Los 100 años de la inundación del valle del Colorado

El colapso del lago Cari Lauquen fue una catástrofe natural acontecida en Argentina en la tarde del 29 de diciembre de 1914 cuando el derrumbe de las paredes del lago Cari Lauquen (también llamado Cari Lauquén y Carilauquen) arrasó de manera tempestiva con el valle del río Colorado y con docenas de casas y moradores que se encontraban en las cercanías.
De acuerdo a distintas fuentes la tragedia provocó entre 190 y 300 víctimas mortales con énfasis en los territorios nacionales de Río Negro y La Pampa constituyendo, quizás, el peor desastre aluvional de este tipo en la historia conocida argentina.
Durante el otoño e invierno de 1914 la zona cordillerana de la provincia de Mendoza y del Territorio Nacional del Neuquén recibió una extraordinaria cantidad de precipitaciones en forma de nieve que permaneció durante meses en la zona. Al llegar la época cálida de la primavera y el verano, primordialmente en noviembre y diciembre, la nieve que se había acumulado se derritió de manera rápida, volcándose sobre el lago, ubicado en el límite entre esa provincia y ese territorio nacional, que provocó un aumento en el nivel de profundidad, que rondaba aproximadamente en los 95 metros antes del colapso.
Este aumento enorme de la cantidad de agua que afluyó, originó que las paredes del lago no pudieran soportar más la presión y se volcara de manera catastrófica sobre el río Barrancas y luego sobre el río Colorado y su fértil valle, en la tarde del día 29 de diciembre de 1914. Tal ruptura abrió una enorme garganta de unos 250 metros de largo por otros 100 de alto. Las primeras zonas en arrasar el torrente fue en los límites de Mendoza y Neuquén, donde allí la furia del agua se llevó dos comisarías de policía locales y varios hogares, además de los cultivos que los moradores habían hecho en pequeña escala. Frente a la junta del arroyo Guara-Có, los cultivos tenían cierta extensión, pero desaparecieron todos. También sufrieron mucho las comisarías policiales de ambos lados del río Barrancas.
En el rincón de la comisaría mendocina, había sectores de campo regable, unas cuantas hectáreas alfalfadas, alrededor de 10 casas, maizales, árboles, etc. De todo esto, no quedaron ni rastros. La comisaría desapareció, y donde había un campo fértil, no quedó nada. Lo mismo pasó con la comisaría del lado neuquino, donde la mayor parte de los potreros, alamedas y casas desaparecieron. En ambos lados del río Colorado había caminos que quedaron inutilizados, y en el paso de Las Bardas, las estancias fueron arrasadas.
Según informes de la época, el lago Cari Lauquen debe haberse vaciado bruscamente cerca de las 16:00 horas del 29 de diciembre. El torrente pasó por el poblado de Barrancas a las 20:00 horas y llegó al pueblo de 25 de Mayo al mediodía del día 30.
Fueron más de 2800 millones los metros cúbicos de agua que siguieron el cauce del río Barrancas y luego del Colorado, borrando casas, huertas e inclusive al incipiente pueblo de Barrancas, que debió ser relocalizado. En cientos de kilómetros la gran avenida de agua se llevó sedimentos, árboles y rocas, además de vías de trenes y muchas vidas humanas.
Víctimas
Según diversas fuentes, la cantidad de víctimas es variable: van desde 186 a 300 el número de fatalidades en el gigantesco aluvión. Pero por algunos datos recogidos en la zona, se puede saber que en las colonias Peña Blanca y 25 de Mayo, que formaban parte de los territorios nacionales de Río Negro y La Pampa, respectivamente, se perdieron más de 110 vidas; y que en la zona del lago Cari Lauquen en Neuquén se ahogaron 25 personas, como así otras 50 personas en el territorio de la provincia de Mendoza.

Casi por sorpresa. No imaginado el motivo. Lo más rápido para alertar con la funesta noticia de la avenida de agua fue el telégrafo y algunos despavoridos jinetes, pero igualmente nada se pudo hacer para evitar el descomunal tropel de aguas marrones y en época inusual de crecientes. Difícil también comunicar a los ribereños el enojo del “Primer Desaguadero”, como lo llamara el jesuita inglés Tomas Falkner en su libro y mapa de 1774. En cuanto a población, la afectada más importante fue sin duda Río Colorado y su vecina la inicial Buena Parada en la provincia del Río Negro. Veamos.

Hasta hace unos años sobresalieron en recuerdos escritos sobre aquel famoso desborde o inundación del río Colorado los libros de dos destacados directivos del Ferro Carril Sud: Arturo H. Coleman, galés y el dinamarqués William Rögind. Últimamente otros autores regionales mencionaron el acontecimiento y los diarios “La Nación” -con enviado especial- y “La Prensa” se ocuparon del asunto lo mismo que los periódicos de entonces “Río Negro” y “Neuquén”, entre otros. La causa parece que fue un “fenómeno geológico” y según lo narró el galés Coleman: “Próximo al nacimiento del río Colorado, en la cordillera de los Andes, corre el río Barranco (Barrancas) tributario del Colorado. El lago Carri Lauquén, estaba situado en el propio curso del río Barranco (Barrancas). Esta cuenca, que desapareció bruscamente, tenía unos treinta y dos kilómetros de largo, con un ancho que variaba entre los tres y los doce kilómetros. Se había formado, cientos de años atrás, a causa de que la salida del encajonado valle, por el cual discurre el río Barranco, fue bloqueada por una erupción volcánica que obstruyó parcialmente el paso con enormes rocas, dejando un reducido boquete por donde desaguaba el lago” (sic). Por tanto el lago Carri Lauquén actuaba como regulador natural de dicho río y podía recibir toda el agua posible de lluvias o derretimiento de nieve ya que su compuerta rocosa o tapón permitía salir el agua del lago. El 27 ó 28 de diciembre de 1914 el lago se encontraba muy lleno y la enorme presión del agua o “algún movimiento sísmico derrumbó el tapón que obstruía el boquete, disgregándolo y arrastrando las rocas volcánicas que cerraban el paso, vaciándose rápidamente el lago”.

Una posterior inspección del ingeniero Blencowe de la empresa ferroviaria inglesa comprobó que el barro en las paredes del lago, indicaba en el centro 110 metros y 85 e las orillas. La enorme masa de agua que se descargó del Barrancas al Colorado se calculó en no inferior a “dos mil ochocientos millones de metros cúbicos”. Coleman, entonces superintendente de tráfico ferroviario con asiento en Bahía Blanca, había recibido pedido de auxilio de los gobernadores del Neuquén y del Río Negro. Principalmente sobre el peligro de inundación que amenazaba a Buena Parada-Río Colorado, disponiendo la formación de un tren de auxilio “compuesto de veinte vagones dobles cubiertos y dos abiertos, en los que se cargaron, como medida de precaución, cuatro botes a remo” saliendo el domingo 29 de diciembre de 1914 rumbo a Río Colorado. Al pasar el puente de hierro sobre el Colorado y ya en Buena Parada se invitó a los pobladores a subir al tren, pero hubo cierta resistencia y tuvo que actuar la policía.

Las aguas avanzaban arrolladoramente y el tren habitual a Neuquén había quedado detenido en la estación Río Colorado a donde llegó su similar de auxilio. No tenían información de las estaciones Juan de Garay, Pichi Mahuida y Fortín Uno, donde la vía corre casi paralela al Colorado. A las 22 de aquella noche “el jefe de la estación Pichi Mahuida avisó telegráficamente que se encontraba en la oficina con el agua a la cintura y abandonaba la estación”. Arturo Coleman ordenó que el tren de pasajeros retrocediera a la estación Gaviotas y a la madrugada (30/12) prosiguieron la marcha con parte del tren de auxilio y dos botes. A unos veinticinco kilómetros llegaron a la orilla de la inundación. Quisieron retroceder, pero estaban completamente rodeados por las aguas que aflojaron el terraplén con las vías y el tren se inclinó. El agua llegaba a las ventanillas. Aislados totalmente, usaron los botes y navegaron “cruzando como a un metro por encima del alambrado de la vía” hasta llegar a una loma. Eran trece personas “incluídos maquinista, foguista, guarda tren y guarda freno”. Con palos y frazadas improvisaron un refugio entre el monte nativo y las matas sirvieron para secar las ropas completamente mojadas por lluvia torrencial.

Mientras tanto, en Río Colorado los pobladores se habían refugiado en techos de la estación, galpones, en vagones del auxilio y algunas viviendas porque las de adobe se derrumbaron. Así estuvieron siete días. Vieron pasar con el torrente de agua “fuertemente barrosa y de un subido color chocolate” cantidad de caballos, vacas, cabras, ovejas, avestruces”. Y la lucha por sobrevivir de “serpientes, tarántulas, arañas monstruosas, ratones, cuises e infinidad de insectos”. En cuanto a alimentos, una majada de ovejas salvó la situación alimenticia. No tenían forma de comunicarse con Río Colorado y menos con Bahía Blanca.

Hubo pérdidas de vidas y de bienes. Un autor menciona como desaparecidos en Rincón de los Sauces a las familias Molla, Cerda y Palomo, salvándose milagrosamente Leuterio Palomo. Otro autor escribió que “en las colonias de Peñas Blancas (Río Negro) y 25 de Mayo (La Pampa) se hallaron 113 cadáveres”. Pero hubo más fallecidos. El “Río Negro” en su edición 122 del 9/1/1915 informó ampliamente sobre el fenómeno, como “La creciente del río Colorado” (tres columnas) incluyendo notas del colega “Neuquén” que informara sobre el hallazgo en aquel territorio de los “cadáveres de José María Vilo, su esposa y tres hijos”, de la “mujer de Juan Retamal”, familias de Ruperto Moya y Juan Villar y el corresponsal en Cipolletti telegrafió que en Catriel “ha quedado solo una casa en pie”.

Por su parte el corresponsal en Río Colorado anduvo “acercándose lo más posible a la costa del Colorado” y pudo constatar los grandes daños causados por el aluvión y conocimiento que había tenido de la “desaparición de más de cincuenta individuos”, habiendo conseguido el nombre de algunos de ellos: Juan Videla, Feliciano Arrieta, Marcelina Latur, Juan, Eustaquio e Hilario Domínguez, Eduviges Aguirre “y un hijo de pecho”, Santiago, Damián y Serapio Molina, Petrona Díaz, Juana, Antonia, Josefa y Dolores Domínguez”, pero llamativa y seguidamente expresa: “estos últimos fueron hallados y socorridos por el oficial Roque Harris, después de cuatro días de obligado ayuno. Frente a Roca, José Cañipán, perdió á su mujer y siete hijos… El pueblo de Nueva Parada está completamente inundado”.

“Según el señor Blencowe (ingeniero del Ferrocarril del Sud) el lago Carri-Lauquén debe haberse desbordado a las 16 horas el 29 de diciembre de 1914” (sic), (Rögind). Ocurrió hace 90 años.

Héctor Pérez Morando

Bibliografía principal. Coleman, A. Mi vida, 1949. Rögind, W. Historia, 1937. Dehais, F.J. 25 de Mayo de la Crezca, 2003. Pérez Morando, H. Río Colorado, 1991. Palomo, S. Historia, 1989. Periódicos Río Negro y Neuquén, 1915 y otros.

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