(NOTI-RIO) No demanda mucho tiempo, recorrer unos 15 kilómetros para llegar al centro de la colonia frutícola de Juliá y Echarren, que hasta no hace mucho años había sido el principal motor para el desarrollo de Río Colorado, con la fruticultura, horticultura, con industrias, bodegas y aserraderos.
Cuesta mucho creer que unos pocos años atrás, se tornaba casi imposible transitar por las arterias de la colonia. Si el conductor no manejaba atento “un tractor con su fama o un camión te llevaban puesto” sintetiza un vecino que nunca se fue de la colonia. La actividad era febril, especialmente en temporada alta.
Se trata de un polo productivo en franca decadencia. Un sector que hace menos de 40 años supo cobijar con trabajo a miles de familias, que esperaban ansiosas la temporada para salvar el año. Incluso venían trabajadores de afuera, los “golondrinas” que con su llegada avizoraban una buena perspectiva. Buena cosecha, buenos precios. La tierra y el hombre en perfecta alianza, para mirar el futuro con optimismo.
La foto del presente marca otra realidad. La soledad es tan grande, que esas mismas calles parecen desiertas si se las compara con su historia. Hasta algunos adolescentes la suelen utilizar como pista de carrera para probar sus motos.
Silencio, tristeza, edificios abandonados, chacras enteras con sus entradas cerradas con candados. Apenas un puñado de negocios permanece con sus puertas abiertas, por una decisión que roza lo caprichoso, porque la rentabilidad ya es un concepto desactualizado para estos comerciantes. Mientras que los emprendimientos productivos están allí también, abandonados y derrumbados.
Como explicar las razones por la cual el sector pujante y floreciente se desplomara como un castillo de naipes. La resistencia la encabezan unos pocos, aguantando en sus trincheras, combatiendo una guerra, que si no existe un brusco cambió en el timón, está perdida. La amenaza que pesa sobre la Colonia Juliá y Echarren es cierta y concreta: que se transforme en un pueblo fantasma.
Los culpables de esta desazón son varios. Desde los avatares climáticos a la desidia y olvido de las autoridades. Desde las violentas pedreas y las heladas tardías hasta el abandono de las economías regionales. Desde la falta de competitividad en las balanzas comerciales hasta la falta de diversificación que conspiró contra otras alternativas de producción. Y podríamos seguir enumerando.
Y aún con ese escenario, la rutinaria pelea de unos pocos chacareros que defienden sus producciones de los intensos fríos, son quienes no permiten la llegada de los fantasmas. Si no se conociera el sector, pensaría que conduciendo el auto, nos equivocamos de ruta y se perdió entre las ruinas de un centro poblado hoy abandonado.
Los edificios de gran porte que alguna vez fueron bodegas, galpones de empaque o aserraderos están cerrados y sin luz, con escombros, cajones o tachos oxidados que cubren el piso indicando que, poco tiempo antes, en ese lugar funcionó algo que convocaba a mucha gente para trabajar.
Pero apenas baja el sol y con la llegada de las primeras sombras de la noche, rápidamente no quedan autos, bicicletas ni peatones. Los pocos que circulan por ahí avanzan rápido, para llegar a algunas de las despensas y en las calles maltrechas, en ese momento no hace falta tocar bocina ni estresarse.
El sueño de los primeros inmigrantes que llegó a la zona y puso su esfuerzo para soñar con polo de desarrollo, una ciudad ruidosa, caótica, con calles llenas de bullicio, hoy es solo silencio y tristeza.
Tan sólo un puñado de comparaciones desnuda la decadencia del principal sector productivo, que en su momento fue motor para el crecimiento y la expansión de la población céntrica de Rio Colorado y desde hace un buen tiempo, apenas sobrevive.
Y el futuro inmediato tampoco es optimista. La mayoría de los adolecentes que emigran para concretar sus estudios, no regresan. Y a diario se observa cómo el sostén de familia, tiene que buscar trabajo en otro punto de la provincia.
Uno de los cuadros verificables de este tobogán indetenible es el que señala que entre 1970/78, el departamento Pichi Mahuida contaba con 9.600 habitantes. La población rural, principalmente la frutícola, contenía el 45% de las personas, con la infraestructura y servicios acordes a las necesidades.
Hoy en 2015, uniendo a las colonias, Reig, El Gualicho y Julia y Echárren totalizan una población que apenas llega a las 1.500 personas y con un limitado servicio.
La época de bonanza de la producción hace menos de 40 años atrás, daban cuenta que funcionaban 20 galpones de empaques, 7 frigoríficos para albergar frutas, 13 bodegas de vinos, 10 aserraderos importantes, fabrica de dulce, y también de vinagre.
Hoy no quedó prácticamente nada de eso y solo subsiste con mucho esfuerzo la Cooperativa de Comercialización con su producción de jugos y la Cooperativa de productores que se mantiene en una interminable crisis.
LA COLONIA JULIA Y ECHARREN
Datos históricos aportados por la licenciada Alicia Pulita señala que, los orígenes y la evolución de la Colonia Juliá y Echárren, dio sus primeros pasos luego del decreto emitido por el Superior Gobierno de la Nación un 21 de julio de 1920.
Con él se autorizó la formación de una Sociedad Anónima Rio Colorado, que gestionaría la construcción de los canales para dotar de riego, no solo a la sección quinta y chacras, si no también a las tierras adquiridas en la colonia Juliá y Echarren con un total aproximado de 4 mil hectáreas.
Al perder la personaría jurídica dicha sociedad en 1925, se hace cargo de la administración de los canales una comisión de Productores Regantes.
Las obras se construyeron bajo la responsabilidad financiera de Don Lorenzo Juliá en primer término, quien para concretarla liquidó todas sus haciendas y campos emulando la decisión de terratenientes mendocinos.
Para tal empresa Juliá se asoció al ingeniero Juan Echárren, técnico que tenía un gran empuje.
La construcción de los canales desde la bocatoma del rio se inicio en 1921 y fue finalizada en solo tres años.
Los primeros cultivos fueron de alfalfa, para obtener pasturas y semillas que tenían como principal destino a la provincia de Buenos Aires.
Paulatinamente se fue incorporando las primeras plantaciones de viñas y posteriormente las plantaciones de manzana, peras, ciruelas, duraznos y el resto de los frutales.
Los comienzos fueron arduos y difíciles. Los chacreros que integraban la comisión se encargaban de cobrar el canon de la limpieza y embarque de canales, carecían de asistencias técnicas. Todo esto cambió cuando se incorpora el sistema de regadío a la dirección general de irrigación (luego Agua y Energía a fines de 1939)
Las plantaciones de frutales son netamente predominantes, ocupando en 1978 era del 99% de la superficie cultivada.
Los montes existentes de manzanos y perales ocupan el 39% y 7% de superficie respectivamente.
El 23% de la misma se encuentra destinado al cultivo de la vid; en este rubro, se da una constante disminución del Área explotada motivada por la cada vez menor retribución que recibe el – productor por parte de las bodegas, las que a su vez vienen experimentando merma en sus ventas.
En menor medida se cultivan duraznos y ciruelas (13%).
Los frutales, planta nueva ocupan el 12% y el resto de la superficie se destina a frutales varios y hortalizas.
Existe radicada una buena infraestructura industrial cuya materia prima tiene relación con la agricultura.
Las infractructuras de almacenaje eran de unos 700.000, cajones de frutas y en algunas temporadas resultaba insuficiente
La producción luego de su proceso previo en los galpones de empaque se destinaba a los principales centros de Buenos Aires, Bahía Blanca, Necochea, Mar Del Plata, Olavarría Comodoro Rivadavia, Rosario, Córdoba,
También parte de esa producción seleccionada viajaba con destino a Italia, Alemania, Finlandia, Suecia, Noruega, Holanda, Brasil, Paraguay Bolivia.
Una fábrica de vinagre con una capacidad de producción de 20.000 litros, elaboradas con jugo de manzana materia prima.







