Sonia Molina, la mujer que fue mantenida cautiva durante tres meses por la periodista Estefanía Heit y el pastor Jesús Olivera en la ciudad de Coronel Suárez, contó que a siete meses de recuperar la libertad aún no puede llevar una vida normal.
“Todavía tengo pesadillas con todo lo que viví ahí. Fue la casa del horror, como la calificaron los vecinos después. Durante el día me vienen flashes y me paralizan. Quiero correr, escapar, me ahogo. Me resguardo en mi mamá y mi hija. Hay días en los que no tengo ganas de hacer nada, duermo, y otros en los que estoy mejor. Es difícil seguir, me arruinaron la vida”, contó al diario Perfil.
Y agregó, desde la ciudad rionegrina de Río Colorado, donde actualmente vive: “es difícil reponerse, pero sobretodo por mi pequeña hija tengo que ser fuerte”. Además, contó que todavía le “duelen las articulaciones”.
“Recuperé el peso y tengo algunas marcas en el cuerpo que no se me van a ir. Los médicos me dijeron que iba tardar un año en recuperarme, y en eso estoy”, dijo.
Respecto a Heit y Olivera comentó: “el trato con ellos era cordial. Ambos eran pastores, pero no quiero hablar de ellos para no entorpecer la causa. Me habían propuesto llevar la contabilidad de la ONG y para eso me iba a formar y estudiar en La Pampa”.
Molina reveló que sus actividades dependen de su estado de ánimo, aunque tiene una salida semanal obligatoria: ir al psicólogo.
El hecho por el que Heit (29) y su esposo, el pastor Jesús Olivera (28), están acusados comenzó a investigarse el 12 de noviembre del año pasado, cuando Molina denunció ante la Policía de Coronel Suárez que acababa de escapar de la casa de la pareja, donde había estado cautiva tres meses.
Según la denuncia, la periodista y su esposo habían sometido a Molina a tormentos y despojado de todos sus bienes bajo un ardid motivado en cuestiones religiosas.
El 18 de diciembre, la jueza de Garantías Susana Calcinelli (subrogaba a Sthempelet), dictó la prisión preventiva de la pareja. A diferencia de la fiscal, que había acusado a Heit y Olivera de privación ilegal de la libertad y abuso sexual, la magistrada consideró que Molina fue reducida a la servidumbre por la pareja y sólo al hombre le imputó el abuso sexual.
Los dos acusados se declararon inocentes ante la Justicia y sostuvieron que era Molina la que no se quería ir de la casa de ellos porque estaba obsesionada con Olivera, que se golpeaba ella misma y no comía y les entrega su dinero por decisión propia.