obligatoria que dictó el Ministerio de Trabajo de Nación envuelta en una espesa bruma. Si se retrotraen los despidos, ¿quién deberá hacerse cargo de los salarios? Según el ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, habrá que reclamárselos a Vale. Los brasileños ya aclararon que no desembolsarán un peso. Mientras tanto, no son pocos los obreros que ya recibieron su telegrama de despido.
Desembarco grupal
Nacidas en la década del ‘70, las empresas internacionales brasileñas pegaron el salto en los ‘90, de la mano de las privatizaciones y la desregulación que impulsaron José Sarney, Fernando Collor de Mello e Itamar Franco. Con las gestiones de Fernando Enrique Cardozo y más tarde de Lula da Silva se fondearon de créditos blandos y expandieron su negocio. Ocuparon también un despacho virtual en Itamaraty, donde utilizan los recursos diplomáticos del Estado para abrir nuevos mercados, finalmente una de las tareas de la buena diplomacia. Por esto, no es raro que los gigantes brasileños desembarquen en grupo. Junto con Vale, la segunda minera más grande del mundo, llegaron tres constructoras del país vecino, algunas de ellas viejas conocidas. Odebrecht quedó a cargo del galpón de acopio de potasio y todas las instalaciones en Malargüe. Camargo Correa tenía bajo su control la construcción de la vía que iba a sacar el mineral del país. Andrade Gutiérrez, iba a quedarse con las obras del puerto de Bahía Blanca.
A la brasileña
Los convenios, sin embargo, se hicieron “a la brasileña”. No se utilizó el esquema de uniones transitorias tan típico de estas latitudes, sino que se tomó una modalidad denominada “contrato de alianza”. Es la versión en español de las joint ventures, acuerdos donde se comparten pérdidas y ganancias, estás últimas en caso de superar determinados límites preestablecidos. Según pudo saberProducciónSur.com, Vale obligaba a las contratistas brasileñas a no superar un tope de precio por la obra. El negocio para las constructoras era construir por debajo de ese monto, con lo cual empiezan a participar de las ganancias. El último eslabón, el de la forma subcontratista, era el que debía afrontar el mayor recorte de costos: todo sea por acceder a un contrato millonario y duradero en el tiempo.
“Para llamarlos por su nombre, son contratos leoninos, muy exigentes. No va a ser fácil sacarle indemnización”, explicó Juan Bialous, secretario de la Cámara de Construcción neuquina. “Son un sello de goma, una lapicera y todo el resto son terceros”, definió.
Impacto regional
En Neuquén, son varias las empresas que resultaron perjudicadas. Para la construcción de los 185 kilómetros de vía dentro del territorio neuquino, se conformaron varias UTE. Se anotaron en la lista Contreras-CN Sapag (firma del hermano del gobernador Jorge Sapag, Carlos Natalio, alias “Nuno”) y RJ Ingeniería-Zonis. También algunos pesos pesados nacionales como Skanska.
Las empresas locales hicieron inversiones para estar a la altura. Algunas, inclusive, tuvieron que endeudarse. “Vale es una empresa que tiene una colección de ISO”, explicó Bialous y por eso las pymes locales debieron adaptar su estructura. Esto implicó comprar nuevos vehículos, adoptar nuevas normas en seguridad e higiene y contratar ambulancias y médicos para las bases.
Una constructora local, por ejemplo, adquirió vehículos por siete millones de pesos que ahora deberá reasignar. La misma firma habría comprado un obrador a una firma mendocina para hacer de base de operaciones, en cercanías a la mina.
Otro caso es el de una importante empresa de premoldeados, que desde hace varios meses armó estructuras de hormigón para el ferrocarril, que ahora no se utilizarán.
El impacto de la retirada de Vale, también se verá de forma indirecta: edificios de departamentos reservados a la empresa se vacían. Empresas de limpieza, catering y otros servicios también terminarán con sus contratos.
Lo curioso es que nada quedó en la región. En Mendoza, se avanzó en un 30% sobre la planta de extracción. En Bahía Blanca, se consiguió un porcentaje similar sobre el puerto. En Neuquén y Río Negro, en cambio, no se construyó ni un centímetro de la vía que se había comprometido.