legó el momento. Todo listo para volar hacia Mulhouse, Francia.
Hemos atravesado varias murallas para llegar hasta aquí; nada fue fácil. En el camino, muchas manos nos ayudaron para lograrlo, nos sostuvieron, nos alentaron.
Lo que este desafío ha movilizado, me emociona.
Llegamos…porque nunca aflojamos. Porque lo quisimos desde el corazón, aunque las circunstancias y recursos no fueran siempre los ideales.
Llegamos porque no estuvimos solas.
Estos últimos días, he tenido un poco más de tiempo para pensar en ello: tuve que hacer reposo ya que me pesqué un dolor de garganta, fiebrecita y resfrío (para ir a la pileta me tomaba un colectivo, un subte y un tren, además de caminar al sol un tramo…los cambios bruscos de aire entre uno y otro, el aire acondicionado y vaya a saber qué más, me afectaron un poco). Pero hoy ya me siento mucho mejor: el cuerpo eliminó toxinas y ¡la alegría es el mejor remedio!
Me han preguntado qué espero del Mundial y es poder enriquecer mi vida con anécdotas felices. Aprender mucho, hacer nuevas amistades, y hacerle saber al mundo que en Argentina también tenemos muchos apneístas que viven este deporte con pasión y gran dedicación. Yo soy solo una de ellos, y mis pulmones serán más celestes y blancos que nunca.
En lo deportivo, mejorar mis marcas e intentar establecer nuevos records argentinos, es un objetivo. Es un Mundial…el primero para mi, el primero para Argentina. Hace tres años ni sabía que existía este deporte y ahora solo deseo que este sea un pasito más para seguir haciendo de la Apnea una forma de vida.
La valija va cargada de felicidad: cuando se comparte todo es más lindo.
¡Gracias a todos por acompañarnos!
Ludmila y Elo Brzözowski