
(NOTI-RIO) Verónica Currinca lleva siete años desafiando los Andes. Con doce cumbres en el historial y el sagrado Chañi como próxima meta, esta montañista cuenta por qué la montaña se convirtió en su filosofía de vida.
Salieron a las cinco de la mañana con una linternita. El grupo de ocho montañistas y su guía se internaron en las sombras del Cordón del Plata mendocino cuando el cielo todavía era negro. Horas después, solo tres llegaron a la cumbre. Verónica Currinca fue una de ellas.
Esa jornada de marzo de 2026, tras dieciséis horas de ida y vuelta sobre las piedras del Cerro Franke, en Vallecitos, no fue simplemente una excursión más en el historial de esta montañista argentina.
Fue el momento en que desbloqueó algo que la venía frenando desde hace años: la decisión de no bajar cuando las piernas flaquean y la cabeza negocia una retirada.
“Venía intentando otras cumbres y siempre, faltando poco, me bajaba. Esta vez me dije: voy para arriba. Y fuimos para arriba”, recuerda Verónica, con la emoción todavía viva en la voz. “Lloré tanto. Para mí significó muchísimo haber desbloqueado eso.”
“La satisfacción de haberlo logrado es una emoción que no puedo explicar. Para mí es como la vida misma: mirar para atrás el camino recorrido y tener los objetivos hacia donde uno quiere ir.” señaló Verónica Currinca
El Franke: una escuela de 4.800 metros
El Cerro Franke es uno de los desafíos más exigentes del Cordón del Plata, la zona de entrenamiento favorita de los andinistas mendocinos.
Con una altitud que ronda los 4.800 metros sobre el nivel del mar y un desnivel de casi 1.900 metros en apenas seis kilómetros de recorrido, su pendiente puede superar los 50 grados en ciertos tramos.
Los expertos lo describen como una ruta de gran desnivel que fuerza al cuerpo a ganar altura rápidamente y lo expone sin piedad al mal de montaña.
El primer ascenso registrado al Franke data de 1943, cuando los argentinos Pablo Franke, Miguel Cáffaro y Manuel Pacheco plantaron pie en su cumbre.
Hoy es un ícono de aclimatación para quienes aspiran a cimas mayores, como el Cerro Plata y que casi alcanza los 6.000 metros, o el propio Aconcagua.
Verónica llegó al Franke como parte de un ciclo de preparación que comenzó días antes en El Bolsón, junto a sus compañeras Elena Zenk y Mimi Izaurralde, con prácticas sobre hielo azul y nieve fresca en refugio.
Pero Veronica regresó a Mendoza para sumar dos jornadas en Vallecitos: la primera, un recorrido de diez horas hasta Morenas Coloradas (a 3.800 metros, la misma altitud del volcán Lanín); la segunda, el asalto al Franke.
“Ese día éramos ocho más el guía. Al llegar al punto del acarreo, ya a 4.500 metros, el grupo se dividió. Solo tres seguimos para la cumbre, porque el horario apremiaba y el esfuerzo era enorme”, relata.
La cumbre “parecía estar ahí nomás”, pero significaba una hora y media más de marcha sobre roca en pendiente, con el corazón acelerado por la falta de oxígeno. “Pasito a pasito, pero lo logramos.”
Siete años y doce cumbres
La historia de Verónica con la alta montaña arrancó hace siete años, y en ese tiempo construyó un palmarés que incluye algunas de las más imponentes cimas argentinas: dos ascensos al volcán Lanín, el rey de los Andes patagónicos, a 3.776 metros en el límite con Chile, dos expediciones al Domuyo, el pico más alto de la Patagonia, con 4.709 metros en Neuquén, el Pico Catamarqueño, dos intentos al Chañi jujeño, travesías por Vallecitos y la cara del Cerro El Plata mendocino, entre otros.
Cada montaña le dejó algo. “Siempre miro las fotos y no puedo creer haber estado ahí”, dice. No es falsa modestia: el montañismo de altura es un deporte en el que el cuerpo humano opera en condiciones límite.
A partir de los 3.000 metros, el aire enrarece, el corazón trabaja más para oxigenar los músculos y cada paso requiere una negociación constante entre la voluntad y la fatiga.
Palmarés — las cumbres de Verónica Currinca:
- Volcán Lanín (×2) — 3.776 m — Neuquén / límite con Chile
- Volcán Domuyo (×2) — 4.709 m — Neuquén, techo de la Patagonia
- Morenas Coloradas — 3.800 m — Vallecitos, Mendoza
- Pico Catamarqueño — ~5.000 m — Catamarca
- Chañi (×2, intentos) — 5.896 m — Jujuy, techo de los Andes jujeños
- Cerro El Plata — 5.968 m — Cordón del Plata, Mendoza
- Pedro Sani — ~4.900 m — Mendoza
- Cerro Franke ✓ — 4.800 m — Vallecitos, cumbre lograda en marzo 2026
El Chañi: una montaña sagrada y un sueño pendiente
A fines de mayo de 2026, si el tiempo lo permite, Verónica regresará a Jujuy para su tercer intento al Nevado del Chañi.
Con 5.896 metros sobre el nivel del mar, el Chañi es la cima más elevada de toda la provincia jujeña y uno de los grandes desafíos del noroeste argentino. Su nombre, en la lengua aymara, significa “resplandeciente” o “brillante”, aunque también se lo traduce como “cerro padre” o “cerro importante”.
Pero el Chañi no es solo una montaña: es un Apu, un espíritu sagrado de la cosmovisión andina. Los primeros escaladores de sus cumbres fueron los propios incas, que ascendían con un propósito religioso.
En 1905, una expedición militar encontró en la cumbre principal los restos de un niño de cinco años, conservados por el frío junto a su ajuar. Era el testimonio de una “capacocha”, el ritual de sacrificio inca en las cumbres andinas y constituyó el primer hallazgo funerario de este tipo en una montaña argentina.
La ruta normal de ascenso no presenta dificultades técnicas extremas, pero exige una logística de cinco o seis días para la aclimatación progresiva: desde las Salinas Grandes y El Moreno a 3.600 metros, pasando por el refugio Flor de Pupusa a 4.200, hasta el campamento Jefatura de Diablos a casi 5.000 metros, antes del ataque final a la cumbre. Las jornadas de intento duran entre doce y catorce horas.
Verónica lo intentó dos veces y ambas quedó a 200 o 300 metros de desnivel de la cima (unas tres o cuatro horas más de marcha). “Siempre hay algo: el grupo, el clima, el cuerpo. Pero ese lugar me enamora. Es una montaña maravillosa para estar, para caminarla, para encontrarte con vos misma”, dice.
El Aconcagua en el horizonte
Más allá del Chañi, la meta final de Verónica tiene nombre propio y altura estratosférica: el Cerro Aconcagua. Con 6.960,8 metros (medición oficial del Instituto Geográfico Nacional argentino) es la cima más alta del hemisferio occidental y la montaña más elevada del planeta fuera de las cadenas del Himalaya y el Pamir.
Recibe alrededor de 6.000 intentos de ascenso por año y, a pesar de que su ruta normal no requiere técnica de escalada, los efectos de la altitud son brutales: la presión atmosférica en la cumbre es apenas el 40% de la que se respira al nivel del mar.
Los montañistas más experimentados afirman que, fisiológicamente, el Aconcagua se comporta como si fuera un pico de 8.000 metros, dada la escasez de oxígeno y las particulares condiciones atmosféricas de los Andes Centrales.
“Mi sueño sigue siendo el Aconcagua. Es el que estoy apuntando para el próximo año”, confiesa Verónica con la misma simpleza con la que habla de la montaña en general: no como un deporte extremo sino como una extensión natural de quién es.
La escalada como filosofía de vida tiene en ella a una representante genuina. “Hacer algo, empezarlo y terminarlo, ya es un logro personal muy grande”, resume. Y lo dice alguien que sabe lo que es pararse a las cinco de la mañana bajo la oscuridad, ajustar la linternita en la frente, y empezar a subir.
Próxima expedición — Nevado del Chañi, mayo 2026:
- Día 1: Llegada a San Salvador de Jujuy (1.200 m). Revisión de equipo y traslado a El Moreno.
- Días 2-3: Aclimatación en El Moreno (3.600 m) y trekking hasta los 4.000 m con vistas a las Salinas Grandes.
- Día 4: Ascenso al refugio Flor de Pupusa (4.200 m). Noche en refugio de adobe.
- Día 5: Ascenso al campamento Jefatura de Diablos (4.900 m). Preparación para cumbre.
- Día 6: Intento de cumbre — salida a las 4:00 hs. Jornada de 12 a 14 horas. Meta: 5.896 m.
- Día 7+: Descenso a Purmamarca. Cierre de expedición.
Aquí van las citas textuales de Verónica, limpias y listas para usar al pie de la nota:
Verónica Currinca
“Este año ya comenzamos de vuelta con esta pasión que es la montaña, de poder desafiar la altura con un objetivo muy grande que va a ser en mayo, para el fin de mayo, si Dios quiere, en Jujuy.”
“El Cerro Franque tiene 4.800 metros de altura, con un desnivel de 1.900 en 6 kilómetros. Fue una de las montañas de alta montaña más duras para poder entrenar.”
“Solo tres seguimos para la cumbre. El resto tuvo que bajar, porque ya estábamos a 4.500 metros de altura. Y también el horario nos apremiaba.”
“Pasito a pasito, porque la verdad que después de haber hecho 150 metros de nivel, se empieza a observar la cumbre, que parece que está ahí nomás, pero realmente era una horita y media, dos horitas más caminando.”
“Yo la verdad que venía ahí, casi siempre me tenía que bajar, y esta vez lo logré, no me bajé, pudimos hacer cumbre.”
“Lloré mucho, nos abrazamos mucho con mis compañeros, y fue una alegría muy grande, sobre todo pensando en lo que va a venir más adelante.”
“Desbloqueé eso de que cuando estoy con las últimas, yo decido a veces bajar para preservarme. Esta vez dije: voy para arriba. Y fuimos para arriba.”
“Tardé 16 horas. En esas 16 horas te desafiás a todo: a la cabeza, al físico, al tiempo. Arrancás a caminar a las 5 de la mañana, oscuro, con una linternita.”
“Cuando amanece, disfrutar el amanecer es hermoso. Pero cuando uno mira todo el camino que recorrió, decís: wow, todo eso subí, y todo lo que falta.”
“Es un continuo pelear con la cabeza. Pero la satisfacción que me da estar en esos lugares… yo siempre digo que es como la vida misma.”
“Mirar para atrás el camino recorrido y tener los objetivos hacia donde uno quiere ir, caerse, levantarse, abrazarse, tener un compañero con quien charlar, alguien en quien apoyarse, un guía que te dice por dónde ir. Para mí es una experiencia de vida, es una forma de vida.”
“El Chañi es el más alto de Jujuy, mide 5.200 metros, está atrás de Salinas Grandes. Ya lo intenté dos veces, siempre me quedo ahí a 200, 300 metros de desnivel.”
“Es una montaña sagrada, yo la amo. Es un lugar hermoso, hermoso para estar ahí, para conocerlo, para caminarlo. Te encontrás con vos mismo.”
“Mi sueño sigue siendo el Aconcagua, que es el que estoy apuntando para el próximo año.”
“Siempre motivando a todos aquellos que tengan algún sueño: que luchen por su sueño, que siempre las cosas se hacen realidad.”
“Yo siempre digo: hacer algo, empezarlo y terminarlo, ya es un logro personal muy grande.”
