
(NOTI-RIO) En pocos días culminará una aventura que comenzó el 20 de enero de 2024. Camila Gasparini, joven de 30 años oriunda de Río Colorado (Río Negro), y su pareja Julián Rolé, de 31, emprendieron un viaje en bicicleta por Argentina con el sueño de recorrer el país y vivir una experiencia única.
Ese día soleado y caluroso en Choele Choel, algunos amigos los despidieron mientras montaban sus bicicletas, cargadas con lo esencial: bolsas de dormir, elementos para cocinar y algunas artesanías que Camila fabrica para vender en el camino. Con un espíritu aventurero, dejaron atrás la rutina para sumergirse en la vida nómada del cicloturismo.
Un legado de cicloviajeros
El cicloturismo tiene una larga historia, y se atribuye al inglés Thomas Stevens la hazaña de dar la vuelta al mundo en bicicleta entre 1884 y 1886, recorriendo aproximadamente 29.000 kilómetros en dos años. Desde entonces, la bicicleta se ha convertido en un medio de transporte popular para quienes buscan aventura, contacto con la naturaleza y el encuentro con nuevas culturas.
Hoy, los biciviajeros como Camila y Julián continúan esta tradición, recorriendo caminos de montaña, rutas solitarias y pueblos remotos con el mínimo equipaje, confiando en la hospitalidad de la gente y en su propia autosuficiencia.
Una pareja en la ruta
Julián es profesor de Geografía y nació en Vera (Santa Fe), mientras que Camila es terapista ocupacional. Se conocieron mientras estudiaban en la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe. Tras finalizar sus estudios, Camila trabajó en Viedma, mientras que Julián ya había experimentado el cicloturismo, viajando desde su pueblo hasta La Rioja.
Después de muchas charlas, decidieron dar el gran paso y lanzarse a la ruta juntos. Al principio, sus familias no estaban del todo convencidas, pero lograron tranquilizarlos. “Los convencimos de que no era peligroso y armamos todo para empezar esta experiencia. Queríamos escapar de la rutina y vivir de un modo menos convencional”, cuenta Camila.
El inicio de la aventura
El 19 de enero partieron desde Río Colorado en un camión hasta Choele Choel, donde oficialmente comenzó su travesía. Al día siguiente, se subieron a sus bicicletas y comenzaron a pedalear bajo un sol abrasador.
El recorrido los llevó primero por la Ruta 22 hasta Neuquén, luego a través del Valle del Río Negro, Junín de los Andes, San Martín, Esquel y finalmente hasta Teka, el punto más austral de su viaje, donde sintieron el frío e incluso vieron nevar. Desde allí cruzaron la meseta hasta Playa Unión en Rawson y tomaron la Ruta 3 hasta Viedma.
Después, atravesaron La Pampa, pasando por La Adela, General San Martín y General Pico antes de ingresar a Córdoba, donde decidieron no llegar hasta la capital y quedarse en Río Tercero.
Encuentros inolvidables
Uno de los momentos más memorables ocurrió en Cañada Rosquín, Santa Fe, cuando se cruzaron en la calle con el icónico músico León Gieco, quien también andaba en bicicleta. “Pudimos charlar un ratito con él, fue muy amable y nos hizo algunas preguntas”, recuerdan con alegría.
No todo fue fácil. En Corrientes, mientras visitaban a la hermana de Julián, sufrieron el robo de una de sus bicicletas con parte del equipaje. “Fue un golpe duro, pero la solidaridad de la gente nos ayudó a reponer lo perdido y seguir adelante”, cuentan.
El viaje los llevó también a Misiones, donde visitaron las Cataratas del Iguazú y realizaron un voluntariado en un hostel. Luego cruzaron a Paraguay, donde pasaron dos semanas en Asunción antes de regresar por Formosa y Salta. Allí hicieron una incursión en Bolivia y visitaron la Quebrada de Humahuaca.
En varios puntos del viaje fueron invitados por vecinos a compartir comidas y hospedarse. “La hospitalidad de la gente es impresionante”, destacan. En San Juan, un hombre los invitó a pasar el primer día del año en su casa, y en Usno celebraron la Navidad con amigos que habían conocido en la ruta.
La llegada a La Pampa y los desafíos del viaje
Entraron a La Pampa por Victorica y acamparon en el camping municipal de Winifreda. Uno de los principales problemas fueron las rosetas que pinchaban las cubiertas de sus bicicletas, pero lograron solucionarlo con un líquido especial.
Al llegar a Santa Rosa, la solidaridad pampeana se hizo presente. “Tres autos se acercaron a ofrecernos un lugar para quedarnos. Es muy linda esa generosidad de la gente”, agradecen.
Los mayores desafíos en la ruta han sido el viento en contra y el calor extremo. “Cuando llueve, simplemente esperamos que pase o buscamos refugio, pero el viento es agotador”, explican.
En cuanto a la comida, su dieta es sencilla pero efectiva: arroz, fideos, verduras, legumbres y polenta. “Los carbohidratos son esenciales para mantener la energía”, dice Julián. “Y cuando nos invitan a algún cumpleaños, disfrutamos la carne”, añade Camila con una sonrisa.
La tecnología y la conexión con lo esencial
A pesar de vivir una vida nómada, el celular es una herramienta clave para ellos. “Nos permite estar en contacto con nuestras familias y usarlo como GPS”, explican. Sin embargo, reconocen que en el camino han aprendido a valorar las cosas simples. “Nos damos cuenta de que no necesitamos mucho para ser felices. En la ciudad, damos por sentadas cosas como el agua potable o el gas para cocinar. Al viajar, entendemos su verdadero valor”.
Próximos destinos
Tras un descanso en Santa Rosa, continuarán su viaje con el objetivo de recorrer las cinco provincias que les faltan: Entre Ríos, Buenos Aires, Santiago del Estero, Santa Cruz y Tierra del Fuego. “Nuestra meta es concretar el sueño de recorrer todo el país en bicicleta, y lo vamos a lograr”, afirman con determinación.
Para seguir su viaje y conocer más sobre su aventura, se pueden encontrar en su cuenta de Instagram @argentineando_en_bici, donde comparten imágenes y relatos de su travesía.
Esta historia es un testimonio de valentía, esfuerzo y pasión por el cicloturismo, demostrando que con voluntad y determinación, los sueños pueden hacerse realidad.
