Duelo a alto nivel

Duelo es pelea, lidia. También luto. Los dos significados de la palabra son apropiados. Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el gobernante Frente para la Victoria en Río Negro derivan de una circunstancia incontrastable: las personas que hoy ocupan los principales cargos en los poderes Ejecutivo y Legislativo tenían otro rol asignado en el plan original trazado por el fallecido gobernador Carlos Soria. Afirmar que no estaban preparadas para ocupar esos cargos no supone un juicio de valor acerca de sus capacidades. Implica sólo que sus pares no les reconocen legitimidad de mando. De allí que cuestionen modos, medidas, nombres… El gobierno muestra en el espejo una imagen compleja, muy diferente de aquella en la que había soñado mirarse la dirigencia del FpV.

Es probable que el paso del tiempo remedie esas carencias. Pero la crisis política e institucional ya deja secuelas concretas sobre la piel de la provincia.

El conflicto político-institucional, tal como se plantea en las declaraciones públicas, no parece ser ni tan novedoso ni tan grave para ocasionar el quiebre que amenaza en estos días al gobierno. Se han dicho frases tan drásticas –golpe institucional, fractura definitiva, traición– que cuesta poner las cosas en su sitio.

Es, en todo caso, un conflicto de influencias, una pelea política: Alberto Weretilneck cree que puede gobernar a su gusto, porque es el gobernador. Y Miguel Pichetto defiende que, tras la muerte de Carlos Soria, le corresponde el rol de accionista principal de la gestión del FpV.

Las diferencias concretas, en todo caso, no parecen ser sólo aquellas que expresan uno y otro.

Así, nada explica que Weretilneck haya pasado de ser un alumno obediente a desafiar ahora a Pichetto.

Ni que éste, luego de guiar de la mano al cipoleño por los despachos nacionales, lo defina hoy como pésimo administrador que pone en juego el futuro financiero de la provincia.

Días atrás, tras escuchar a Pichetto que le pedía reprender a Weretilneck, la presidenta requirió al ministro de Economía un panorama sobre Río Negro: tal vez por comparación con otras, cuentan que la respuesta fue: “No está tan mal”.

Aun cuando no lo exprese públicamente, habría ofendido mucho a Pichetto que, designado su hijo Juan Manuel ministro de Producción, Weretilneck le vaciara de poder el ministerio al designar por su cuenta a Jorge Borrelli responsable de Hidrocarburos y trasladar esa secretaría a Cipolletti. Otra área clave –Minería– fue desactivada por la reticencia del gobernador a enfrentar a los críticos.

Es evidente que Weretilneck no actúa como lo hace por imprudencia. No lo haría sin tener un guiño de la Nación de que no sufrirá represalias en caso de “independizarse” políticamente del senador.

¿Cómo entender que, a un tiempo, Cristina Fernández pondere la habilidad de Pichetto en el Senado y le retacee aval a su posicionamiento en Río Negro?

La Concertación que Néstor Kirchner alentó con el radicalismo rionegrino fue la primera herida que recibió el senador. La negativa a impulsar elecciones tras la muerte de Soria, la segunda. Y el “no” de esta semana, el último eslabón.

La explicación está en el particular estilo de la presidenta, que prioriza sus propias necesidades políticas a los deseos incluso de sus colaboradores cercanos.

Hoy su prioridad es no sumar nuevos conflictos. “La presidenta no quiere líos, y hay que cuidar la imagen de los dos”, fue el mensaje que bajó el “Chueco” Mazzón, asignado al “caso Río Negro”.

Es que Cristina sabe que, con los números de hoy, no logrará que la renovación parlamentaria de diciembre le garantice la mayoría necesaria para reformar la Constitución, imprescindible para ir por su re-reelección. Necesita lugares en las listas provinciales. Y sabe que poco le ayudará en eso su enfrentamiento con Scioli, Macri y De la Sota, capitanes de los distritos más poblados y, por lo tanto, con más representantes.

En ese esquema, tener en su mano a un gobernador políticamente necesitado de abrigo –como Weretilneck– puede ser más sencillo –y más útil– que acatar las sugerencias del senador. Aunque, por ahora, la presidenta ha procurado guardar cierta distancia de la crisis local.

Hoy el peronismo –como integrante del FpV– sabe que acercarse a Weretilneck conociendo sus nexos con la UCR y su acción para limar dirigentes significa avalar tales actitudes. Y enfrentarlo, como lo han hecho Pichetto y un grupo de legisladores e intendentes, equivale a acelerar la ruptura y satisfacer más pronto aún el deseo de quienes buscan neutralizar los efectos de la última elección.

La situación es dilemática no sólo para los protagonistas principales del culebrón:

• Quienes ocupan cargos de gobierno enfrentan la necesidad de optar entre su pertenencia histórica y echar por tierra su proyecto institucional dejando sin paraguas político ni sueldo a numerosos colaboradores.

• Los legisladores del bloque van a una casi segura ruptura, que sólo podría evitar un cambio en la conducción. La toma de posición de Pedro Pesatti deja a la mitad del bloque sin posibilidad de conciliar.

• Los intendentes quedan atrapados en la peor disyuntiva. Por la centralización de recursos, necesitan de los favores del gobernador y del senador. Uno y otro son la clave para el éxito de toda gestión local. No casualmente han sido los principales destinatarios de presiones para expresarse en favor de uno y de otro.

• Martín Soria, en especial, busca esquivar una difícil opción: dar la espalda a Pichetto, quien al resignar su aspiración a gobernador facilitó el triunfo de su padre, o a quien éste eligió como compañero de fórmula y con quien se abrazó en cada acto de campaña.

En definitiva, es posible hacer un balance –si bien provisorio– de lo que va de la crisis e imaginar qué pasará de aquí en más.

Weretilneck ha sufrido una importante afectación al quedar en evidencia que está lejos de llevar a la práctica las promesas efectuadas junto a Carlos Soria.

Aun así, la imagen más resentida hasta el momento es la de Pichetto, que no logró aval nacional ni unir al peronismo tras un pedido formal de corregir rumbos.

Por de pronto, la iniciativa de mediación de los intendentes no se hará. Ni siquiera será convocada, ante la certeza de que los principales invitados no asistirían.

En cambio, Pichetto parece resuelto a convocar al Consejo Provincial del PJ el viernes en Viedma para obligar a definirse a quienes han elegido la ambigüedad o el silencio.

Es probable que, en busca de aumentar su posibilidad de renovar su banca, el senador incremente sus anuncios de obras públicas y gestiones propias del Ejecutivo, que lo mantendrán ligado a intendentes y a sectores económicos.

Del otro lado, Weretilneck los tironeará desde el manejo del Estado, aunque evitando expresiones rupturistas.

De algún modo, ambos buscarán algunos días de pausa. Y el indicador para evaluar si la brecha se reduce o se amplía será ver quién ocupará el cargo de ministro de Producción.

Mientras tanto, los duelistas seguirán con sus amagues y fintas.

ALICIA MILLER amiller@rionegro.com.ar

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