Argentina, desde el lunes, un país distinto

Pase lo que pase en las urnas el próximo domingo, la Argentina que amanecerá el lunes será un país esencialmente distinto para la política y la economía. En la superficie aparecerán los mismos problemas y quizás agudizados, como es el nivel del dólar y las dudas sobre la fuerza del Banco Central para mantener un esquema ordenado hasta el 10 de diciembre. En el fondo, la agenda cambiará con la misma velocidad con que viene cambiando el paradigma de país, proceso ahora alimentado también por las nuevas y viejas crisis vecinas.

Las chances de un cambio en las perspectivas electorales hoy son mínimas, aunque el macrismo, debe decirse, termina esta semana con ilusiones que no tenía hace un mes. De todas formas, los riesgos para el argentino de a pie en el corto plazo serán tan grandes ya sea que gane Alberto Fernández en primera vuelta o se dé la rareza de un balotaje. El problema es lo que vendrá después en cada caso.

El peronismo más moderado celebra la idea del cambio interno en el kirchnerismo que está seguro vendrá de la mano de Alberto F., pero al mismo tiempo advierte: “el realismo mágico no se lleva bien con la economía”.

¿A qué se refieren? Nadie discute hoy si habrá o no restricciones en el mercado de cambio (cepo); el dilema hoy solo pasa por la dimensión que estas tendrán. Y de hecho no es un secreto ya que la propia Cristina de Kirchner lo describió como una virtud en su acto en El Calafate: “Si los únicos períodos sin endeudamiento fueron cuando hubo regulación cambiaria, ¿no será que los que quieren la libertad cambiaria la quieren para llevarse los dólares afuera del país?”, dijo allí. El control de cambios pasa así a ser una virtud cuando hasta ahora lo teníamos como remedio amargo.

Macri terminó poniendo su cepo, aunque ligth, el nivel de reservas indica que la sangría actual puede terminar en un escenario aún más grave. Un cepo fuerte viene, entonces, y la actividad con el billete en estos días si no lo anticipa seguro lo precipitará.

También se anticipa una discusión entre todos los sectores por la distribución del ingreso que por estos años estuvo contenida. Habrá que revisar de cerca como actúa un mercado de cambio con restricciones, en línea con una política de acuerdos de precios, mientras al mismo tiempo se analiza equiparar la inflación con el promedio de las paritarias.

Ayer Alberto Fernández no ayudó demasiado al apelar a una de esas frases poco felices que suelen aparecer (sin entenderse como) en medio de las crisis argentinas; “A los argentinos, que estén tranquilos porque vamos a cuidar sus ahorros, vamos a respetar sus depósitos en dólares. No tienen por qué estar nerviosos”, se le escuchó ayer. (Ver nota aparte).

La política puede ir al auxilio de situaciones como la que estamos viviendo; el problema es saber si será suficiente ese apoyo. El radicalismo está en campaña con Macri, pero algunos de esos correligionarios ya le hicieron llegar mensajes a Alberto F. para ofrecer ayuda parlamentaria en la transición. Uno de ellos fue Federico Storani. Emilio Monzó también esta dispuesto a dar una mano. El resto es todo para discutir desde la próxima semana, pero una nueva Transversalidad parece nacer allí, como la que tejieron Néstor Kirchner y el propio Alberto F., con otros radicales en su momento.

No está confirmado un viaje de Alberto F. a México y Estados Unidos; aunque si está hablado y los bonistas y bancos que solo están interesados en cerrar la renegociación de la deuda con la menor quita posible (hace un mes no aceptaban ninguna y hoy ya hablan de tijeretear intereses) lo recibirían con los brazos abiertos. Kristalina Georgieva estará esperando también allí y, como siempre dice el Fondo, prometerá ser permisivo con la negociación de deuda con bonistas, pero no tolerará quita con la deuda propia. Y allí volverán las recetas.

Enfrente hay otro país. Cristina de Kirchner subió ayer al escenario de la campaña bonaerense la crisis con Chile. La caída del modelo chileno como ejemplo virtuoso en medio de la inestabilidad de Latinoamérica se constituyó quizás en uno de los máximos peligros que deben enfrentar los gobiernos de la zona. También para Alberto F., al que se le multiplicarán las demandas.

No piensa lo mismo la expresidenta que ve el final de la “prolijidad” económica chilena como un triunfo. Está en línea con lo que piensan algunos de los invitados que fueron tentados a viajar a Buenos Aires para los festejos de un triunfo del peronismo como Dilma Rousseff, Fernando Lugo, los chilenos Ominamis, o eventualmente hasta José Luis Rodríguez Zapatero. Es otra Argentina, claramente, la que amanecerá el lunes.

“Entre lunes y martes tendrán que anunciar nuevo sistema cambiario”

El economista Carlos Rodríguez -exviceministro de Roque Fernández en el segundo Gobierno de Carlos Menem- recomendó que el próximo lunes o martes después de las elecciones el Gobierno anuncie en acuerdo con la oposición “un nuevo sistema cambiario”.

Rodríguez, extitular del Centro de Estudios Macroeconómicos de la Argentina (CEMA), es uno de los pocos profesionales que levanta la bandera de la dolarización, pero admite que por pragmatismo ahora recomienda desdoblar el tipo de cambio en un dólar comercial y otro financiero.

Advirtió que “ahora hay que evitar que se desbarranque todo y que se vaya a una hiperinflación” y considera que el único modo de resolver el problema de las Leliq que emite el Banco Central es con un nuevo “plan Bonex” al estilo del que se hizo en Argentina en 1989 para terminar con el por entonces “festival de bonos” del Gobierno de Raúl Alfonsín.

El que sigue es el diálogo que mantuvo con Ámbito Financiero:

Periodista: ¿Hay que desdoblar el tipo de cambio?

Carlos Rodríguez: Yo hace tiempo que vengo jorobando con eso. Por supuesto que yo prefiero una dolarización, pero es un óptimo que no estamos en condiciones de producir. Primero, porque no tenemos dólares y, en segundo lugar, porque el probable candidato peronista ganador no quiere.

P.: ¿Cree que es viable el desdoblamiento durante la transición?

C.R.: Lo que hay que tratar de evitar ahora es que se desbarranque todo y que se vaya todo a una superhiperinflación en la cual sigamos sufriendo más. Lo que propongo es una solución pragmática. En este momento tenemos cuatro dólares y tres brechas. Tenemos la brecha del dólar paralelo, la del dólar Bolsa y la del contado con liquidación. Y este último se está escapando.

P.: El mercado aparentemente descuenta que a partir del lunes habrá dos mercados…

C.R.: Yo creo que es mejor. En vez de tener cuatro, tengamos dos tipos de cambio. Es más lógico un tipo de cambio para todas las operaciones comerciales que son en las que participan las empresas que les preocupa tanto a ellos y otro para todas las operaciones financieras, turísticas, cajas de ahorro en dólares.

P.:¿Cómo calificaría el actual esquema cambiario?

C.R.: Lo que hay ahora es una porquería. Los dólares que se llevaron no vuelven más. Resulta que en el “contado con liqui” está a 78 pero a la gente los bancos se lo comprarían a 56, entonces la gente no los va a depositar nunca así. Nadie va a traer ningún dólar.

P.: ¿Alcanzan las reservas actuales? Estiman que serían unos u$s10.000 millones netos.

C.R.: Para mí que son menos que eso, y además están para servir deuda. Esta semana pagaron cifras importantes. Para mí que muchos este lunes van a estar en las gateras a la espera de ver lo que anuncia este hombre (por Alberto Fernández).

P.: ¿No cree que Alberto Fernández pueda acordar un desdoblamiento con el actual Gobierno?

C.R.: Yo me pregunto si es una opción para este hombre.

P.: ¿Cómo funcionaría entonces un mercado desdoblado?

C.R.: Con un tipo de cambio comercial y otro para todo el resto de las cosas que sea total y absolutamente libre. Uno tiene que procurar que entren dólares a ese mercado. Si no entran, será trucho, habría sólo salida. Tiene que ser un mercado donde no intervenga el BCRA y que (el precio) sea lo que tenga que ser.

P.: ¿Cuál sería la referencia de ese dólar financiero respecto de lo que hay ahora?

C.R.: Por lo menos, no podría ser más alto que el del “contado con liqui”, porque es el único mercado sin restricciones. El dólar de turismo también tendría que estar ahí.

P.: ¿Y el comercial?

C.R.: Yo lo empezaría en $66 el lunes, con retenciones.

P.: Los economistas que están con Alberto Fernández dicen que una de las primeras medidas será llamar a un acuerdo de precios y salarios para frenar la inercia inflacionaria. ¿Está de acuerdo con ello?

C.R.: Eso es soñar. El lunes o martes van a tener que anunciar un nuevo sistema cambiario, porque acá lo que mueve todo es el dólar, no la lengua. Podrán llamar a todos los acuerdos corporativistas que quieran. Lo hemos probado desde la época de Perón el corporativismo.

P.: ¿Imagina una transición ordenada, en caso de que gane Alberto Fernández?

C.R.: Yo lo noto a (Hernán) Lacunza totalmente cooperativo. Yo no creo que Alberto le pida que haga una hiperinflación, porque si no a alguno le va a tocar. O reperfilan las Leliq y los plazos fijos, o la híper se la come alguno. Alberto Fernández cree que habla con las corporaciones y que luego de ello baja las tasas al 5%. Eso es soñar. Los plazos fijos hoy se pagan con asientos contables.

P.: Las Leliq son consideradas emisión futura, y que por ello, generan ruido.

C.R.: Si yo paro las Leliq y paro los plazos fijos, eso no me libera plata. Yo no ahorro plata, ahorro Leliq, paro la posibilidad de emisión futura, pero no me genera plata para pagar a jubilados o poner plata en el bolsillo de la gente. La Casa de Moneda no está imprimiendo billetes para pagar los plazos fijos. Eso es solo un asiento contable. Los tenedores de plazos fijos se creen que tienen dinero.

P.: ¿Eso se puede resolver con un nuevo “plan Bonex”?

C.R.: Nada más que con un “plan Bonex”. No hay otra. Por ahora, están bajando las tasas, pero luego rebota. Bajaron la tasa de interés y el “contado con liqui” se les fue a 78.

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