Ahora la convocatoria a un gran pique-tetazo

l martes pasado, el mismo día en que un guarda ferroviario pidió a dos federales que obligaran a un pasajero a bajar del tren Mitre por portar un cartel en el que tildaba de “Mentiroso” a Mauricio Macri, dos mujeres de la Policía local de San Isidro intentaban detener a una mujer que amamantaba a su bebé en una plaza pública céntrica con el argumento de que está prohibido hacerlo en público (?). La mujer se negó y finalmente se retiró para proteger a su bebé de la violencia desbordada de las policías. El sábado pasado deambuló cinco horas con su madre y su bebé atravesando los vericuetos judiciales sin lograr que nadie de turno le tomara la denuncia. Llegó finalmente a la Comisaría de la Mujer donde le dijeron que no hubo delito porque no le habían pegado a ninguno de los dos (!) La denuncia se viralizó en las redes luego de una convocatoria a un “pique-tetazo” el sábado próximo en la misma plaza. Se espera una multitud de bebés, incapaz de comer combos de comida chatarra y que se alimentará sana y libremente de la “tibia leche de tu cuerpo” (Spinetta dixit).

Coni Santos, Constanza, tiene 22 años y un hermoso bebé regordete de 9 meses. El martes pasado, 12 de julio, en horario bancario, Coni salió con su bebé del Banco Nación de San Isidro, en Belgrano al 385, alrededor de las 15.30, después de hacer una cola de más de una hora con su bebé en brazos sin que nadie se dignara a hacerla pasar primero. Cabe recordar que los bebés no cumplen los mismos horarios que los bancarios, con lo que ya en la fila estaba a puro llanto reclamando lo suyo, la teta. Nerviosa y agotada, Coni salió, dio unos pasos y se sentó en la plazoleta ubicada en el cruce de Belgrano, Acassuso y 9 de Julio. Pleno centro comercial. Bebé reclamaba su alimento natural y ahí estaba ella para proveérselo.

Es bueno imaginar el contexto para quien no es de la zona, y para quien es vecino también porque muchas veces ocurre que los contextos, de tan naturalizados, no existen. Pleno centro comercial, en San Isidro, como en cualquier centro comercial con fuerte capacidad adquisitiva, es decir, una profusión de imágenes publicitarias de las primeras marcas de lo que sea. Entre ellas, lencería, deportes, moda, vacaciones, autos, alimentos, salud, clínica, tarjetas, inversiones y futura mamá, donde la mujer aparece no como mujer sino como su cuerpo, sólo esbelto, curvilíneo en todas sus formas, oquedades del fotoshop, no sea que se escape alguna realidad de mujer persona.

En ese contexto antinatural naturalizado, a Coni se le vino a ocurrir saciar el pedido de leche de su bebé en público.

Un grupo de uniformados de la Local comenzó a analizar la situación de inseguridad ciudadana que se abría a la sociedad. A pedido de sus conciencias maspapistas y temerosas, dos mujeres de la Local enfilaron sobre la subversiva teta que sólo era imaginable por la postura, ya que el frío del momento obligaba a Coni a cubrirse y cubrir a su bebé. Se veía menos que en las de las fotos, pero para quien quiere imaginar, qué otra cosa podía estar haciendo esa mujer con el bebé puesto de esa forma. Y la censura necesita mucha imaginación.

“No sabe que hay una ley que prohíbe amamantar en público”, tiró sin capacidad de razonar una de las milicas. “‘Me estás cargando’, le dije –contó después Constanza a Página/12– ‘No sabía, cuál es la ley’. No me contestaron, me pidieron mi documento y el de mi hijo. Yo seguía preguntándoles por la ley. Al final me empezaron a decir que me llevaban a la comisaría 1ª por resistencia a la autoridad. Yo les dije que me iba, y me fui. Antes me dirigí al grupo de policías varones a preguntarles por los nombres de las dos mujeres y se reían de mí”.

Hasta el sábado con la familia, fue convenciéndose de avanzar y salió a hacer una denuncia que no tuvo puerta en la justicia y derivó en la Comisaría de la Mujer, que depende de la Bonaerense y que con la Local no se mete, sólo despotrica. A esa altura la nota de la periodista Luciana Rosende, de los trabajadores de El Argentino Zona Norte, ya había llegado a manos de los Bonaerenses. La atendió una mujer policía, previo preguntar instrucciones a algún superior. “Nosotros no manejamos esto porque no hubo delito, no te maltrató, no te pegó ni a vos ni a tu bebé”, recordó Constanza que le dijo.

Hoy, finalmente presentará una denuncia acompañada por un abogado ofrecido por ediles de diferentes espacios políticos. Y para el próximo sábado se organizó –y no se pregunte cómo porque la espontaneidad solamente es– un gran tetazo, una amamantada masiva y pública allí mismo, en la plazoleta del suyo y de todos los bebés y todas sus madres y quienes quieran acompañar, para un rato antes de las 15, como para que a esa hora la plazoleta sea ya una vía láctea.

Ser o no ser madre, esa es la cuestión

Casi en simultáneo, tres mujeres exitosas pusieron en debate ese lugar común, tan conservador y machista, de que la maternidad es un camino ineludible para sentirse realizada y completa como mujer. Si sos mujer, a cierta edad tenés que ser madre, y esa condición te aportaría un plus frente a aquellas que no lo son, sostiene el mandato social que todavía perdura en amplios sectores de la población. Aunque lentamente, se va resquebrajando. Enhorabuena.

Días pasados, la actriz norteamericana Jennifer Aniston, ícono de la serie Friend con su personaje de Rachel, pateó el tablero. Pero no fue la única. Aquí, la consagrada bailarina Paloma Herrera, en una entrevista publicada semanas atrás en la revista Hola Argentina, hizo un alegato sobre su derecho a decidir ser o no ser madre. “No me casé, no tuve hijos, pero igual soy feliz. Una puede no seguir los cánones tradicionales y tener una vida maravillosa”, respondió quien brilló durante años en los escenarios mundiales más prestigiosos del ballet clásico, cuando le lanzaron la pregunta de rigor –para cierta prensa–: “¿Pensás en ser madre?”. Con su respuesta, Paloma descolocó a su interlocutora: “Las cosas son como son. Cuando estuve en pareja fui feliz. Pero hoy, por ejemplo, no planeo en congelar óvulos ni nada de eso. No es así como quiero ser madre ni tampoco es mi objetivo. Es difícil para la gente que sigue el manual ver otro punto de vista. No todo el mundo tiene las mismas prioridades… Para mí ser madre es una gran responsabilidad porque tengo el modelo de mis padres, que han sido maravillosos conmigo. El día en que sea madre me gustaría ser como ellos. Jamás en la vida tendría un hijo sólo para hacer el checklist de las cosas que una tiene que cumplir en esta vida. Me gusta mi libertad. Sé que tuve oportunidades para ser madre, viví relaciones sólidas y muy lindas, pero simplemente no era el momento. Tal vez suene egoísta, pero me gustaba mi carrera, mis viajes, mi vida”.

En una contundente y lúcida columna en el Huffington Post, Aniston no solo defendió su derecho a no ser madre, sino que además denunció el asedio de la prensa sensacionalista sobre los cuerpos femeninos y los estándares de belleza que promueven. Su postura provocó una repercusión mundial. “Para que conste, no estoy embarazada. Lo que estoy es harta”, dijo Aniston, frente al rumor –recurrente– que vinculaba algunos kilos de más en su abdomen con una posible gestación.

“Durante el último mes se ha gastado una cantidad desproporcionada de recursos en la prensa intentando descubrir si estoy o no embarazada (por millonésima vez… pero quién cuenta ya). Todo esto apunta a la perpetuación de esa noción en la que una mujer es una especie de ser incompleto, fracasado o infeliz si no está casada y con hijos. […] Lo que quiero decir es esto: ‘Estamos completas con o sin pareja, con o sin hijos. Tenemos que decidir por nosotras mismas lo que es la belleza respecto a nuestros cuerpos. Esa una decisión que nos atañe únicamente a nosotras. Tomemos esa decisión por nosotras mismas y por las mujeres jóvenes de este mundo que nos ven como ejemplos. Tomémosla de forma consciente, alejadas del ruido de los tabloides. No necesitamos estar casadas o ser madres para sentirnos completas. Nosotras determinamos nuestro propio ‘y vivió feliz para siempre’”, escribió la actriz, en un tramo de su artículo.

Pero tal vez el escenario menos esperable para instalar el debate fue el de la alta política británica: las dos mujeres del Partido Conservador que competían por convertirse en la próxima primera ministra de Gran Bretaña enfrentaron una pregunta que, obviamente, no se plantearía si los rivales fueran varones: ¿Está más calificada una aspirante a dirigir el gobierno por el hecho de ser madre? La polémica estalló después de que Andrea Leadsom sugiriera en una entrevista a The Time que su condición de madre le daba una ventaja sobre su rival, Theresa May, que no tiene hijos. Finalmente, Leadsom se retiró de la contienda y May, sin hijos, se convirtió en la Primer Ministra.

Mi madre se casó sabiendo que iba a tener hijos, porque era un deber de cualquier mujer casada de su generación. No se planteaban la pregunta de no ser madre. Yo pude elegir, y elegí tenerlos, y en el momento que quise. Espero que mi hija, que hoy tiene diez años, pueda responder la pregunta –y descarto que se la va a hacer en su momento– y contestarla ya sin el peso de las expectativas sociales, que hoy nos presionan, en torno al rol de las mujeres. Las nuevas generaciones ya están pudiendo decir que no, que no quieren ser madres. Celebremos el debate sobre la maternidad, ya no como destino ineludible de toda mujer.

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