(NOTI-RIO) Murió Miguel Ángel Roca, ex-ferroviario y ciudadano ilustre del Paraje Pichi Mahuida, que con su labor por varias décadas tomó a su cargo la histórica Estación de Trenes, que la conservó originalmente, porque llevaba un ferviente compromiso en la defensa del ferrocarril.
Cuando se conoció la noticia, rápidamente los amigos de Pichi Mahuida mostraron su agradecimiento por tantos años de trabajo, conservando en forma intacta un pesado de historia que fue forjando a la localidad de Río Colorado, que casualmente hoy 29 de marzo está festejando sus 114° años de vida.
“Un pueblo que desconoce su pasado, desconoce su porvenir”. Miguel Angel Roca con sus 85 años de edad, vivió más de 50 años en el Paraje Pichi Mahuida, que continuó viviendo luego de jubilarse de la empresa ferroviaria y se resistió hasta sus últimos momentos de vida a abandonar la estación donde a diario pasaba largas horas de trabajo.
La senadora Magdalena Odarda lo había declarado “ciudadano ilustre” de Río Negro por la legislatura provincial, junto a otros cuatros ex ferroviarios, los riocoloradenses Juan José Ochandorena, Luis Ángel Pane, José Rodríguez y Néstor José Montarce.
Miguel Angel Roca, con más de 50 de residencia en el paraje Pichi Mahuida, trabajó durante 42 años y 19 días en la empresa de trenes.
Y desde la jubilación se quedó en el desolado paraje donde existen un par de viviendas, un puesto de control de la barrera sanitaria, un puesto policial y una escuela rural.
Aún continua en pie el edificio que se encuentra intacto con el equipamiento y los instrumentos en perfectas condiciones gracias a los cuidados de todo este tiempo de Miguel Roca y a pesar del tiempo transcurrido desde su última utilización.
Entre los papeles importantes, hay un documento que le fue otorgado por autoridades del ferrocarril, donde le ceden el predio para su protección, tarea que cumplia estrictamente desde hace más de 20 años. Otro es un diploma honorífico por su trayectoria como empleado.
Al ingresar a la sala utilizada por el jefe de la estación, se puede apreciar el cartel con la llegada y partida de los trenes y si tienen retrasos. También una alacena cubierta de libros de guardias, contables, leyes, estatutos y manual de instrucciones, que en su época eran de gran utilidad. Junto a un telégrafo, se encuentran dos impecables equipos que se usaban como elementos de seguridad entre una estación y otra para evitar superposición y accidentes durante el trayecto. Una caja fuerte donde se guardaba el dinero, documentación importante y hasta las luces de emergencia que llevaba el tren, las que se utilizaban en caso de emergencia, entre otros cientos de reliquias históricas.
“En esta profesión yo pude formar y criar una familia, fue un orgullo trabajar para el Ferrocarril, que además de ser una conexión importante para el desarrollo productivo, también cumplió un rol social dentro de los pueblos que crecieron con el paso del tren”, había dicho hace un tiempo orgullosamente Don Roca a “Río Negro”.