
(NOTI-RIO) El stock bovino nacional cayó en 704.000 cabezas en 2025, tocando el piso más bajo desde 2011. Pero hay una región que nada contra la corriente. Y en los mostradores, el kilo de carne no para de subir.
La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca publicó las existencias de bovinos al 31 de diciembre de 2025: 50.920.790 cabezas componían el rodeo nacional, cifra que representa una baja del 1,36%, equivalente a 704.000 cabezas. No es solo un número malo: se trata del rodeo más bajo desde 2011.
Lo que la estadística confirma, los especialistas lo venían advirtiendo. Entre 2022 y 2025, la Argentina perdió cerca de 3,3 millones de cabezas, en un período marcado por factores climáticos adversos y cambios en el contexto económico de la actividad.
Tres años de sangría ininterrumpida, aunque con una diferencia importante respecto a los ejercicios previos: la hemorragia se está frenando.
El eslabón más sensible: las madres
La clave del diagnóstico está en los vientres. Vacas y vaquillonas registraron una reducción del orden de 516.000 cabezas, un 1,8% menos, lo que resulta esperable dado el nivel de faena de hembras registrado en 2025.
Sin embargo, en los dos años previos esa caída había promediado las 850.000 cabezas anuales. La retención está en marcha, pero el tiempo biológico no admite atajos: una vaca que se retiene hoy no produce terneros mañana.
El informe oficial también registró que los terneros y terneras totalizaron 14.405.022 cabezas, unas 198.000 menos que el año anterior (-1,4%). Esto se explica porque estos animales provienen, en su mayoría, de nacimientos ocurridos durante el invierno de 2025, producto de los servicios sobre las vacas de la primavera de 2024, período en el cual ya se había verificado una caída del stock de vientres en igual magnitud.
Más eficiencia, menos animales
Hay un dato que parece paradójico pero no lo es: la ganadería argentina es hoy más eficiente que en cualquier momento de las últimas dos décadas. La relación ternero/vaca alcanzó el 65,2% en 2025, manteniéndose superior al promedio de la serie 2007-2025 (62,3%), y posicionándose como el segundo mejor resultado de la serie, después del récord histórico del 66,7% en 2022.
En criollo: por cada 100 vacas, la Argentina produjo 65 terneros. El problema no es la productividad individual del rodeo, sino que hay menos rodeo.
La Patagonia, la excepción que confirma la regla
En un mapa teñido de rojo, la Patagonia aparece como la única mancha verde. La región sumó 38.000 cabezas en 2025, un crecimiento del 3,1%, mientras el resto del país perdía terreno.
Son números modestos en términos absolutos —la región apenas concentra el 2% del rodeo nacional—, pero la dirección importa tanto como la magnitud.
Detrás del crecimiento patagónico hay una historia de largo plazo. A comienzos de la década pasada, la faena provincial de Río Negro rondaba entre 80.000 y 90.000 cabezas anuales. A partir de 2011 y 2012 comenzó un crecimiento muy importante con la retención de terneros, las recrías y el engorde, sumado a una mayor producción en los valles irrigados de alfalfa y maíz.
El punto más alto se registró en 2024, cuando Río Negro superó por primera vez las 180.000 cabezas faenadas en un año, un hito para la actividad ganadera local.
La provincia también apostó fuerte con política pública. A través del Programa Ganadero Bovino, durante 2025 se aprobaron 93 créditos por un total de $1.237 millones, destinados a inversiones prediales, incorporación de reproductores, mejoras en infraestructura y fortalecimiento de la industria frigorífica.
El 85% de los fondos otorgados provino del recupero de créditos de años anteriores.
Un fondo que se retroalimenta.
Y hay un activo geopolítico que el resto del país no tiene: la Patagonia es la única región del país libre de fiebre aftosa sin vacunación y la única habilitada por Japón para exportar carne, uno de los mercados más exigentes del mundo.
En Expoagro 2026, Río Negro fue señalada como la nueva frontera para la ganadería argentina.
Lo que paga el consumidor
El achicamiento del rodeo tiene consecuencias directas en la mesa de los argentinos. El consumo de carne vacuna en Argentina tocó en 2025 su nivel más bajo en dos décadas.
Sin embargo, el precio continúa al alza y todavía no encontró un piso. En febrero de 2026, el valor promedio al consumidor llegó a $15.895 por kilo, el registro más alto de los últimos veinte años ajustado por inflación, según un informe de Fundación Mediterránea.
La brecha con la inflación general es elocuente. Mientras el índice de precios al consumidor registró una variación anual del 31,5% en 2025, el valor promedio de la carne vacuna aumentó más del 65%. El asado subió 59,6% en el año, la nalga 68,4%, el cuadril 66,3%, la paleta 69,6% y la carne picada común 60,6%.
El resultado es una sustitución silenciosa en la dieta argentina. El cerdo subió 29,4% y el pollo 19,2% en 2025, haciendo que muchas familias reemplazaran los cortes tradicionales de carne bovina por alternativas más accesibles. El asado del domingo se está convirtiendo, para muchos hogares, en un lujo ocasional.
El contexto exportador: entre la oportunidad y la incertidumbre
El escenario externo suma tensión. El gobierno de Milei eliminó temporalmente las retenciones a la carne vacuna hasta el 31 de octubre de 2025, reduciendo a cero la alícuota para todas las categorías bovinas y avícolas.
Pero la medida tuvo vida corta. Las exportaciones de carne vacuna alcanzan un alto nivel, cercano a los 4.600 millones de dólares al año, y las dos terceras partes de ese total volvieron a quedar alcanzadas por el 5% de retención desde noviembre.
En el frente asiático, el principal comprador complica el panorama. China impone a partir del 1 de enero de 2026 medidas de salvaguardia sobre la carne de vacuno importada, que incluyen cuotas específicas por país y un arancel adicional del 55% para las importaciones que superen esos límites.
Argentina exporta actualmente por encima de las 480.000 toneladas de productos cárnicos hacia ese destino.
Como compensación, el gobierno avanzó en la apertura de otros mercados. La Secretaría de Agricultura estableció nuevos mecanismos de asignación de cupos de exportación de carnes con destino a la Unión Europea, el Reino Unido y Estados Unidos, distribuyendo los cupos de acuerdo al desempeño exportador de las empresas.
¿Cuándo se sale del pozo?
En un contexto de demanda sostenida, reflejada en los precios de la hacienda y en los márgenes económicos positivos, sumado a una ya marcada retención de animales -tanto de vientres como de categorías destinadas a faena- y considerando las restricciones propias de los tiempos biológicos de la producción bovina, es esperable que en los próximos años se consoliden resultados positivos tanto en la productividad del rodeo como en los niveles de producción de la ganadería.
Así lo analiza la propia SAGyP en su informe oficial.
Pero la ganadería tiene un límite que ningún precio puede acelerar: el tiempo biológico. Los ciclos del sector se estiman en dos o tres años, y la recuperación del stock, aunque encaminada, no será inmediata. Para el consumidor, eso significa que el alivio en el mostrador tampoco llegará pronto. Mientras tanto, el sur del país sigue creciendo, casi en silencio, como la única buena noticia de un sector que busca recuperar el terreno perdido.
