La UCR se refugia en el “Modelo Weretilneck” para asegurar su futuro

(NOTI-RIO) Bajo la conducción de Ariel Bernatene, el radicalismo rionegrino apuesta a profundizar el Gran Acuerdo con Juntos Somos Río Negro. La meta: recuperar musculatura territorial a la sombra de un oficialismo que se consolida como el único dique de contención ante la ola libertaria.

En los pasillos de la Legislatura de Viedma, el clima no es de nostalgia, sino de cálculo frío. La Unión Cívica Radical de Río Negro, aquel partido que durante casi tres décadas fue dueño absoluto de las llaves de la Casa de Gobierno, ha comprendido que en la política del siglo XXI, la pureza ideológica suele ser la antesala de la irrelevancia. Por eso, la estrategia para 2027 ya tiene un nombre: consustanciación.

Ariel Bernatene, titular del Comité Central, junto a la legisladora Lorena Matzen, lideran una transición silenciosa pero profunda.

El diagnóstico es realista: el radicalismo ya no busca derrocar al gobernador Alberto Weretilneck, sino convertirse en su socio indispensable. Esta simbiosis, bautizada como el “Gran Acuerdo”, ha mutado de ser un salvavidas electoral en 2023 a transformarse en un plan de gobierno compartido que hoy le permite a la UCR respirar aire de poder después de años de asfixia.

El refugio rionegrino ante la “amenaza” nacional El contexto no es menor. Con la irrupción de La Libertad Avanza en el mapa provincial -y la fuga de dirigentes como Marcelo Román en Allen-, el oficialismo de Juntos Somos Río Negro (JSRN) se presenta como un “puerto seguro”. Weretilneck ha logrado algo inédito: construir un ecosistema donde conviven radicales, peronistas y vecinalistas bajo una sola bandera: la defensa de los intereses provinciales frente al centralismo porteño.

Para la UCR, esta alianza es la única garantía de supervivencia. Al sumarse al proyecto provincialista, el radicalismo accede a una capilaridad de gestión que sola no podría sostener.

Weretilneck, con la astucia que lo caracteriza, ha sabido abrir el juego, entendiendo que una UCR fortalecida en el territorio es, en última instancia, un aliado que le cuida los flancos ante el avance de las fuerzas nacionales.

El plan de Bernatene es ambicioso pero escalonado. Hoy, la UCR gobierna seis municipios (Guardia Mitre, Chichinales, Coronel Belisle, Valcheta, Darwin y Dina Huapi). El objetivo para 2027 es saltar a ocho intendencias como piso mínimo.

La mirada está puesta en el Valle Medio. Chimpay es el gran anhelo tras una derrota ajustada, mientras que Ingeniero Huergo y Cervantes aparecen en el radar como objetivos posibles.

Sin embargo, el verdadero desafío será el rol que jueguen en las “Cuatro Grandes”: Viedma, Roca, Bariloche y Cipolletti. En estos distritos, la orden es clara: unidad y lectura fina. No habrá aventuras individuales; cualquier movimiento será consensuado con el despacho principal de la calle Laprida.

El caso de General Roca merece un párrafo aparte. En la ciudad que es bastión del sorismo, la UCR busca recuperar su voz histórica usando como herramienta la propia Carta Orgánica que el partido diseñó en 1986. La conducción sabe que Roca es la vidriera necesaria.

Si logran un armado inteligente junto a JSRN, podrían finalmente fisurar la hegemonía peronista en el Alto Valle.

Un futuro de “Rojo, Blanco y Verde” La incorporación de la Juventud Radical al debate público no es un mero gesto orgánico. Es la búsqueda de nuevos cuadros que no tengan el “vicio” de la vieja confrontación con el oficialismo.

El mensaje de Bernatene es directo: para volver a ser motor de debate, hay que tener representación. Y en la Río Negro de hoy, la representación se construye desde la gestión compartida.

El radicalismo ha entendido que, frente a un Weretilneck que logra hitos como la confirmación de la planta de GNL en Sierra Grande y que mantiene la paz social en un país en llamas, ser oposición es un ejercicio de masoquismo político.

La apuesta es ganar músculo propio para que, en 2027, la mesa de negociación del “Gran Acuerdo” los encuentre sentados con la autoridad de quien gobierna territorio, y no de quien solo pide un lugar en la lista.

La UCR rionegrina ha decidido dejar de mirar el espejo retrovisor de sus 28 años de hegemonía para empezar a mirar el parabrisas de un proyecto provincial que, por ahora, parece no tener techo. El éxito de uno, hoy más que nunca, es la supervivencia del otro.

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