Desvistiendo Santos

Tal como nos explicaron que la megaminería es mala para Bariloche pero buena para Jacobacci, en igual sentido, al gobierno le preocupa cuidar los puestos de trabajo que genera la fruticultura, aunque esto vaya en desmedro de los puestos de trabajo que generan el comercio y otra decena de actividades que, no hay que se muy ducho para advertir que en su conjunto, superan con creces la oferta de las peras y las manzanas.

El legislador Ricardo Arroyo, operador estrella del gobernador Alberto Weretilneck, admitió hace algunos días que el camino para solucionar la problemática de la fruticultura se utilizarán recursos propios, recursos rionegrinos y reconoció que si para este era necesario quitarle recursos a la obra pública, así se haría.

Esto ocurre en un escenario en el que el gobierno celebra haber logrado tener superávit después de 6 meses de administración del nuevo gobierno. Casi podríamos decir que luego del Plan Marshall en la Alemania de post guerra o del milagro japonés, los claustros académicos podrán citar el ejemplo rionegrino.

Ahora bien, convengamos que es un superávit que se construye entre otras cosas, en base a no honrar las deudas que el Estado mantiene con los proveedores. Al decir del Gobernador, estas deudas “son del gobierno radical”, a pesar de que, en el mejor de los casos, fueron deudas contraídas por un Estado administrado entonces por una gestión radical, Estado que hoy es administrado por una gestión del MPP/PJ, y subrayemos, aunque resulte de Perogrullo, es en todos los casos el mismo Estado.

La solución al problema que afecta a la importante economía provincial, la fruticultura, se irá corrigiendo, según explicó en Frecuencia VyP el legislador Ricardo Arroyo y que puso en cabeza del Gobernador, será sacarle plata a la construcción y al comercio, a la actividad gastronómica, al turismo, quizás por que para esta gestión, hay más dignidad en un trabajador de la fruticultura que en el resto de los trabajadores cuyos empleos hoy penden de un hilo como consecuencia de esta política.

Mientras cada comerciante, cada pequeño empresario de rubros como la comunicación o la gastronomía en Viedma, se desdobla y se endeuda para poder mantener a ese empleado al que no va a dejar en la calle, el legislador Roberto Vargas, quien justamente proviene de los gastronómicos, se pasea por las tomas de terrenos y nada hace para que se destraben las deudas que el Estado provincial mantiene con, por ejemplo, la ciudad de Viedma.

A Vargas y a Arroyo, los puestos de trabajo les preocupan “de piquito”, por que a la hora de ocuparse realmente de eso, prefieren olvidarse de la situación.

Los anuncios de obras en Viedma, no dejan de ser anuncios, y cualquiera sabe que con anuncios no se paga la comida que hay que llevar a la mesa.

Gracias a Dios que existe el legislador Héctor Rubén López (FpV) que admite “el INDEC es mentiroso, el INDEC de Moreno no existe” y que no conforme con esto, subraya que “el mejor INDEC que tenemos es la góndola del supermercado”.

Nos consuela pensar que con la misma vehemencia y sentido de Justicia, el legislador López, quizás tenga el coraje del que carecen sus pares de Viedma, para requerir en función de sus dichos, que el erario público cancele las deudas que mantiene con los proveedores para que así, por ejemplo en Viedma, no siga creciendo la desocupación con su triste consecuencia de hambre, inseguridad y violencia.

Claudia Beltramino

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