Ni los pronósticos más descabellados y fanáticos preveían casi 20 puntos porcentuales de diferencia, pero Juntos Somos Río Negro lo consiguió.
Alberto Weretilneck gobernará la provincia hasta el 10 de diciembre de 2019 luego de lograr hasta el cierre de esta edición pasadas las 11 de la noche, y con más del 80 por ciento de las mesas escrutadas, un 53 por ciento de los votos contra el 33 por ciento del Frente para la Victoria de Miguel Pichetto, el 10 del Frente Progresista de Magdalena Odarda y el 3 por ciento de la Unión Cívica Radical de Horacio Massaccesi.
La elección plantea no sólo la continuidad de un proyecto que en lo fáctico nació hace apenas unos meses, tras la última ruptura de Weretilneck con Pichetto, del gobierno con el peronismo orgánico, donde el mandatario recuperó la presidencia del parlamento y logró un triunfo en la renegociación de los contratos petroleros que le permitió relanzar el gobierno, cosa que logró con creces. También, el triunfo de ayer configura un nuevo mapa político histórico en una Río Negro que ya había pateado el tablero en 2011, cuando el radicalismo había perdido el gobierno tras 28 años.
Juntos Somos Río Negro emerge como una propuesta novedosa que en su debut electoral logra el 53 por ciento. Se mira en el espejo del Movimiento Popular Neuquino, como partido filoperonista pero de corte provincialista y con referencias nacionales volátiles.
Se alimenta del peronismo que privilegió gobernar aún sin tener un líder provincial peronista, de radicales no dispuestos a alejarse del calorcito del poder, de hombres y mujeres del Frente Grande que se permiten vaivenes ideológicos en función de sostenerse donde nunca antes estuvieron.
Ayer nació un nuevo espacio político y el parto fue perfecto. Igualmente, hay que verlo dar sus primeros pasos, caminar, fortalecerse, alimentarse convenientemente y evitar vicios y malas influencias. El desafío de Weretilneck y compañía es estar a la altura.