Ignacio Malcorra: El hijo de Río Colorado que se ganó el corazón del Gigante

(NOTI-RIO) Hay reencuentros que el fútbol guarda como deudas pendientes. El de Ignacio Malcorra con el Gigante de Arroyito era uno de ellos, y este domingo se saldó con creces.

Víctor Ignacio Malcorra nació el 24 de julio de 1987 en Río Colorado, provincia de Río Negro. De ese rincón patagónico, que él mismo llama con orgullo “la puerta de la Patagonia”, salió un pibe que soñaba con jugar en Primera División mientras pateaba en potreros de tierra.

Empezó en Villa Mitre, el club de su barrio, luego pasó por La Adela e Independiente local, hasta que jugó el Mundialito de General Roca, lo vio la CAI de Comodoro Rivadavia y se fue a los 12 años.

El camino fue largo y zigzagueante: inferiores en River Plate, la B Nacional con la CAI, Aldosivi, Unión de Santa Fe, tres clubes de México (Tijuana, Pumas y Atlas) y Lanús, antes de llegar a Rosario Central en 2022 para convertirse en leyenda.

Con 133 partidos, 22 goles y 25 asistencias, Malcorra no solo acumuló estadísticas sino que se metió en el alma canalla: fue el número 10 del equipo campeón de la Copa de la Liga 2023 bajo las órdenes de Miguel Ángel Russo, y repitió título en 2025 con Ariel Holan.

El campeón con Central nunca había tenido la chance de despedirse de los hinchas en cancha cuando se fue a Independiente, y este domingo, de alguna manera, la tuvo.

El ex canalla fue ovacionado desde temprano. Hubo aplausos y cantos a favor de Nacho desde el momento en que salió a calentar en el césped del Gigante. Desde los cuatro costados del estadio bajó el “Olé, olé, olé, olé, Nachooooo, Nachooooo…” y fue también muy aplaudido cuando La Voz del Estadio mencionó su nombre al dar la formación de Independiente.

Después vino el momento institucional: las autoridades del Canalla le entregaron una camiseta enmarcada con su apellido.

Él la alzó frente a la tribuna y agradeció. Y entonces llegó la imagen más emotiva de la noche: el abrazo con Ángel Di María, compañero en aquellos años de gloria, con el que intercambió unas palabras que solo ellos saben.

En el segundo tiempo, con el marcador igualado, Malcorra estuvo cerca de convertirle a su anterior equipo. El fútbol, a veces, tiene ese cruel sentido del humor.

Para los de Río Colorado, sin embargo, el resultado importa un poco menos que lo que quedó en la memoria: uno de los suyos, el zurdo del barrio que se fue a los 12 años con una valija y un sueño, recibió este domingo la ovación que merece un ídolo. Él mismo lo tiene claro: cuando terminen los días como futbolista, va a volver a Río Colorado para radicarse. El pueblo lo espera con los brazos abiertos.

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