Este domingo, en el trazado tradicional del club defensores de Colonia Juliá y Echárren, se llevará a cabo un homenaje a uno de los ciclistas más renombrados de la región de Río Colorado, Bahía Blanca y buena parte del país: el ‘pelado’ Eduardo Sánchez.
Con aportes de muchos de los ex compañeros de competencia y amigos, la Comisión de Ciclismo de la Comarca del Colorado organizó este evento que repartirá importantes premios para todas las categorías y que tendrá largada en el mismo club Defensores, para recorrer un circuito de 7 kilómetros de largo por vuelta, a las 10 de la mañana del domingo, con esmerado servicio de cantina.
EL ‘PELADO’ BAJO LA ÓPTICA DE EL ‘VASCO’
Siempre en la vida de luna persona hay otra que influyó de alguna manera, y tal es el caso del vasco Edgardo Peñagaricano en la de Sánchez, por lo que hubo que recurrir a aquel para conocer un poco de la historia del pelado.
Llegados de Bahía Blanca cuando Eduardo rondaba los 8 años, la familia Sánchez se instaló en la esquina de Alem y Sáenz Peña, en una zona entonces despoblada que tenía a su frente al viejo edificio del Automóvil Club Argentino, hoy inexistente.
A los doce años, la bici y la escuela 18 hizo que se acercara mucho a uno de los baluartes del ciclismo loca, el ‘vasco’ Edgardo Peñagaricano, quien a la postre fue pilar del crecimiento deportivo del ‘pelado’.
“La primer bicicleta de carrera la fuimos armando de a poco, cuando yo trabajaba con Severini (una antigua casa desaparecida de artículos del hogar y sobre todo de elementos de ciclismo), nos quedó bastante linda”, recuerda el vasco.
“Era la misma bicicleta que se usaba para correr, en ese entonces los dos para el club Independiente, y me acuerdo que era una época en la que entrenábamos de noche y a veces a la madrugada, sobre todo porque mi trabajo no me permitía otros horarios”, agregó.
Junto a pedalistas recordados eternamente como Rocco Tomassone, Ansalodi, de la Colonia, ´Cacho’ Alzueta, ‘Nando’ Marinzalta, ‘Tito’ Vita o el mismo José Miguel, el pelado y el vasco fueron creciendo y dejando los primeros surcos sobre la calle de la historia en la región.
“Además de nosotros venía mucha gente de Bahía, que eran buenísimos, pero acá no le aflojábamos si recuerdo que Cacho ganó una doble Algarrobo, todo de tierra (77 km de Río Colorado), y le sacó once minutos al segundo cuando llegó a lo del ‘gordo’ Castillo donde terminaba la carrera”, rememoró.
La relación con bahía Blanca era durísima, pero la medida de los que aspiraban a crecer deportivamente.
“Era otra época, porque no es como ahora que te llevan a un auto, te bajás y corrés, no, era todo tierra y había que llegar a Bahía, a veces en bicicleta y otras en tren porque también pasaba La Puntual pero con la bici no se podía”, recuerda Peñagaricano.
“Además allá largábamos cuarenta y pico, contra los quince que éramos acá de acá, y para que veas lo bueno que era Eduardo me acuerdo que la primer vez que fuimos en el primer embalaje le dije que se ponga a rueda y yo gané, pero en el segundo me empujaron, perdí una vuelta y lo seguí ayudando, entonces él, aún cuando había pinchado tres tubos, terminó tercero una carrera tremenda”, detalló.
Entre noches interminables de preparación y competencias cargadas de emoción, ambos siguieron el mismo camino, aun cuando el destino les ponía pruebas delante.
“(Eduardo) se había hecho amigo de Horacio Aragón, que estaba en el ACA, y él lo convenció para que corriera para el club Atlético, que le empezaban a pagar los viajes a Bahía, entonces, aunque éramos como hermanos, en las carreras era a muerte, porque yo seguí en Independiente, pero al final volvíamos siempre juntos a casa”, relata el padre de una generación de ciclistas regionales.
UNA VUELTA DISTINTA
Hasta que llegaron los 18 años, la época de empezar a correr por circuitos diferentes.
“Atlético le pagaba los viajes a Bahía y yo mismo le dije que aprovechara porque veía que iba a más, hasta que un día viernes me pidió que lo acompañara a una carrera y hasta le pidió permiso él a los patrones para que me dejaran ir “, recuerda.
“Cuando estábamos almorzando en Algarrobo me dijo: ‘che vasco, vas a tener que volver sólo porque yo me quedo a vivir en Bahía’ y ahí se quedó, y yo tuve que volverme en tren a Río Colorado, pero siempre seguimos ligados a través del ciclismo”, agregó el vasco.
Sánchez en bahía Blanca corrió en categoría Libres y luego en las superiores, mezclado entre los mejores representando a clubes de Buenos Aires, como Indarciclo, ganó vueltas al Valle cuando la recorrida era mucho más amplia y sobre muchos caminos de tierra.
“Era un hombre de una potencia y una sangre tremenda, tiraba muy fuerte, aunque se quedaba un poquito en los embalajes, pero era muy bueno
Por último, el impulsor de este homenaje, quien además vio cómo se gestó y cómo creció el ciclismo en la región, se considera para autoridad para opinar, a la vuelta de la vida y con una larga historia encima de sus espaldas.
“En Río Colorado siempre hubo buenos ciclistas pero no tuvieron el apoyo necesario y generalmente el ciclista no es un hombre de poder económico para poder acceder, pero el pelado fue lo mejor, sin dudas fue lo mejor”, concluyó su iniciador, su puntal deportivo, su amigo. (FUENTE RIOCOLORADONOTICIAS)