Río Negro está saturada de compromisos. Igual, bienvenida la campaña porque, entre el bullicio, llegan ciertas respuestas.
El gobierno provincial, eufórico, está empeñado en una expedición proselitista bien atada al distribucionismo estatal, reforzada por el trato personal del gobernador Alberto Weretilneck.
Nadie puede equilibrar semejante despliegue. La Nación abastece bien al senador Miguel Pichetto, pero todo parece insuficiente.
El mandatario aplica un plan multiplicador. Trazó un cronograma de más de 200 actos de anuncios, proyectos, licitaciones, contratos y algunas entregas. Se priorizó el volumen y graduó cada reparto. En la nómina figuran las 645 viviendas de Bariloche iniciadas en el 2009 por la gestión de Miguel Saiz que al llegar el gobierno del Frente para la Victoria estaban casi paralizadas, con más del 80% de su construcción, a la espera de una actualización de costos. Recién en octubre pasado se formalizó el nuevo esquema de redeterminación y se aceleró su finalización. Weretilneck entrega esas casas aunque, por ahora, Camuzzi argumenta falta de presión y no quiere realizar las conexiones hasta que no se finalice el Gasoducto Cordillerano.
Nada nuevo. La distribuidora advirtió al IPPV de esa restricción y recomendó en el 2012 que no entregaran las viviendas, salvo que se construyera una red alternativa. Esa desatención desestabilizó a María Luisa Scandroglio en la jefatura del instituto. Obviamente, la reacción gubernamental de hoy es otra. Weretilneck redobló su presión contra Camuzzi y anunció un amparo en el STJ para exigirle la conexión. Nada lo detiene. Concretó dos actos de entrega de esas unidades y programó dos más antes de las elecciones.
Esa dosificación también llega al reparto de ayudas del plan Hábitat. Ya realizó cuatro en Bariloche y repartió 1.400 aportes. ¿El monto? Promedia los 4.000 pesos en “tickets de materiales” para mejoramientos habitacionales. En la última semana, el mandatario visitó Jacobacci, Los Menucos y El Bolsón con iguales contribuciones para casi 200 familias.
Todo el oficialismo está orientado a esa estrategia distributiva. La Legislatura sesionó el viernes –tras casi tres meses– y se concentró en proyectos de reconocimientos laborales, como el escalafonamiento del Splif, categorizaciones en Salud y el pase automático a planta de unos 5.000 contratados, sin concursos y con bajas exigencias (la antigüedad puede ser inferior a los seis meses, considerando que comprenderá el ingreso hasta el 31 de diciembre pasado).
Curiosamente, sobran arengas oficiales de los logros laborales aunque continúa la falta de aplicabilidad de otra norma de innegable reivindicación del personal por jubilarse. Desde hace cuatro años, la ley 4640 exige que el Estado aporte previsionalmente por las sumas no remunerativas de los agentes dentro de los diez años para retirarse. No se cumple y, además, el silencio es absoluto a pesar de la jarana gubernamental.
La mejora financiera es indiscutible. El riesgo está en la unidireccionalidad de los excedentes hacia la partida de personal. Neutralizadas UPCN y Unter, ATE es el único frente latente. Existió una puesta en escena de negociación, pero el gobierno no mejorará la suba inicial. Así, ese gremio ratificará el paro de 48 horas, con marcha a Viedma para el jueves.
La candidatura de Pichetto afronta sus propias protestas. El jueves, los productores frutícolas volverán a las rutas para profundizar sus quejas contra la Provincia y la Nación. Allí el senador no tiene escape. Lo suyo está –indefectiblemente– atado al gobierno de Cristina Fernández. Tiene compensaciones.
Después de históricas demandas, Economía habilitó la baja del combustible en todo Río Negro, como tiene la Patagonia sur, y el Senado la aprobó en trámite exprés. La otra semana, Diputados la hará ley. Además, se flexibilizó la barrera sanitaria para permitir el ingreso de ganado para los frigoríficos de Bariloche y Jacobacci. Este reciente flujo nacional incluyó una escuela secundaria que dependerá de la UNRN en Bariloche. Nación prometió 50 millones para esa escuela, ajena al Estado provincial.
En cambio, no hay promesa que apacigüe a los productores frutícolas. En la Nación vociferan con sus anteriores ayudas al sector y culpan al gobierno provincial de las actuales indisciplinas. Programan reorientar los aportes hacia los municipios y que éstos los asignen a los productores, como ocurrió en el 2011.
El apoyo nacional a Pichetto también se vislumbrará con el arribo de los dos precandidatos presidenciales. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, estará mañana en Bariloche para presentar la tarjeta SUBE y pasado en Cipolletti por el tren, mientras que el gobernador Daniel Scioli llegará el jueves a Bariloche para encabezar un acto político.
Además, el senador se sujeta a las recomendaciones del equipo comunicacional de W. Tracking Group. Su flamante muestra consigna que Pichetto aventaja al gobernador por entre 5 y 7 puntos (computa un 43/45% frente al 37/39% de Weretilneck y a Magdalena Odarda la ubica con 11/12%, mientras que a Horacio Massaccesi le asigna un 5/7%). Números fluctuantes. Sí razonan que existe una recuperación del senador después del proceso en los municipios, oportunamente aprovechado por Weretilneck.
Otras definiciones. Se acentúa la polarización. El gran desafío es la diferencia en Bariloche (hoy, empate técnico, con dos puntos a favor de Pichetto) y bajar la brecha en Cipolletti. No dudan de la supremacía en Viedma ni de que la desigualdad de Roca se consolida. Un sondeo del intendente Martín Soria confirma ese crecimiento. Su consultor Fernando Lanza le otorga un 39,5% al senador frente al 27,5% del gobernador, un 15% de Odarda y un 3% de Massaccesi. Proyectan una disparidad mayor, que estaría entre 10.000 y 11.000 votos. Además, el equipo de W. Tracking machaca en fidelizar el electorado peronista.
La confrontación discursiva también aparece en el oficialismo. Sorprendió el gobernador en Bariloche con su reacción de que “es mentira de campaña” el anuncio de la barrera sanitaria.
Los consultores del FpV explican el rebote de Pichetto como el resultado de las ofensivas oficiales. Lo golpean por su dependencia de Nación y lo favorecen, dicen. Ocurre que la presidenta tiene un apoyo superior al 50%. En barrios carenciados de Bariloche supera el 60%.
Weretilneck sabe que eso no lo ayuda en la ciudad andina ni en Viedma pero, en cambio, valora el impacto negativo para sus oponentes en el Alto Valle de la protesta frutícola.
¿Cuáles son sus pronósticos? Alude al sondeo de Eco Consultores. “Estoy ganando Regina, Viedma, Beltrán, Lamarque, Chimpay y Darwin. Pierdo en Choele, pero mato en Río Colorado. Sacaré de 3.500 a 4.000 votos de diferencia en las comisiones. Sólo pierdo por cinco votos en Roca. En Cipolletti estoy en 55% y Pichetto no llega al 20%. Serían unos 16.000 votos a favor. ¿Cómo lo revierten? Sólo con Bariloche, pero allí estoy muy bien”, resume. “No los veo con fuerza para revertir”, remarca. Weretilneck recita –con optimismo– sus encuestas que nadie ve. Es una cuestión de fe. La ventaja –según transmitió esta semana– está de 12 a 14 puntos. Parecería más real si moderara sus relatos. Pero su objetivo de hoy está cumplido. Inyectó entusiasmo a los suyos mientras erosionó la energía en las filas peronistas.
Quedan dos semanas. Crecerán la belicosidad, la especulación, la seducción y los juramentos. Todo para imponerse en una trama electoral cuyo desenlace todavía aflora borroso.
Por adrián pecollo adrianpecollo@rionegro.com.ar