
(NOTI-RIO) La decadencia del puente de la Ruta 22, que une las provincias de Río Negro y La Pampa sobre el río Colorado, ha alcanzado un punto crítico. Las lluvias de las últimas horas han desnudado la precaria estructura que, lejos de ser una vía segura, se ha convertido en un campo minado para los conductores. Grietas profundas, baches de grandes dimensiones y ondulaciones que deforman el asfalto obligan a los vehículos a transitar a paso de tortuga o, peor aún, a realizar maniobras extremas que pueden costar vidas.
El peligro es inminente. Las juntas de dilatación, que deberían garantizar la estabilidad del puente, están destrozadas, con aberturas de más de 40 centímetros que podrían atrapar una rueda o provocar un accidente fatal. En un intento desesperado por mitigar el desastre, se han colocado placas metálicas que apenas se sostienen sobre los huecos, una solución improvisada e insuficiente para una estructura que ya clama por auxilio.
Un tránsito de terror
Las imágenes son elocuentes: autos zigzagueando entre pozos para evitar roturas, camiones pesados avanzando con temor y conductores que sostienen firmemente el volante con la esperanza de no quedar atrapados en el abismo de asfalto roto. Cada cruce es una ruleta rusa.
Los que circulan por esta ruta ya no viajan con tranquilidad. Aquí no hay margen para errores ni distracciones: un cálculo equivocado y el vehículo puede caer en una de las grietas que han devorado el pavimento. Mientras tanto, la desesperación crece entre los transportistas, que ven cómo el deterioro de la vía no solo pone en peligro su seguridad, sino también su sustento.
Una catástrofe anunciada
Lo más alarmante es que esta crisis no es nueva. Durante años, se han elevado reclamos y advertencias sobre el deterioro progresivo del puente, pero las respuestas han sido nulas. Las lluvias recientes no han hecho más que agravar una situación que ya era desesperante, evidenciando la total indiferencia de las autoridades ante una infraestructura que está al borde del colapso.
Si no se toman medidas urgentes, la pregunta no es si habrá un accidente grave, sino cuándo ocurrirá. ¿Cuántos vehículos más deberán sufrir daños? ¿Cuántas vidas deben estar en peligro para que se haga algo? La Ruta 22 es un eje clave de comunicación y transporte, y su puente no puede seguir siendo un monumento al abandono y la negligencia.
El tiempo se agota y el puente sigue en pie por pura resistencia, pero su suerte está echada. O se actúa ya, o se lamentará una tragedia que pudo haberse evitado.











