El consumo de carne, sobre todo en el último año, se ha visto afectado por el incremento en los precios al público.
Hacer un asado completo para cuatro personas cuesta alrededor de 350 pesos.
En general, la suba de los precios de las carnes rojas ronda, teniendo en cuenta el último semestre, entre un 40 y un 60%. Para el consumidor, la clave está en encontrar ofertas, buenos cortes y calidad.
En las carnicerías de barrio, existe una realidad diferente a la que se vive en el centro, y hay valores diferentes.
También se ve que el consumidor busca carnes alternativas a la roja y por estos días lo más solicitado es el pollo y el cerdo.
En una recorrida por varias carnicerías de Viedma, los comerciantes aseguran que la venta experimentó una merma, en este último semestre, de alrededor de un 30%.
Si embargo, muchos comenzaron a tener alternativas en la góndola: a pesar de que la pulpa no sea de lo más elegido sí comenzaron a comercializar cortes como la marucha y la falda.
Con más de 20 años en el rubro, el dueño de una carnicería de la calle Guido aseguró que la venta experimentó una notable caída, y que ello se nota desde febrero de este año.
Esto, además, significó tener que reducir su compra al frigorífico, en un 30 %.
Sin embargo, apuntó que hay cortes no convencionales que son del gusto de la gente y que se ven mucho más, como la picada común, la marucha y la aguja.
Los días más fuertes de venta son los fines de semana, donde la gente busca carne para hacer asado.
Por otro lado, desde un plano más macro, el comerciante apuntó de qué manera afecta esta baja en las ventas. Entre otras cosas destacó que, si bien no es su caso, en otros comercios han tenido que despedir empleados ante la imposibilidad de costear un sueldo.
Siguiendo con el relevo de comercios, fuimos hasta una carnicería del barrio Belgrano, donde su dueño registró una baja en las ventas similar al anterior, que ronda entre un 40 y un 50%, y la caída se da desde agosto . ‘La gente no puede consumir carne todos los días‘ destacó en relación al alza en los precios.
La diferencia en venta, aseguró, se nota los fines de semana, cuando hay que hacer el asado. Alguna pulpa y la tira de asado es lo que se vende.
Nos acercamos también a una carnicería de la calle Rivadavia que con dos años en el rubro comentó sobre la situación: desde enero las ventas al público se desplomaron. Estamos entre un 40 y un 50% abajo.
Contaron, además, que la gente comenzó a pedir cortes más económicos como la falda y el puchero (39 pesos), que durante la semana son los que más salen.
Mientras que los fines de semana la venta tiene picos, sobre viernes y sábado, a la hora del asado, hay que invertir alrededor de 350 pesos para una familia tipo.
Pollo y cerdo, las opciones
Muchos aseguran que se trata de una cuestión cultural. Por estos tiempos, el consumo de pollo, y sobre todo de cerdo, ha marcado la agenda alimentaria de los argentinos. En relación al pollo, los comerciantes aseguraron que se intenta mantener los precios para evitar la baja de ventas.
Entre las alternativas, se arman ofertas de a dos kilos, por ejemplo de pechuga con hueso, que ronda los 56 pesos. También, y entre lo más solicitado, se encuentran las milanesas preparadas y los filets de pechuga.
Una de las particularidades vistas en una pollería céntrica se encuentra la picada de pollo que, al igual que el chorizo de la misma carne, comienzan a hacerse un lugar entre las alternativas que busca la gente a la hora de cocinar.
En relación a la carne porcina, la producción y el consumo aumentaron significativamente. Según estimaciones oficiales, ascendió un 23% durante 2013 respecto a 2012.
Se trata de una carne con un porcentaje menor de grasa, por lo que resulta menos perjudicial para la salud.
Desde la cooperativa Porcus, Sergio Otermin destacó que la carne de cerdo dentro del mercado va en aumento mes a mes y que ya superó al pollo.
Afirmó que en los últimos tiempos hubo una transformación cultural en la mesa de los argentinos. ‘El cambio en el consumo va relacionado al precio y por el gusto del consumidor‘ aseveró.
En relación a los costos, señaló que la carne que se baja a los grandes comercios tiene un precio estimado de 30 pesos, y luego en las carnicerías se expende con unos 30 pesos más del valor inicial.
Sin embargo, señaló que existe una gran contrapartida en la producción local de carne porcina y tiene que ver con la faena clandestina y la falta de controles, que perjudica a los pequeños productores.
La caída de las ventas, según los comerciantes, está directamente relacionada con el aumento de los precios. La gente elige cortes económicos y los fines de semana se da alguna libertad con el tradicional asado que no puede faltar en la mesa.
La venta de carne de pollo, debido al precio, sufrió un incremento espectacular en los últimos años. Las pollerías ofrecen ofertas especiales y, últimamente, incorporaron la picada de pollo y hasta chorizos.
El cerdo es otra alternativa a las carnes rojas. Además, hay una fuerte producción en el Valle Inferior que tiene la dificultad de que no puede faenar en la zona y se debe trasladar el animal hasta J.J. Gómez, en el Valle.
Por: Mariángeles Millamán