Si personaje hay con mala prensa y blanco del escrache social es la precisamente la suegra. Personaje escatológico, que merodea nuestras vidas cual duende de la siesta, siempre dispuesto a pasarnos la mano de lana y golpearnos con la de plomo. Una experiencia mística es una suegra, sin duda.
Y hablando de misticismo, tampoco todo es malo: en la Biblia, en el Antiguo Testamento, Rut tiene una excelente relación con la suegra, a cuyo destino se siente atada. Claro, la Biblia es un mito…
Es ése ser que traza un vallado infranqueable alrededor de sus crías, especialmente femeninas, dispuesta a lanzarse a la yugular de quien ose posar su procaz mirada sobre una de ellas. Aunque también ocurre al revés, cuando “esa”, va en busca del vástago que por natura le pertenece; más todavía si el crío es único.
Desde el principio la relación es de tensión. Un verdadero ejercicio de la hipocresía puesto al servicio de la buena relación familiar.
Buceando en las profundidades del idioma, encontramos que “suegra” proviene del latín vulgar “socra”, “socrus”, incluso hay antecedentes en el idioma sánscrito, lo cual habla de los antiguos orígenes del ejemplar. Hacía referencia a quien cuidaba el hogar; o sea el Can Cerbero que Dante Alighieri colocó a la entrada del Infierno. En su etimología más pura, según algunos, se pronunciaría “Suegronis ponzoñus” o “Suegronis metiches”.
Pero todo en la vida tiene excepciones, aún las suegras; y las hay algunas amables y afectuosas (son las menos, pero las hay). Quien halla una, encuentra un tesoro, y como todo tesoro da trabajo encontrarlo y quedan cada vez menos.
Objetivamente, es la que proveyó a nuestra consorte de todos los encantos que a uno lo convirtieron en el cordero propiciatorio. Una hábil jugada de la naturaleza, de otra manera, la especie se habría extinguido.
Muy en el fondo, el problema no es la suegra en sí misma, sino quien se atreve a invadir el corral para llevarse el/la crío/a. Donde el sujeto pasa a ser “el desgraciado ese”, o “la chiruza que no sabe hacer un huevo y se lleva el nene”.
Cosas del folclore popular; en la mayoría de los casos se resuelve todo como en el viejo Imperio Romano, mediante una “pax”, un pacto de no agresión, que con el tiempo lleva a una buena convivencia…, incluso hasta el cariño.
Mito también, especialmente culinario, como el de las pastas que la suegra prepara los domingos para deleite gastronómico de todos, y que suele terminar con un reconocimiento público porque “nadie cocina como ella”.
Desde un lugar equidistante de la polémica, enviamos un saludo a todas ellas.-